Condenado a 25 años de prisión el descuartizador del arcón por el asesinato de Daría

El magistrado recoge en la sentencia la “extrema violencia” del crimen y resalta que la víctima no tuvo ninguna posibilidad de defenderse de las dos cuchilladas por la espalda que acabaron con su vida

El acusado en el primer día del juicio, cuando declaró que actuó en defensa propia.
El acusado en el primer día del juicio, cuando declaró que actuó en defensa propia.Europa Press

El conocido como “descuartizador del arcón”, Manuel M. A., ha sido condenado a 25 años y cinco meses de prisión por el asesinato en 2017 de la que era su novia, Daría, con una sentencia en la que el magistrado destaca la “extrema violencia” del crimen. El condenado, de 42 años, asestó dos puñaladas a la joven, de 22, en la casa que ambos compartían con otras personas en Alcalá de Henares. Después, descuartizó el cadáver y lo conservó en un arcón congelador dentro del propio domicilio durante más de un año. En ese tiempo, tanto él como el resto de inquilinos continuaron viviendo en esa casa.

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El juez reconoce la agravante de género, el delito de profanación del cadáver y el de estafa, porque después del asesinato Manuel pagó un paquete de tabaco con la tarjeta de Daría. El condenado intentó demostrar al jurado que había actuado en defensa propia, para protegerse de los supuestos ataques de la chica, y que esa noche estaba afectado por el consumo de alcohol y drogas. El jurado no dio verosimilitud a ninguna de estas dos circunstancias y le declaró culpable por unanimidad.

Sobre las cuatro de la mañana del 6 de octubre de 2017, la entonces pareja empezó a discutir. Manuel la atacó con un fuerte mordisco en el brazo, después la golpeó en la cabeza y le fracturó la mandíbula y finalmente le dio las dos puñaladas por la espalda con un chuchillo de 30 centímetros de largo que le perforaron el pulmón y el corazón. Las heridas que presentaba el cuerpo llevaron a los peritos a desmontar la versión de la legítima defensa porque era imposible que la que tuviera el cuchillo en la mano fuera la víctima.

El magistrado señala que hubo alevosía porque Daría no tuvo ninguna posibilidad de defenderse, algo que ha hecho posible condenar a Manuel por asesinato

Los dos días siguientes, el culpable los pasó en la habitación con cerradura y baño propio que ocupaban en el piso compartido, dividiendo el cuerpo de la chica en siete partes, para que cupiese en el arcón. El magistrado señala que hubo alevosía, porque Daría no tuvo ninguna posibilidad de defenderse, algo que ha hecho posible condenar a Manuel por asesinato.

Manuel y Daría habían mantenían una relación desde 2015 con altibajos. Durante el juicio, para el jurado quedó demostrado que se trataba de una convivencia basada en el “control, dominación y superioridad”, que colocaba a Daría en una posición de “humillación”. Según declaró una amiga de la víctima en el juicio, la chica estaba feliz porque le acababan de hacer un contrato de trabajo. Otros conocidos aseguraron que la joven había contado muchas veces que Manuel era “muy celoso” y su hermana, Ekaterina, relató en la sala que Daría había recibido mensajes de su novio en la que le decía que era una “puta” y que nadie le “iba a creer”. Los expertos que analizaron al condenado aseguraron que tenía una personalidad “narcisista” y que carecía de “empatía”.

La familia aseguró que un año antes del asesinato había comenzado a perder la relación con sus amigos de Pinto de toda la vida. El padre aseguró que “perdió la vitalidad” y que había dejado de hacer deporte. La sentencia contempla el agravante de parentesco y el de género, ya que la juez considera acreditado que Manuel asesinó a Daría, “por el mero hecho de ser mujer y con intención de dejar patente su sentimiento de superioridad frente a la misma”.

Un compañero oyó la agresión desde su cuarto

Esa noche uno de los compañeros de piso oyó los gritos de Daría y se dirigió a la puerta del otro, que además era propietario de la casa, para decirle que tenían que hacer algo, que Manuel estaba pegando a su pareja. Ambos acudieron a la estancia y pegaron la oreja, pero ya reinaba el silencio. El propietario del inmueble llamó a la puerta y preguntó si todo iba bien. Solo se escuchó la voz de Manuel: “Sí, sí. Todo bien”.

Escribió a varios amigos e incluso a la hermana y el padre de la joven para anunciarles que se iba y que no quería “volver a saber nada” de ellos

En los días posteriores, el condenado trató de hacer menos sospechosa la desaparición de Daría. Obtuvo las contraseñas de sus redes sociales y se hizo con su número de Whatsapp. Unos días después del asesinato escribió en su muro de Facebook: “Estoy haciendo varios cambios en mi vida... si no vuelves a saber nada de mí, tú eras uno de ellos”. También escribió a varios amigos e incluso a la hermana y el padre de la joven para anunciarles que se iba y que no quería “volver a saber nada” de ellos. Además, escribió a los jefes de Daría para decirles que se iba “a Barcelona” e intentó que le ingresaran el dinero que debían a la víctima.

El cuerpo permaneció congelado más de un año. Durante ese tiempo el culpable siguió haciendo vida normal en Alcalá de Henares, donde finalmente fue detenido mientras “deambulaba” por la calle. Cuando los agentes le arrestaron llevaba un cuchillo encima. Los forenses tuvieron que esperar cuatro días hasta que de descongelara por completo el cuerpo para poder practicar la autopsia.

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Sobre la firma

Patricia Peiró

Redactora de la sección de Madrid, con el foco en los sucesos y los tribunales. Colabora en La Ventana de la Cadena Ser en una sección sobre crónica negra. Realizó el podcast ‘Igor el ruso: la huida de un asesino’ con Podium Podcast.

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