Daniel Doña: “La danza me permite hablar sobre lo que quiera”

Con inspiración en la Guerra Civil, el coreógrafo granadino estrena esta noche en los Teatros del Canal su pieza más ambiciosa

El coreógrafo Daniel Doña en la Sala Roja de los Teatros del Canal, este martes.
El coreógrafo Daniel Doña en la Sala Roja de los Teatros del Canal, este martes.Víctor Sainz

Cuando la familia de Daniel Doña (Granada, 1977) se enteró de que su nuevo proyecto era una coreografía inspirada en la Guerra Civil, todos se quedaron atónitos. No creían que fuera posible abordar este tema desde la danza. “Y yo pensé que algo estábamos haciendo mal cuando todavía se duda de que el arte tenga voz”, se defiende el creador y bailarín, que confiesa que se ha mantenido más de 30 años en este oficio por la libertad con que siempre lo ha abordado. “A veces siento que en la danza vivimos de espaldas al mundo. Soy artista, pero antes ciudadano y la danza me permite hablar sobre lo que quiera. Por edad, no viví aquello, pero en mi familia hay muchas historias, se habla mucho de esos tiempos”.

Entre hilos y huesos, la coreografía más grande y ambiciosa de todas las que ha montado en los 25 años de carrera que ha desarrollado en Madrid, subirá esta noche el telón de la Sala Roja, de Teatros del Canal, que le ha coproducido, y permanecerá en cartel hasta el próximo domingo 10 de octubre. No se trata del relato de un episodio trágico de la guerra. Tampoco una reproducción histórica y mucho menos, advierte, una declaración política sobre el tema candente de la Memoria Histórica. “No hay intención de reabrir heridas, ni desenterrar el pasado”, explica el coreógrafo. “La obra tiene una carga política, porque es la que tienen nuestras propias vidas. Últimamente siento que los creadores estamos sujetos a una tiranía de la realidad por parte del público que nos obliga a que todo se tenga que entender perfectamente, y yo lo que creo es que debe haber espacio para que la audiencia pueda ser poeta, crear su propio universo”.

En este sentido, dice que se esforzó para que todos los oficios creativos — la iluminación, la dramaturgia, la música, la danza — fueran trabajados desde la atemporalidad, lo que le permitía un distanciamiento, pero fue creando e introduciendo “perlas”, que es como llama a los datos y referencias concretas, porque sí que hay interés en que el espectador los llegue a identificar. “Y es que aquí hubo muertos en las cunetas y familias que sufrieron. No se trataba de izquierdas ni de derechas, porque en una guerra sufren todos. A poco que busques en mis redes sociales descubrirás mi color político, pero no uso la coreografía para expresar mis ideas. La historia es la que es, y ya está escrita”, zanja.

Acto poético

Doña define Entre hilos y huesos como una creación onírica pero no abstracta, que quiere ser acto de justicia para con aquellos artistas que, en tiempos como aquellos en los que el fervor político era el único sentimiento dominante, fueron capaces de llevar esperanza y poesía a los ciudadanos. “Eso sí que me conmueve”, señala. “Me gusta definir esta coreografía como un acto poético a través de la danza, que habla sobre la lucha, la libertad y la memoria histórica”.

A lo mejor la sorpresa y desconfianza de su familia, allá en Granada, también tenía que ver con que en una trayectoria larga como la suya, nunca había aflorado una obra aferrada a un asunto político-social tan concreto. Temas ha habido muchos y muy distintos. “Siempre he seguido un camino orgánico donde se difuminan las líneas fronterizas”, asegura.

Me gusta definir esta coreografía como un acto poético a través de la danza, que habla sobre la lucha, la libertad y la memoria histórica
Daniel Doña, coreógrafo

Es fácil conectar con cualquiera de las propuestas de Daniel Doña, hechas siempre desde las emociones y lo estrictamente personal, pero resulta difícil definirlo. Muchos lo meten en el cubículo del Nuevo Flamenco porque ha sido un defensor de la vigencia y posibilidades creativas de la danza española, más que del flamenco, pero juntando ambas se quedan pequeñas frente a un creador voluntarioso a la par que curioso, que ha simpatizado, y mucho, con la danza contemporánea y no ha tenido temor alguno a las hibridaciones. De hecho, institucionalizar la hibridación es su plan más inmediato. Tras las funciones de Entre hilos y huesos, se marcha de Madrid, después de una aventura que ya dura un cuarto de siglo. Junto a Cristian Martín, pareja artística y sentimental, se vuelve a Granada.

Al pueblo de Atarfe, a los pies de la Sierra Elvira, para ser exactos. “Allí, apoyados por el Ayuntamiento, pondremos en marcha el proyecto Granada a Escena, que albergará mi compañía, también Proyecto Lanza, que es la de Cristian, y una nueva que se llamará La Itinerante, que quiero que genere proyectos que involucre a bailarines, actrices, músicos académicos y de rap, gente de circo… Al inicio la base será la danza porque es dónde me muevo y dónde me conocen, pero lo que buscamos es la participación de distintas disciplinas. Seguiré en contacto con Madrid, de todas maneras. Los compromisos y proyectos que tengo aquí seguirán”.

El proyecto antes que el hombre que lo ha hecho posible

Ha cambiado el nombre de la compañía que dirige. Ahora se llama DDCdanza y ya no es la Compañía de Daniel Doña. El timón de su carrera va virando y cogiendo ruta hacia la madurez. Ahora mismo, cambios drásticos se vislumbran en el horizonte. Deja Madrid y se vuelve a Granada. Inicia un plan ambicioso y hoy le parece más importante poner por delante el proyecto antes que al hombre que lo ha hecho posible. “Ya no creo que sea necesario vincularme desde mi nombre al cartel, sino situarme en ese lugar que yo mismo he provocado. Ya no hay tanta avaricia por bailar, y eso me permite ponerme en otro sitio”.


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