ESTACIÓN EN CURVA
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Menos Broadway y más Gran Vía

Una ciudad entre estrenos, vicepresidentas, botellones y mensajes contra el papa Francisco

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, atiende a los periodistas hoy después de su reunión con el Caucus Hispano el pasado jueves.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, atiende a los periodistas hoy después de su reunión con el Caucus Hispano el pasado jueves.Lenin Nolly (EFE)

Madrid ya es Madrid. Y hay una cosa que lo corrobora: se arremolina la gente en la Gran Vía. Hay fotógrafos en la puerta del teatro Lope de Vega, su buena alfombra roja forrando las escaleras. Con dos accesos, que siempre ha habido distinciones: los del ‘photocall’ y los invitados con entrada normal. La gente se da hasta dos besos. “Ya hemos vuelto a rodar”, dicen unos a otros a la entrada. Esto huele a estreno de verdad. Los curiosos se paran con sus bolsas de Zara y de Primark, alguno caza un autógrafo o un selfie.

Y la furgoneta negra llega a la entrada, se abre la puerta y aparece Alejandro Amenábar con su tropa. A toda mecha en los neones aparece su particular ‘La Fortuna’, con Ana Polvorosa y Álvaro Mel custodiándole las espaldas. El director siempre vuelve de una forma u otra a la Gran Vía. Los relaciones públicas ejercen otra vez de nerviosos termómetros del Madrid del momento. Algunos incluso se apiadan de los merodeadores y les regalan una entrada al final: “¿De verdad podemos entrar?”. Entre luces y flashes faltan todavía invitados… Dos coches negros blindados cruzan a todo trapo la arteria, un guardaespaldas despeja la zona y aparece directa la vicepresidenta primera, Nadia Calviño. Esto es lo que tiene Madrid, por la mañana se está en La Moncloa aprobando la subida del salario mínimo y por la noche en el estreno de la serie española del momento. Abre los ojos.

La vida da esos giros de guion como los propios neones de la Gran Vía. Acabado el estreno, esa misma pantalla de publicidad refleja un anuncio de “No hagas botellón”, del Ayuntamiento de Madrid. Anda todo el mundo indignado ahora con esas concentraciones multitudinarias de jóvenes en torno al alcohol. ¿Y qué se esperaban después de haber hecho una campaña de elecciones en la que todo giraba en torno a tomarse una caña? ¿Alguien escuchó propuestas para jóvenes para los viernes por la noche? ¿Recuerdan algún debate apasionado en el Pleno con medidas de ocio más allá de la hostelería? Y no es que sea algo precisamente muy nuevo, que muchos de los que ahora están arriba pasaron por los botellones del parque de Almansa.

Pero que esto va de estrenos, con aires hollywoodienses. La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha cruzado el charco. Quiere fama internacional tras el primer asalto en Milán. Ahora tocaba Estados Unidos, aunque tuviera que dejar solos a Pablo Casado y José Luis Martínez-Almeida en el paso por Madrid de la convención itinerante del PP. A librar su batalla cultural: del “indigenismo es el nuevo comunismo” a meterse hasta con el papa Francisco. Eso no lo veíamos venir. Que no, que no quiere La Moncloa, pero sale en una entrevista en Telemadrid en Washington con la Casa Blanca al fondo. Esta vez no le ha hecho nada de caso a Nacho Cano, aunque tuviera tanto patrimonio, como le recriminó a Mónica García. Para ella, sí hay marcha en Nueva York.

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