La bajada de ratios en las aulas de Madrid provoca que el 90% de alumnos de 1º y 2º de la ESO apruebe todo

El éxito casi total de los primeros cursos de la Educación Secundaria Obligatoria tras el segundo trimestre contrasta con los resultados de 3º y 4º, perjudicados por la semipresencialidad

Dvd 1018 07.09.20 I.E:S Carmen Martín Gaite en Moralzarzal. foto: Santi Burgos
Dvd 1018 07.09.20 I.E:S Carmen Martín Gaite en Moralzarzal. foto: Santi Burgos

Los alumnos de primero y segundo de la ESO han terminado el segundo trimestre del curso covid con un 90% de éxito, un dato que contrasta con el de hace dos años, que se situaba en un 75%. “Se ha notado de manera muy positiva la bajada de ratios en las aulas [menos alumnos por profesor]”, explica Esteban Álvarez, presidente de la asociación de directores de instituto (Adimad), que ha recabado los datos. La buena noticia, sin embargo, tiene los días contados, ya que la Comunidad ha anunciado que el próximo curso las ratios volverán a las de hace dos años, en contra de lo que prometió Isabel Díaz Ayuso.

La segunda evaluación del curso ha puesto también sobre el papel datos preocupantes. Los alumnos de tercero y cuarto de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), que sufren las consecuencias de la semipresencialidad, siguen su debacle particular: si en el primer trimestre suspendieron un 20% más que en años prepandémicos, en el segundo han caído algunos menos (un 15% más que antes), pero los que suspenden, suspenden mayor número de asignaturas. “Están abandonando a los más vulnerables”, lamenta el director.

Este curso tan particular se está caracterizando por la toma de decisiones ligadas a la pandemia.

Primero, la Consejería de Educación decidió a principio de curso bajar el número de alumnos permitidos por aula para cumplir con las medidas sanitarias. De hecho, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, anunció que quería que esa decisión fuera “permanente”. Eso implicó el desdoble de clases y la contratación de profesorado (10.610, de los que 1.117 eran docentes de apoyo para los alumnos con dificultades debido al confinamiento del curso anterior).

Segundo, optó por la semipresencialidad desde tercero de la ESO en adelante, una decisión que han intentado revertir asociaciones de padres, de directores y de docentes, al considerar que la presencialidad total es necesaria en edades tan complicadas como los 14 y los 15 años.

Las consecuencias, buenas y malas, llegaron tras los exámenes. Y las primeras conclusiones.

La bajada de ratios ha permitido que los profesores se centren más y mejor en los alumnos de primero y segundo de la ESO, es decir, los que desembarcan en el instituto por primera vez, a partir de los 12 años. El 90% de ellos ha aprobado todas las asignaturas. Una lectura más que positiva si se tiene en cuenta que antes lo hacía el 75% del alumnado.

Esos datos, sin embargo, apuntan directamente hacia la decisión de la Comunidad de Madrid de revertir las ratios a las de hace dos años. Los directores se llevaron la sorpresa a principios de marzo cuando consultaron el programa Raíces, el sistema de gestión educativa de la región al que se conectan todos los centros educativos. Lo hicieron para comprobar con qué plazas contaban para el próximo curso, ya que se aproximaba el plazo de matriculación, entre el 8 y el 23 de abril. Y llegó el desconcierto: los centros de primaria volverán a contar con 25 alumnos por clase (en lugar de 20, como este curso); los de secundaria, 30 (en lugar de 23), y los de bachillerato, 35 (en lugar de 23). Y todo, pese a las declaraciones de la propia Ayuso a principio de curso y el pasado 29 de octubre en un acto de homenaje al colectivo educativo cuando anunció que “en los próximos cursos queremos seguir bajando las ratios progresivamente”. Esas declaraciones de la presidenta siguen colgadas hoy por hoy en la página web de la Comunidad de Madrid y la explicación que ha dado un portavoz de Educación sobre el volantazo de ahora es que “hay que partir de una estimación del número de aulas”.

