Ayuso duplica su resultado de 2019 y advierte a Sánchez de que en Madrid arranca el cambio de España

La líder conservadora y el PP esperan que su victoria impulse a Casado frente al presidente

La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, celebra su victoria flanqueada por el líder del PP, Pablo Casado (derecha), y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. En vídeo, Ayuso asegura que "la forma de gobernar de la Moncloa tiene los días contados".

Tras arriesgarlo todo al decidir un adelanto electoral en mitad de la pandemia, Isabel Díaz Ayuso ha sumado este martes más escaños que toda la izquierda junta (65 frente a 58) por lo que podrá gobernar la Comunidad de Madrid hasta 2023 con la abstención de Vox. El resultado, que aleja la entrada de la extrema derecha en el Gobierno regional, consolida el liderazgo de la aspirante conservadora y supone mucho más que la primera victoria electoral de su carrera: el PP espera trasladar a la política nacional la absorción de Ciudadanos (ningún diputado) y la contención de Vox (solo un diputado más que en 2019) que ella ha logrado en Madrid, para así optar a desplazar a Pedro Sánchez de La Moncloa.

Tiemblan los andamios instalados por el PP en el centro de Madrid, en su sede de la calle Génova. Suena la música del dj Pulpo a todo trapo. Y se mueven como locos los focos de luces multicolores, ambiente de discoteca, mientras Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado celebran el triunfo de la candidata del PP como el inicio de un tiempo nuevo en la política española.

“Le hemos hecho una moción de censura democrática a Sánchez”, ha estallado Casado, el primero en intervenir desde el balcón en el que su partido celebra las victorias electorales.

“¡La libertad ha triunfado nuevamente en Madrid!”, le ha seguido Díaz Ayuso mientras el público coreaba su eslogan de campaña (“¡libertad!, ¡libertad!”). “La forma de gobernar con opulencia e hipocresía desde La Moncloa tiene los días contados”, ha añadido, visiblemente emocionada, y poniendo, como durante toda la campaña, la diana en Pedro Sánchez. “¡Ya está bien!”, ha exclamado. Y ha rematado: “Hoy empieza un nuevo capítulo en la historia de España porque desde el kilómetro cero vamos a recuperar la convivencia, la unidad y la libertad que necesita”.

Desde ahora, el momento dulce político que vive Díaz Ayuso se puede medir en datos. La candidata ha pasado de los 30 diputados de 2019 a los 65 de ahora, más del doble, y el tercer mejor resultado de toda la historia del partido en su bastión. Del 22% de los votos de hace dos años al 45% de ahora. Y de tener que depender de dos partidos para formar gobierno (Cs y Vox) a situarse claramente como referente de la derecha en una comunidad clave para España, porque aporta el 20% de su economía con alrededor del 14% de su población.

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“Solo eso dice mucho de ella”, ha dicho, sorprendido, uno de sus asesores electorales cuando el recuento aún solo comenzaba.

El cambio ha sido radical. En 2019, Cs estuvo a punto de superar al PP en su bastión electoral (26 diputados frente a 30) y Díaz Ayuso se convirtió en la primera candidata de la formación conservadora en perder unas autonómicas madrileñas desde 1987. Dos años después, el partido de Inés Arrimadas ha desaparecido de la política institucional madrileña, y su candidato de entonces, Ignacio Aguado, ha tenido que abandonar la primera línea, abrasado por el desgaste de dos años de Gobierno de coalición con Díaz Ayuso.

“El votante de centroderecha ha apostado masivamente por el PP”, ha resumido una fuente de la dirección del PP, interpretando la victoria regional de su candidata en clave nacional. “Donde había tres partidos, ahora hay dos. Y solo uno de ellos sube con claridad, el PP. Eso es la unificación del centroderecha”.

La victoria garantiza que el partido de Casado retenga el poder en una región que gobierna desde hace más de un cuarto de siglo: desde 1995, Alberto Ruiz-Gallardón, Esperanza Aguirre, Ignacio González, Cristina Cifuentes, Ángel Garrido, Pedro Rollán y Díaz Ayuso se han sucedido al frente del Ejecutivo regional. Pero no solo eso.

La noche del 4-M proporciona un respiro para el PP tras los pésimos resultados de las elecciones catalanas de febrero (tres diputados). No es un dato menor. Los estrategas de la dirección nacional esperan que la exposición de la campaña y la vinculación con Díaz Ayuso sirvan para relanzar a Casado tras dos derrotas en las elecciones generales. “Vivimos un punto de inflexión en la política nacional. Uniendo a todo el centro derecha se puede ganar a Sánchez. ¡Hay partido!”, ha exclamado Casado.

¿Cuánto podrá beneficiarse Casado del triunfo de Díaz Ayuso, esa desconocida a la que eligió como candidata en 2019 y que día a día se agiganta en sus expectativas y aspiraciones?

Según el PP, mucho. Según la candidata, solo un poco. “Este proyecto trasciende a las siglas del Partido Popular”, advirtió en varias ocasiones durante la campaña, argumentando que la formación conservadora haría mal en considerar como propio el caudal de votantes que luego la ha apoyado. ¿La razón? Que opina que muchos electores no han votado en clave ideológica, sino de castigo al PSOE por la gestión de la pandemia, y de premio a ella misma por mantener abierta la hostelería y garantizar así su supervivencia pese a las malas cifras del coronavirus en Madrid.

La continuidad de Díaz Ayuso en la Real Casa de Correos dota de estabilidad a la presidencia, que vio pasar a cinco presidentes en los cinco años transcurridos entre 2015 y 2019. Pero sobre todo consolida una forma de hacer, marcada por la polémica, y una nueva corriente interna en el PP: tras el triunfo electoral del 4-M, Díaz Ayuso puede optar este mismo año a presidir el partido en Madrid, dotándose de una potentísima estructura política y económica. Es todo un aviso para Casado: el aguirrismo, que tantos problemas le dio a Mariano Rajoy, puede mutar en ayusismo.

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Sobre la firma

Juan José Mateo

Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

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