El centro cultural Conde Duque apuesta por artistas vanguardistas de música urbana

La temporada musical empieza el 24 de septiembre con el concierto de Rigoberta Bandini

Natalia Álvarez, directora del Centro Cultural Conde Duque, en las escaleras de la sala de bóvedas del recinto.
Natalia Álvarez, directora del Centro Cultural Conde Duque, en las escaleras de la sala de bóvedas del recinto.Samuel Sánchez

El Centro Cultural Contemporáneo Conde Duque de Madrid apuesta este año por artistas vanguardistas de música urbana. Rigoberta Bandini (Barcelona, 1990) inaugura la temporada musical el próximo 24 de septiembre. La artista barcelonesa ha alcanzado más de seis millones de reproducciones en Spotify con su éxito In Spain We Call It Soledad. Este concierto abrirá el ciclo al aire libre en el patio central del recinto, que se convertirá en un gran escenario por el que pasarán artistas de varios géneros: trap, blues, soul, rap y reggaetón. “Es una panorámica contemporánea de la escena independiente que nace de los barrios para tomar la palabra y una muestra de la diversidad y variedad de estilos”, explica la directora del centro, Natalia Álvarez.

La siguiente cita llega de la mano de mujeres como Ptazeta, María Escarmiento, Dave y Paranoid 1966. El festival de música urbana y trap femenino con cantantes de una nueva generación se celebrará los días 25 y 26 de septiembre. “Son artistas muy jóvenes, de la franja de los 20 años, que pretenden poner el foco en la cultura urbana no solo desde lo femenino, sino desde lo intelectual”, comenta Álvarez.

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La temporada seguirá en octubre con una actuación que fusiona folk y hip hop de Laura Lamontagne & Picoamperio, además del concierto de la cantautora Emel Mathlouthi. A principios de noviembre, el espacio acogerá a varios artistas de jazz como el saxofonista cubano César Filiú Douglas, su padre Román Filiú y Cuarteto Assai, enmarcados en la programación del festival JazzMadrid. Los géneros musicales que sonarán en este escenario van desde el rap de Erick Urano el 17 de diciembre, hasta el pop electrónico de Ferran Palau que presentará Parc, su quinto disco, el próximo 14 de enero.

El artista sevillano Pedro LaDroga, pionero del trap en España, presenta Stalkeo Básico. Una conversación entre varios comunicadores que indaga en el verbo stalkear: la pasión obsesiva por un sujeto digital a través de emociones como el afecto o el miedo online. “Este tipo de iniciativas marcan la importancia de las transformaciones de ciertos sonidos y palabras que permean a nuestro día a día desde la música urbana”, explica Álvarez.

El ciclo musical se cerrará en junio con un festival de música electrónica, el Soundset Festival. Pero, antes actuarán artistas de vanguardia como Rusowsky, un nuevo icono del bedroom pop español, y la estadounidense Julianna Barcwick que, con solo su teclado y su voz, crea una atmósfera envolvente. “Este año ha aumentado la presencia de artistas internacionales, ya que el año pasado hicimos una programación de urgencia por la pandemia”, confirma su directora.

La temporada de este espacio cultural atiende a varias disciplinas del arte contemporáneo: teatro, arte, cine y música. A los que este año se suman dos conceptos transversales: palabra y mediación. “Algunos de los temas principales de las obras son la salud mental, el amor a través de las aplicaciones y la familia”, cuenta Álvarez. La experimentación a través del lenguaje musical y corporal marcan un nuevo camino en las exposiciones, como la propuesta escénica de El Niño de Elche, disponible en junio.

En la programación de artes escénicas aparecen los nombres de Romeo Castelucci, que estrenará en Madrid su última obra, Bros, y la directora belga Milo Rau con su nueva producción, Familie. El coreógrafo y bailarín Yoann Bourgeois cerrará el ciclo a medio camino entre el circo y la danza: “Trabaja de una forma muy poética y presentó un espectáculo de acrobacias en el Panteón de París que fue maravilloso”, comenta Álvarez, fascinada por la obra del creador francés.

La arquitectura del espacio determina las actividades. Un gran auditorio para conciertos, una sala para exposiciones colectivas y un salón de actos para proyecciones. Entre bóvedas y paredes de piedra, donde estaba la antigua caballeriza militar del recinto, se exhibe ahora la obra Desobediencia y resistencia, una obra de siete mujeres en forma de videoarte. “Al ser un edificio de patrimonio, las paredes no se pueden tocar. El tipo de obra que tenemos aquí abajo siempre es muy especial”, explica la directora. El centro también abre este año una convocatoria de residencia que ofrece diferentes espacios de trabajo a las compañías artísticas para fomentar la creación de arte contemporáneo de cualquier disciplina.

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