Música de alivio y agradecimiento

El Cuarteto Quiroga eleva la temperatura emocional del Festival Bal y Gay en un soberbio concierto con obras de Boccherini y Beethoven

Concierto celebrado en Foz por el Cuarteto Quiroga el pasado jueves.
Concierto celebrado en Foz por el Cuarteto Quiroga el pasado jueves.alberto peiteavel

El Cuarteto Quiroga ha celebrado su concierto en la Basílica de San Martiño de Foz, uno de los más esperados del Festival Bal y Gay. Es de destacar que, ante la gran demanda de entradas,estaba previsto que sus componentes –Aitor Hevia y Cibrán Sierra, violines; Josep Pichades, viola, y Helena Poggio, violonchelo- hicieran doblete con dos pases del programa. Este estaba compuesto por el Cuarteto para cuerdas en mi bemol mayor, op. 24 nº 3 - G 191 de Luigi Boccherini y el Cuarteto nº 15 en la menor, op. 132 de Ludwig van Beethoven.

El concierto fue presentado por Cibrán Sierra, violinista del cuarteto y autor del libro El cuarteto de cuerda. Laboratorio para una sociedad ilustrada, un texto de referencia tanto para profesionales como para aficionados. Sierra destacó cómo el concierto suponía un doble homenaje: a Manuel Quiroga Losada, violinista que da nombre a su grupo, y a Jesús Bal y Gay ambos “insuficientemente recordados” pese a la importante labor que desarrollaron en vida.

Destacó asimismo la emoción que supone, “después de cinco meses sin pisar los escenarios” tocar en Foz el Cuarteto nº 15 de Beethoven, una obra escrita por el de Bonn como “agradecimiento a la deidad” al recuperarse de una grave enfermedad. Acabó dedicando el concierto “a quienes ya no están aquí y a quienes desde la Sanidad pública luchan porque sigamos todos aquí”.

El cuarteto de Boccherini aporta en su estilo galante y castizo una dosis de esa ligereza y optimismo que tanto necesitamos en estos tiempos turbios. Su interpretación por los Quiroga, tal como se pudo ver y escuchar en el canal de YouTube del festival, se adecuó perfectamente al estilo boccheriniano destacando la ligereza del Allegro moderato inicial, la gracia etérea con que sonó el Adagio non tanto, la galanura con que interpretaron el Minueto, con ciertos ecos rítmicos de un fandango, y el sosiego del Trio, finalizado con esa sensación de perfección que dan las cosas sencillas bien hechas.

La obra de Beethoven tiene en sus cinco movimientos una simetría como de arco románico que, como apuntaba Sierra en su presentación, cuadra a la perfección con la basílica de San Martiño, de Foz, antigua sede de la diócesis de Mondoñedo. El Assai sostenuto, introducción del primer movimiento, comienza con una sucesión de notas que dan el resultado de una armonía que en su momento tuvo que resultar absolutamente rompedora y que fue hermosísimamente destacada por el conjunto.

Se creó así, junto al canto de cada instrumento, el ambiente idóneo para un Allegro en el que la alternancia de tempi fue destacando el carácter del movimiento y en el que las consabidas oleadas de fuerza beethovenianas adquirieron proporciones telúricas. El Allegro ma non tanto, en la mayor, fue un ejemplo de diálogo y colaboración entre los componentes del conjunto. El Trio tuvo el ambiente un tanto bucólico que le corresponde, destacando unos preciosos arpegios de la viola y la fuerza del pedal del chelo.

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En el movimiento central, Canzona di rigraziamento, sonó como la ensoñación de un coral solemne y sereno que proporciona una grande y extraña paz a quien lo escucha. El diálogo de ambos violines y la fuerza del grupo dieron paso a la vuelta del coral soñado y un cierto apasionamiento antes del calmo final en un movimiento que fue como la clave de arco de la obra.

El cuarto movimiento, Alla marcia, fue tocado con esa alegría tan característica de Beethoven tras sus momentos más amargos. En el quinto destacó la pasión liberada desde el canto del violín sobre los trémolos del grupo, la fuerza interior de la increíble escala ascendente-descendente del violín y la fuerza final del conjunto. Una soberbia interpretación que desencadenó una gran ovación del público de San Martiño

Y es que el Cuarteto Quiroga, en la práctica de lo que se considera la forma de diálogo más avanzada en la cultura occidental, puede pasar a sonar casi como un único instrumento polifónico por su soberbio empaste de sonido o recordar a una gran orquesta por su riqueza de matices y texturas sonoras. Y siempre, con una musicalidad que admira -pero ya no sorprende- dentro y fuera de nuestras fronteras; como en este concierto, otro realmente memorable, del VII Festival Bal y Gay.

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