KILÓMETRO CERO
Columna
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Pulpo y seguido

¿Puede algo bonito ser verdad o queda mucho para que termine la pesadilla?

La Generalitat Valenciana sancionará con una multa de hasta 600 euros al jugador del Real Madrid Marcelo por saltarse las restricciones y viajar a Valencia, donde se fotografió con su familia en la Malvarrosa.
La Generalitat Valenciana sancionará con una multa de hasta 600 euros al jugador del Real Madrid Marcelo por saltarse las restricciones y viajar a Valencia, donde se fotografió con su familia en la Malvarrosa.Twitter @marcelom12

Queridos vecinos:

Esta Semana Santa, como saben, no podemos ir a ver el mar. Ni ese mar templado y piscinero que suele gustarles a ustedes, ni el océano helado y temperamental que preferimos las que nacimos en la Costa da Morte. Morriñenta perdida, me puse en bucle las olas que me traigo en el móvil cada vez que viajo hasta A Coruña para momentos de debilidad -comparto si gustan-, pero no fue suficiente, así que recordé la recomendación de un amigo que ve más documentales y series que Pablo Iglesias. Se llama Lo que el pulpo me enseñó y si no les emociona es que están muertos por dentro.

Como nos hemos convertido –a fuerza de palos, cierto- en unos escépticos, empiezo diciendo que está nominado al Óscar. Cuenta la historia de amor entre un hombre y una pulpo – en el documental, “ella”- y cómo esto es posible gracias a que el cefalópodo posee varias cualidades de los seres inteligentes, a saber, curiosidad y memoria.

Él, Craig Foster, un cineasta con crisis vocacional – que tire la primera piedra quien no haya pasado por ahí-, lo deja todo para volver a sus orígenes, un espectacular paisaje sudafricano donde vivía de niño. Cada día, durante casi un año, sale a bucear. Sin neopreno, sin bombona. En un bosque de algas descubre a un pulpo. Al principio huye y se esconde. Pero él no se rinde y con el tiempo, ella aprende a confiar.

“Cuanto más me acerco, más me doy cuenta de los mucho que nos parecemos”, dice Craig, que se escapa a verla todos los días y también alguna noche. El instinto despierta esos ojos alienígenas para salir a cazar -como yo, que me levanté la otra madrugada para borrar una horripilante coma entre sujeto y predicado- , pero el resto del tiempo utiliza sus patas, donde esconde otros ocho cerebros y el equivalente a 2.000 dedos - ¿se imaginan?- para oler, jugar, conocer. En un momento dado, pónganle la octava o novena cita, ella le acaricia –los pulpos tienen nada más y nada menos que tres corazones- y suena un piano precioso.

Todo esto lo averigüé porque en cuanto terminó el documental me puse a leer compulsivamente estudios sobre pulpos. Estamos entrenados para desconfiar y quería saber si me habían engañado; si “ella” era siempre la misma; si la inteligencia puede ser invertebrada, si un padre de familia puede, efectivamente, enamorarse de un cefalópodo. En realidad, la pregunta era: ¿Puede algo bonito ser verdad? Y me la hago casi todos los días: al ver esas imágenes de tal como éramos, en Gibraltar, sin mascarilla - ¿espejismo?- o esas otras del concierto de Love of Lesbian en Barcelona con 5.000 almas juntas a la vez – “¿Experimento o temeridad?-. Yo quiero creer, pero luego veo las estampas marineras de algunos -Mal, Marcelo, mal- y pienso: pulpo y seguido, aún falta para salir de esta pesadilla y poder ir a ver al mar que rodea a mi padre.


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Sobre la firma

Natalia Junquera

Reportera de la sección de España desde 2006. Los jueves publica una columna en Madrid, Kilómetro cero. Durante la semana comenta las redes sociales en Anatomía de Twitter y realiza entrevistas para la serie Conversaciones a la contra. Especialista en memoria histórica, ha escrito dos libros, Valientes y Vidas Robadas (Aguilar).

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