La lluvia y la vigilancia policial frustran un nuevo macrobotellón en la Complutense

Los universitarios habían organizado para este jueves una sangriada en la Facultad de Derecho, pero los agentes les requisan bebidas y los dispersan en una noche desapacible

Dispositivo policial en las inmediaciones de Moncloa, tras haber incautado el alcohol a algunos jóvenes que se concentraban bajo las paradas de autobús por la lluvia.
Dispositivo policial en las inmediaciones de Moncloa, tras haber incautado el alcohol a algunos jóvenes que se concentraban bajo las paradas de autobús por la lluvia.David Exposito

“Recuperemos la esencia. Sangriada jueves 23 de septiembre a las 18.00 en la Facultad de Derecho (parque de al lado). Seamos responsables”. Un colorista cartel con este mensaje corrió por WhatsApp y por las redes sociales entre los estudiantes de la universidad Complutense de Madrid. Con el regreso de la presencialidad a las aulas y el relajamiento de las medidas anticovid, los jóvenes querían recuperar así un clásico de esa facultad, que se solía repetir todas las semanas. Sin embargo, el mal tiempo y el aumento de los controles, con 150 agentes más de la Policía Municipal y 300 de la Nacional, han frenado la quedada en el mismo punto donde el fin de semana pasado se reunieron más de 25.000 jóvenes en un macrobotellón.

A las diez y media de la noche, el cielo de Madrid está encapotado, se pone a chispear y la temperatura empieza a bajar. Al salir del metro de Ciudad Universitaria, la imagen es desalentadora: noche oscura, lluvia y árboles azotados por el fuerte viento. Dos agentes vigilan la parada, mientras que un furgón de policía recorre la avenida de la Complutense. Unos 12 jóvenes se bajan del bus número 82 y, con botellas de vodka y litronas de cerveza se dirigen a la Facultad Derecho. Vuelve a pasar un coche de policía por la carretera. El grupo se detiene a hablar con unos conocidos que regresan al colegio mayor.

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Los grupos de estudiantes se refugian bajo las paradas de los buses. “Yo creo que me voy a ir”, se rinde una de las amigas. Su amigo le reprocha: “Pues yo quiero fiesta”. Se oyen truenos y caen rayos. En la calle de Juan del Rosal, varios grupos de jóvenes regresan de la biblioteca. Se oyen sirenas procedentes de los coches de Policía Nacional.

La enorme plaza, situada entre la biblioteca María Zambrano y la Facultad de Filología, se inunda. Un grupo de cinco jóvenes se refugian de la lluvia. Aún quedan restos de la noche del pasado viernes: una litrona abandona en la escalera que baja a la gran superficie. Aparecen los agentes del personal de vigilancia de la Complutense, que aseguran que cada noche se pasean por todas las facultades para evitar que se produzcan incidentes como el del pasado fin de semana. “La vigilancia aquí es máxima”, asegura uno de ellos. “Contamos con equipos propios y privados que controlan la zona”, añade. Cae el diluvio. Pasan dos furgones de policía.

Pasada la medianoche ya llueve poco. En el parque del Oeste se salvaguardan jóvenes que vienen de Ciudad Universitaria, ahuyentados por el agua y por la fuerte presencia policial. Uno de los jóvenes, cobijado en una parada de autobús, explica que la policía los ha desalojado de la facultad de Derecho a las diez de la noche. Les han quitado la bebida y les han dicho que se fueran a casa. Tres coches de policía se paran y empiezan a pedir los carnés a los jóvenes. “¿Acaso estamos haciendo algo malo?”, contesta una chica. Los policías recorren en coche cada uno de los recovecos del parque y desalojan a una pareja que está debajo de un árbol, en el césped mojado.

Un agente de la Policía Nacional informa de que han desalojado, pero no multado: “Simplemente los avisamos de que vamos a estar así todo el fin de semana”. Uno de sus compañeros explica que no había mucha gente en la facultad, pero que algunos, tras el desalojo, se han dirigido al parque del Oeste. Los chequean y les piden los DNI. José Carlos Ternero, de 18 años y estudiante de Telecomunicaciones en la universidad Politécnica, confirma lo dicho por el agente: “Nos han advertido de que los findes hay mucha policía, pero no nos han multado”.

Un grupo de jovenes en las inmediaciones de Moncloa, después de que la policía les requisase el alcohol.
Un grupo de jovenes en las inmediaciones de Moncloa, después de que la policía les requisase el alcohol. David Exposito

Aitor Sabino, que tiene 23 años y es agente comercial, también lo corrobora: “Hemos escondido la copa cuando los hemos visto llegar y no nos han multado”. Su prima, Gema Sabino, de 20, estudiante de Criminología en la universidad Complutense y empleada de una tienda de zapatillas, cuenta que no tienen plan para esta noche, pero que seguirán la fiesta en algún otro sitio. Ambos bailan al son de la canción Devuélveme a mi chica de los Hombres G, que proviene de un altavoz rodeado por seis jóvenes más.

“Después de lo que pasó la semana pasada, ahora hay muchos más controles de policía”, sentencia un chico que prefiere no decir su nombre. “Hoy se ha cancelado todo”, añade su amigo. La Policía Municipal ha reforzado desde el jueves la vigilancia con hasta 300 efectivos, mientras que la Policía Nacional ha aportado otros 150 agentes, todos para luchar contra el botellón.

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