Aquí sí hay playa
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Guerreros del espacio

Richard Branson y Jeff Bezos se enzarzan en una pugna espacial. El resto de los humanos podemos repetir el grito del 15-M en la Puerta del Sol: “No nos representan”

Richard Branson, a la izquierda, a bordo de su nave espacial
Richard Branson, a la izquierda, a bordo de su nave espacialVIRGIN GALACTIC / HANDOUT (EFE)

Los hipermillonarios Richard Branson, dueño de Virgin, y Jeff Bezos propietario de Amazon, se han enzarzado en una de esas típicas disputas de hipermillonarios. Ya saben: a ver quién la tiene más larga. Los más de 7.500 millones de habitantes de la Tierra lidian con sus pequeñas 7.500 millones de cosas, pero estos dos andan peleándose para ser el primer cobrador del autobús galáctico para turistas un poquito menos millonarios que ellos, dispuestos a soltar 210.000 euros por una vuelta espacial. El británico Branson le ha ganado por un cuerpo al estadounidense de las cajas: el viernes 9 despegó en su propia nave en un vuelo de prueba y alcanzó los 80 kilómetros sobre el nivel del mar. Desde allí se ve la curvatura de la Tierra y se puede jugar a hacer lo que hacen los astronautas cuando no están trabajando. Ya saben: mirar por el ojo de buey y dar volteretas gracias a la falta de gravedad.

Bezos hará su vuelo de prueba en su nave el 20 de julio. Ascenderá más de 100 kilómetros. No sé qué se ve exactamente desde allí, pero seguro que también se pueden dar volteretas. Dentro de la caja, incluso. El estadounidense acusa a su rival de hacer trampas, ya que los 80 kilómetros no pueden considerarse, en puridad, el espacio exterior, debido a que no alcanza la denominada línea de Kármán, situada a 100 kilómetros, y aceptada como la frontera última de la atmósfera.

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Francamente, es el tipo de polémicas de hipermillonarios que se me escapan. Hay quien asegura que lo que necesitan estos señores son más impuestos. Casi todo el mundo ha soñado alguna vez en la infancia con ser astronauta. Pero sospecho que de estas naves de órbitas costosísimas, diseñadas para ricachones, se puede decir lo que se leía en los carteles del 15-M en la Puerta del Sol: no nos representan. Para subirse no hace falta valentía ni destreza. Sólo dinero. En el fondo, lo que media entre estos tranvías con parada en el espacio y los primeros vuelos de la NASA es lo que va entre embarcarse en las carabelas de Colón rumbo a Las Indias o apuntarse a un crucero por el Caribe.

Mientras, una pequeña sonda-robot, de no mucho peso, unos 770 kilos, avanza sola por el cosmos. Lleva viajando sola 43 años. Se llama Voyager 1 (Viajera 1), fue lanzada en 1977 y ya se encuentra más allá del Sistema Solar. Aún funciona. Hace unos meses detectó el zumbido de gas interestelar y lo comunicó a la Tierra. Transporta un disco que contiene saludos en 56 idiomas, fotos de los terrícolas y piezas de música, desde un aria de La Flauta Mágica al Melchancoly Blues de Louis Amstrong. Espero que los alienígenas encuentren antes a la valiente y esforzada Voyager avanzando por el universo que el minibús de Branson y Bezos. Cuestión de imagen.

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Sobre la firma

Antonio Jiménez Barca

Es reportero de EL PAÍS y escritor. Fue corresponsal en París, Lisboa y São Paulo. También subdirector de Fin de semana. Ha escrito dos novelas, 'Deudas pendientes' (Premio Novela Negra de Gijón), y 'La botella del náufrago', y un libro de no ficción ('Así fue la dictadura'), firmado junto a su compañero y amigo Pablo Ordaz.

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