El cinturón rojo de Ayuso: del ansia de libertad al miedo a Pablo Iglesias

Vecinos de Fuenlabrada y Parla explican el vuelco electoral que ha llevado al PP a dominar municipios del sur que eran feudos tradicionales de la izquierda

Juan Flores, de 68 años (izquierda), brinda con su cuñado, Jesús García, de 66, en el bar JF 83 de Fuenlabrada.
Juan Flores, de 68 años (izquierda), brinda con su cuñado, Jesús García, de 66, en el bar JF 83 de Fuenlabrada.Luis De Vega Hernández
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La libertad ha sido clave. O el miedo a perderla. Y el odio a Pablo Iglesias. O el miedo a un pacto con él. El conocido cinturón rojo habló en las urnas y las razones más repetidas entre sus vecinos son esas cuatro. Una tormenta perfecta para Isabel Díaz Ayuso.

Óscar Zafra, un chaval de 18 años que votó el martes por primera vez en su vida, se considera una persona “de izquierdas pero no de extremos”. Ideología, de izquierdas. Pasado familiar, de centro-izquierda. Sentir general, de izquierdas. En otro contexto hubiera votado a la izquierda porque además vive en Fuenlabrada, un municipio del sur madrileño que formaba parte de ese conocido cinturón rojo en el que se aglutina también a Leganés, Parla, Getafe o Alcorcón, hoy más azul que nunca. Pero Zafra eligió la papeleta de Ayuso y no se arrepiente. Pasea por la zona del hospital de Fuenlabrada con su amigo Daniel Cáceres, que por unos meses se quedó sin ir a las urnas, y ambos lo tienen claro: ha sido gracias a la libertad. “Poder salir, ir a los bares, reunirte con los amigos… no sé, tampoco es que entienda mucho, todavía soy un crío, pero Ayuso es la que más me ha convencido”. Para tomar su decisión se sentó delante de la televisión y vio el debate de los seis candidatos el 21 de abril. “Es lo que había que votar”.

Un 74,99% de las personas censadas de Fuenlabrada participó en las elecciones autonómicas y de ellas un 35,95% eligió lo mismo que Zafra. El PP provocó un auténtico terremoto y pasó de los 10.810 apoyos en los comicios de 2019 a 37.691 en estos últimos. Dos años después, el vuelco ha sido total en un municipio de casi 200.000 habitantes. Los populares han escalado de la cuarta a la primera posición y han desterrado al PSOE de un puesto privilegiado que solo había perdido en 2011.

Oscar Zafra, 18 años (izquierda), junto a su amigo Daniel Cáceres, 17, en la avenida del Hospital de Fuenlabrada
Oscar Zafra, 18 años (izquierda), junto a su amigo Daniel Cáceres, 17, en la avenida del Hospital de FuenlabradaLuis de Vega

El politólogo fuenlabreño Alejandro Solís analiza los datos de su municipio con la ventaja de conocer a sus vecinos. “Hay fatiga pandémica. La gente necesita ilusionarse. Y ha sido importante la campaña en positivo del PP. Ha jugado con la libertad, con la idea de volver a lo anterior, no ha sido una campaña puramente material, sino que iba dirigida a la idea de recuperar nuestras vidas. Competir contra eso es complicado”, explica. Sentado en una cafetería al lado de su casa apunta que el cinturón rojo se ha convertido en “un mito” y hace tiempo que los bloques de la izquierda y la derecha están muy igualados. Uno de los motivos, argumenta, se encuentra en el desarrollismo de la ciudad, que “ha crecido mucho en poco tiempo”. Fuenlabrada por tanto vive partida en tres partes: el centro, bastión tradicional socialista; los barrios que lo circundan, donde Más Madrid ha ganado terreno, y las nuevas urbanizaciones con jardín y piscina. Ahí la derecha siempre ha tenido más peso. Ahora ha arrasado.

Entre la gente de Fuenlabrada de toda la vida se encuentra Jesús García, albañil jubilado de 66 años. Este votante de siempre del PSOE —”soy de ideas fijas y me va bien”— ha cotizado 44 años y ahora le queda una pensión de 1.350 euros al mes. Eso le permite bajar al bar y echar la mañana de tertulia con otros vecinos y con Marcelino Sánchez Mejías, de 82 años, que abrió la cafetería JF 83 ese año del siglo pasado en la calle de Castilla la Vieja.

Edificio en la calle Castilla la Vieja de Fuenlabrada donde el PP ha pasado de ser la cuarta fuerza a ser la primera
Edificio en la calle Castilla la Vieja de Fuenlabrada donde el PP ha pasado de ser la cuarta fuerza a ser la primeraLuis de Vega

El bar se sitúa en los bajos de un bloque de ladrillos al que los años han ido añadiendo aparatos de aire acondicionado y cierres de terrazas. A unas decenas de metros se han construido algunas urbanizaciones de viviendas unifamiliares adosadas con jardines y piscina. “Al que no voy a votar nunca es a Abascal y al ‘coletas”, señala García en referencia al líder de Vox y al dimitido candidato de Unidas Podemos. Para enjugar las penas toma varios botellines de cerveza junto a Juan Flores, un militar jubilado de 68 años que prefiere el tinto. Son cuñados bien avenidos. Como hermanos.

