Mueren cinco monjas y siete están aisladas en una congregación de 20 religiosas de un pueblo de Madrid

“Necesitamos que nos los hagan los tests de coronavirus cuanto antes porque tenemos a siete más con síntomas”, dice la madre superiora

La residencia de las monjas Esclavas de la Santísima Eucaristía, en Alpedrete.
La residencia de las monjas Esclavas de la Santísima Eucaristía, en Alpedrete.Manuel Viejo González

Sor Luz se puso enferma la tarde del viernes 20 de marzo. Dijo que tenía tos, un poco de fiebre y que no se encontraba muy bien. Avisó al resto de las 19 hermanas que convivían con ella en esta residencia de monjas jubiladas de las Esclavas de la Santísima Eucaristía de Alpedrete, un pueblo famoso por sus canteras a 42 kilómetros de la Puerta del Sol. Días después, sor Purificación presentaba los mismos síntomas que sor Luz. A los pocos días, las dos fallecieron por coronavirus. Tenían 89 y 94 años.

Aquella noche las hermanas llamaron a sor Irene, de 50. Sor Irene es la madre superiora general que vive en la congregación que estas hermanas tienen en la capital. “En Alpedrete viven las monjas jubiladas y en Madrid estamos otras ocho religiosas”, cuenta. “El problema que tenemos en Alpedrete es que ahora no sabemos quién está contagiada y quién no, por eso necesitamos que nos hagan los tests de coronavirus cuanto antes”. La semana pasada fallecieron sor Marina, de 82 años y sor Marta, de 91. Este martes falleció la última, sor María Luisa, de 89.

Ahora esta congregación cuenta con 15 hermanas, pero siete están aisladas por presentar los mismos síntomas que el resto de las fallecidas. “Hace una semana lo superaron dos y, tras estar en cuarentena unos días, nos ayudan al resto a tratar de salvar a las demás”, cuenta la madre superiora.

Sor Irene dice que la Consejería de Sanidad se puso en contacto con ella un par de veces por teléfono. “Querían saber si había acudido la Unidad Militar de Emergencia (UME), pero ya les he dicho que no. Seguimos esperando [hasta este miércoles]”. Por eso, cuenta, todos los días se levantan por la mañana, cogen el cubo de la fregona y mezclan agua con lejía para tratar de desinfectar la residencia. Ellas se encargan de cuidar a las monjas mientras, Dani, el cocinero que vive en el pueblo, les hace el desayuno, la comida y la cena. “Hoy nos ha hecho brócoli y carne para comer”.

Las mascarillas tardaron en llegar. De hecho, llegaron por correo. “Nos las trajeron desde Almería junto a unas batas blancas”. Se las enviaron desde otra congregación de religiosas, a casi 600 kilómetros de distancia. El terror que se vive en las residencias de Madrid desde que estalló la crisis del coronavirus ya tiene una cifra oficial: 4.260 de las 4.750 personas fallecidas en el último mes en los 710 centros de la comunidad (públicos, privados y concertados, para personas mayores, con discapacidad y enfermedad mental) lo habrían hecho con coronavirus o síntomas del virus, según datos del Gobierno regional.

Sor Irene confía en que las siete hermanas, de entre 80 y 90 años, saldrán adelante. “Ellas rezan en sus habitaciones y las que no tenemos síntomas rezamos juntas a las 8.00 y a las 19.00. Le pedimos a Dios que se pongan bien cuanto antes”.

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Sobre la firma

Manuel Viejo

Es de la hermosa ciudad de Plasencia (Cáceres). Cubre la información política de Madrid para la sección de Local del periódico. En EL PAÍS firma reportajes y crónicas desde 2014.

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