Semipresencialidad

La cara B de las notas del segundo trimestre la protagonizan los alumnos de tercero y cuarto, ya que se ha detectado algo que preocupa a los profesores y, sobre todo, a las familias: los que iban mal, van peor que nunca, es decir, en lugar de suspender dos o tres asignaturas, se han descolgado de cinco, seis o siete. “Está siendo un drama porque el sistema implantado está dejando atrás a estos alumnos que en otro momento serían recuperables”, lamenta Álvarez. A eso, Carmen Morillas, presidenta de la Federación de Ampas Francisco Giner de los Ríos, añade que “la falta de previsión y de planificación de Madrid, que no se ha dignado a hablar con los representantes de la comunidad educativa, está llevando a nuestros hijos al abismo. A nosotros, como asociación de padres, no nos han preguntado. Se han tomado decisiones de forma unilateral sin contar con los padres, que algo tendremos que decir”.

El sistema implantado del que habla el director apunta a dos claves: que la Administración regional solo contratara a los profesores de apoyo hasta diciembre y que alumnos de edades especialmente difíciles —”los alumnos de tercero se llevan un revolcón todos los años”— hayan acudido a la mitad de las clases presenciales. “Nos llaman los padres desesperados pidiendo ayuda, porque los críos acaban desmotivados”, explica Álvarez.

La desesperación la ejemplifica perfectamente la familia de Miriam F. Moncayo, madre de tres hijas, de 16, 15 y 13 años, que van al mismo instituto, en Fuenlabrada. La mayor, que quiere estudiar Empresariales, ha suspendido cuatro asignaturas ahora y dos el anterior trimestre y está “desesperada”. “Más de un día se ha puesto a llorar porque no es que no quiera, es que no entiende cosas. Para nosotros es desesperante porque no la podemos ayudar”, lamenta la madre, que ve que su segunda hija, de 15, va por el mismo camino. “Le han quedado cinco ahora y cinco el trimestre pasado. Yo la veo desmotivada”. La alegría, sin embargo, se la ha dado la más pequeña, que a pesar de que empezó el curso “regular”, porque el cambio del colegio al instituto es duro, solo ha suspendido una ahora, y con un 4. “Ojalá se mantenga así. Solo necesita que le pongan atención”.

La herida abierta por los 1.117 profesores de apoyo

Los resultados de la segunda evaluación han vuelto a abrir la herida de los 1.117 docentes de refuerzo contratados solo hasta diciembre. Madrid es la única comunidad que mandó a casa nada más empezar a estos profesores, cuya misión consistía en ayudar a alcanzar los objetivos pedagógicos a los alumnos que se habían quedado atrasados durante el confinamiento del curso anterior. Ahora, según el presidente de Adimad, serían esenciales para los alumnos de tercero y cuarto que se están descolgando.

 

“En su momento ya dijimos que eran pocos, pero que al menos esos pocos se deberían mantener todo el año”, se queja el director, que añade que le da “envidia sana” cómo están en otras comunidades. En Andalucía, por ejemplo, los centros de 900 alumnos tienen seis profesores de refuerzo. En Madrid, sin embargo, solo tenían dos. “Cuando pregunto a directores de otras comunidades cómo están llevando el curso, me cuentan que lo están solventando más o menos bien de esta forma”, explica.

 

La Comunidad de Madrid, sin embargo, se mostró inflexible pese a la petición de centros, padres y sindicatos. E incluso cuando la propia Asamblea de Madrid aprobó a principio de diciembre una PNL —con la abstención de PP, Cs y Vox— que instaba al Gobierno a mantener a todo el personal durante todo el año.

 

Ahora, aunque todavía no hay decisiones en firme, algunas comunidades ya han dado una pista de cómo van a encarar el próximo curso. Andalucía, por ejemplo, pretende mantener menos alumnos por aula y la Comunidad Valenciana quiere seguir contando con los 4.600 profesores contratados este año. Lo mismo ha desvelado Extremadura, que mantendría a los 900 docentes de apoyo si la pandemia continúa.

Sobre la firma

Berta Ferrero

Especializada en temas sociales en la sección de Madrid, hace especial hincapié en Educación o Medio Ambiente. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Cardenal Herrera CEU (Valencia) y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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