Los dos lamentan las promesas incumplidas de los políticos, las críticas entre partidos y que se acaben olvidando del pueblo. Comparten, de manera especial, su aversión por Iglesias y creen que ha sido clave en la debacle socialista. Flores, que prefiere no decir por quién ha votado, cree que “Gabilondo es inteligente y culto, pero muy parado”. “La chica ha empujado y ahí la tienes”, señala refiriéndose al sorpasso de la candidata de Más Madrid, Mónica García. Eso sí, ninguno de los dos esperaba el amplio margen de la victoria de Ayuso. En las calles en las que viven, los populares han doblado en votos a los socialistas.

Voto inútil

Junto a esos bloques aparca su coche Roberto López, prejubilado de Vodafone de 56 años, que se escuda en las “mentiras” y “promesas incumplidas” de la clase política y, de nuevo, en el “miedo” a Iglesias para justificar su voto a favor de Ayuso. Su primera opción, Ciudadanos, la consideraba un “voto inútil” y de Gabilondo no se fiaba “porque iba a pactar con el otro”. Y tan contento con el resultado.

A esos dos miedos, el de perder la libertad y al de un Gobierno con el exlíder de Unidas Podemos, se añade una nueva esperanza, según desgrana el politólogo Solís. Se trata de una figura emergente en las filas del PP de Fuenlabrada: Noelia Núñez, concejal y presidenta popular en el municipio, una mujer de casi 28 años con algo más de 13.000 seguidores en Twitter a la que define como “defensora a ultranza del liberalismo, de las que defiende que el Estado no debe meterse nada en la vida de los ciudadanos”. Fresca, pegada a la calle y a los problemas más cercanos de la gente, Núñez ha elegido una imagen en la red social con Margaret Thatcher de fondo. “Las redes te permiten llegar a muchísima gente”, admite, aunque recuerda que el trabajo de calle es esencial. Por eso ha visitado los bares de sus vecinos, y lo ha subido a Twitter. Ha ido a comercios, y lo mismo. El lenguaje y la imagen de las nuevas tecnologías, al servicio de una causa: conectar con el sentir de los votantes.

“La virtud de Ayuso ha sido ver que la gente quiere trabajar. La izquierda no ha sabido entender eso”, analiza la política, que iba en las listas populares en el número 48 y que, por tanto, entrará en la Asamblea. “Pero no me voy de Fuenlabrada, que es mi prioridad. Yo quiero ganar la alcaldía en 2023”.

Carteles del PSOE en Parla Este, donde el PP ha pasado de ser la cuarta fuerza a ser la primera tras los comicios del 4 de mayo.
Carteles del PSOE en Parla Este, donde el PP ha pasado de ser la cuarta fuerza a ser la primera tras los comicios del 4 de mayo.Luis de Vega

Esa sensación de triunfo en el bando popular contrasta con la sorpresa de algunos vecinos, que todavía tienen que digerir lo que ha pasado. A escasos 10 kilómetros, en Parla, los argumentos se repiten. “Yo no entiendo nada”, dice David Jiménez, de 45 y trabajador de Mercadona. “Tenemos problemas con institutos que no construyen y que llevan años prometiendo, con los centros de salud, con todo. Esas son las cosas que importan”, se enfada.

La ciudad parleña cuenta con una población de unos 130.000 habitantes y ha experimentado a lo largo de las últimas décadas un crecimiento ligado al auge inmobiliario, lo que ha desdibujado la diferencia entre los bloques. Daniel Vicente Guisado, politólogo y vecino de Parla, asegura que “a nivel de calle la gente sigue siendo muy de izquierdas”, pero la polarización “moviliza a los dos bandos”. Entiende que a los socialistas se les “ha achicado su espacio” porque no les ha salido bien la estrategia de atraer votantes de Cs y Más Madrid y calcula que entre un 5% y un 10% de los socialistas han apoyado a Ayuso.

No es el caso de Almudena Rodríguez, fisioterapeuta de 40 años, y su marido, Daniel Guzmán, guardia civil de 34, que dejan entrever que su opción ha sido la derecha y que no han cambiado de bloque. Aseguran, eso sí, que en su entorno conocen personas que sí lo han hecho. Alguno, incluso, ha llegado a dar el salto de Podemos al PP o a Vox. “Es por el tema de la casta y las puertas giratorias. Tanto lo critican y luego han hecho lo mismo. La gente está harta”, asegura ella, que agradece que Ayuso le haya permitido poder seguir con su negocio.

Rafael Navarro delante de su bar en La Laguna (Parla), donde el PP ha pasado de ser la cuarta fuerza a ser la primera
Rafael Navarro delante de su bar en La Laguna (Parla), donde el PP ha pasado de ser la cuarta fuerza a ser la primeraLuis de Vega

La defensa por la apertura de los negocios se repite de un sitio a otro. No es solo por el bar. Es también por el que surte al bar. “Estará muy loca, pero nos ha defendido”, explica Rafael Navarro, de 49 años. Se alegra de haber podido tener abierto su establecimiento en Parla, el Bar de Rafa, donde cuenta que hace unos días comieron compartiendo terraza miembros del PSOE y de Vox. El establecimiento está ubicado en la zona de La Laguna, donde el PP ha ganado con claridad siendo hasta ahora la cuarta fuerza. Navarro, antiguo votante de Ciudadanos “y de otras opciones políticas” se aferra ahora a la gestión del PP. Y lo hace no solo por su local, sino también por “los pescaderos, fruteros, carniceros o el repartidor de la Coca-Cola…”. Dice que conoce a representantes de todas las fuerzas políticas de Parla y que se lleva bien con todos, pero solo carga contra “el señor de la coleta, que en siete años se ha garantizado ya un sueldo de por vida, algo que yo como autónomo no podré tener nunca”. Eso no era la libertad.

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