El Ayuntamiento amplía el centro cultural Buenavista con el solar del espacio vecinal La Gasolinera

El proyecto en el barrio de la Guindalera incluye un nuevo edificio, además de la reforma del patio interior para conectarlo con el edificio principal

El espacio vecinal de La Gasolinera que ocupaba el número 17 de la calle de Cartagena, el 30 de enero de 2021.
El espacio vecinal de La Gasolinera que ocupaba el número 17 de la calle de Cartagena, el 30 de enero de 2021.Eulogio Martín Castellanos

El Ayuntamiento de Madrid ha aprobado este jueves el proyecto de reforma y ampliación del centro cultural Buenavista, en el barrio de la Guindalera, distrito de Salamanca. La intervención engloba tanto la reforma del edificio principal, una antigua Casa de Baños, como la construcción de un nuevo edificio en el espacio que corresponde al número 17 de la calle de Cartagena. Se trata del solar donde se ubicaba el espacio vecinal La Gasolinera y que fue desalojado por el Consistorio. Este proyecto cierra a los vecinos toda expectativa de recuperar algún día la iniciativa.

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Golpe a la participación ciudadana

La Gasolinera, era un espacio anexo al Centro Cultural Buenavista del barrio de La Guindalera, de escasos 150 metros cuadrados —que en su día fue una estación de servicio— y donde, desde noviembre de 2016 y hasta junio de 2019, los vecinos se multiplicaron para hacer posible cines, conferencias, bailes, encuentros y un huerto urbano. Hasta que, sin previo aviso, el Consistorio, con el cambio de gobierno, les cerró la verja.

El proyecto de reforma del centro cultural Buenavista ha sido anunciado este jueves por la portavoz del Gobierno municipal, Inmaculada Sanz, en la rueda de prensa tras la reunión semanal de la Junta de Gobierno. Los trabajos correrán a cargo del área de Obras y Equipamientos, supondrán una inversión de 4,1 millones de euros y tendrán un plazo de ejecución de 12 meses. La adaptación a la normativa vigente en materia de accesibilidad será el eje que articule el proyecto de remodelación del edificio principal, que alberga un vestíbulo, la biblioteca David Gistau y un salón de actos.

Más que un centro cultural

Paula Ortiz López, participante de la asamblea organizativa del espacio vecinal La gasolinera, aclara que este proyecto no es una necesidad prioritaria de los vecinos del barrio. “Lo que estábamos haciendo en La Gasolinera es algo muy diferente a la oferta cultural. Se montó un espacio de participación ciudadana. No éramos consumidores de la cultura, si no motores de la oferta cultural del barrio. Esto es muy importante porque el espacio público es algo que se encuentra en desaparición, y la mayoría del espacio abierto es normalmente privado”, cuenta Ortiz. Además, la ampliación de la oferta de las terrazas debido a la pandemia, ha dejado a las asociaciones muy pocos espacios disponibles. “La Gasolinera era más que un centro cultural porque generaba participación, reflexión y organización de las necesidades de las vecinas y vecinos de un barrio”.

La Gasolinera era más que un centro cultural porque generaba participación, reflexión y organización de las necesidades de las vecinas y vecinos de un barrio
Paula Ortiz López, de la asamblea de La Gasolinera

Así se cierra el círculo de la táctica municipal para cerrar los espacios de participación ciudadana. Realizada a base de no renovar la concesión para que realicen sus actividades, con el argumento de que sus locales eran necesarios para centros sociales o ubicar departamentos municipales, como el proyecto que acaba de ser aprobado. Durante la pandemia, algunas de estas asociaciones usaron estos espacios para el reparto de comida para familias vulnerables. Ha ocurrido en Moratalaz, Arganzuela y Chamberí.

La red asociativa de la capital llevaba décadas implantada en los 21 distritos y son reconocidos como agentes culturales, de integración, convivencia, religiosas o deportivas de sus barrios por sus vecinos, y también por el Ayuntamiento, que las censa y con las que se mantiene una relación a través de las juntas municipales de distritos. Estos espacios de participación ciudadana afloraron sobre todo en tiempos de la alcaldesa Manuela Carmena, a pesar de que nacieron y empezaron a desarrollarse con otros alcaldes del PP, desde José María Álvarez del Manzano hasta Alberto Ruiz-Gallardón y Ana Botella.

El proyecto anunciado consistirá, además, en la demolición del edificio existente en el lugar que ocupaba la antigua gasolinera y en la posterior construcción de un nuevo edificio. Se proyecta un gran porche de doble altura que abrirá el complejo al patio exterior desde la calle Cartagena.

El nuevo edificio contará con una superficie construida de 608 metros cuadrados repartidas en cuatro niveles. Entre las distintas plantas se distribuirá un vestíbulo con recepción, zonas de administración, despachos, vestuarios y salas multiusos que podrán transformarse para su compartimentación mediante tabiques móviles. Con respecto a los accesos, hay previsión de construir una escalera y un ascensor accesible para personas de movilidad reducida. Además, una terraza cubierta que comunicará por una pasarela con la terraza de otro edificio del complejo que alberga diferentes talleres.

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