La crisis económica pone de actualidad la lucha por la supervivencia de seis desempleados en el musical ‘The Full Monty’

La comedia, inspirada en la película británica premiada en 1997 con un Óscar a la mejor banda sonora, llega a la Gran Vía con una trama ambientada en una ciudad del norte de la España de 2008

El musical 'The Full Monty' se instala en el Teatro Rialto de la Gran Vía hasta finales de noviembre.
El musical 'The Full Monty' se instala en el Teatro Rialto de la Gran Vía hasta finales de noviembre.Santi Burgos

Crisis económica, stripteases y escenas hilarantes ocupan el escenario, presidido por una puerta blanca que lleva el número 69. El musical The Full Monty se ha estrenado en el teatro Rialto, bajo la dirección de David Ottone y Silvia Villaú. La obra es una adaptación de una de las comedias británicas más emblemáticas de los años noventa, dirigida por Peter Cattaneo, a la que la crisis económica pone de nuevo de actualidad. La película homónima fue premiada en 1997 con un Óscar a la mejor banda sonora, creada por la compositora Anne Dudley. Los personajes son hombres corrientes con problemas usuales que ponen sobre la mesa juicios ligados a la precariedad, el desempleo y la frustración.

La historia de seis trabajadores siderúrgicos de Buffalo en paro saltó de la gran pantalla al escenario en el Old Globe Theatre de San Diego (California). Como medida desesperada, los desempleados deciden organizar un espectáculo de striptease con el fin de obtener algo de dinero rápido, un plan que al principio desarrollan con más actitud que aptitud. “No hace falta ser Einstein para aprender estos pasos”, se queja Jorge, interpretado por José Navar, mientras ensayan a duras penas una de las coreografías —a la que llaman “el show de Pau Gasol” por sus similitudes con el baloncesto― en el club Romeo’s. Navar asegura que la historia desprende realidad en clave de comedia: “Los personajes tienen que reinventarse para salir adelante a pesar de que todo juega en su contra”.

El musical, nominado en nueve ocasiones a los premios Tony, llegó en el año 2000 al gran circuito de Broadway, donde acumuló más de 770 funciones. Un año después, se produjo por primera vez en España, de la mano del director uruguayo Mario Gas en el Teatro Novedades de Barcelona, lo que supuso el debut del espectáculo en Europa. Dos décadas más tarde, el libreto de Terrence McNally, actualizado y ambientado en la península, se ha instalado en la Gran Vía de Madrid hasta finales de noviembre.

Tema muy actual

El director escénico, David Ottone de la compañía Yllana, explica que el espectáculo trata un tema muy actual: la crisis económica. “La obra está ambientada en una España del año 2008 en una hipotética ciudad pequeña del norte con desempleados de una empresa de metales”, cuenta Ottone.

El cabecilla del grupo es Jota, interpretado por Samuel Gómez, uno de los afectados por el cierre de la fábrica. Después de ver el entusiasmo de sus esposas por la gira de Chippendales, una compañía de danza itinerante conocida por sus actuaciones de striptease masculino, Jota les plantea a sus compañeros la idea de crear su propia actuación. Pero, lejos de cumplir con los estándares de belleza, los protagonistas desencadenan una sucesión de escenas hilarantes al son de las canciones del músico británico David Yazbek.

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Una de las actuaciones durante el ensayo general del musical ' The Full Monty', la semana pasada.
Una de las actuaciones durante el ensayo general del musical ' The Full Monty', la semana pasada. Santi Burgos

“No son guapos, no son jóvenes y no están buenos”, avanza Gina, la encargada del local, que presenta al grupo, bautizado como Metal Caliente. Con disfraces de pilotos de vuelo, los seis hombres dan tímidos pasos sobre el escenario. El decorado se asemeja a un edificio de paredes de ladrillo, compuesto por cuatro habitaciones y un pasillo de acero, que mantiene la esencia de la historia ambientada a pie de calle.

Dani, interpretado por Falco Cabo, vive acomplejado porque tiene sobrepeso y le preocupa no ser suficiente para su mujer. A Piñaki Gómez, en el papel de Potro, le despiden de un negocio de comida rápida y sufre problemas de cadera debido a un accidente. Jota aparenta ser un tipo duro, pero tiene una gran sensibilidad. Si no logra el dinero para pagar la pensión de manutención a su hijo, corre el riesgo de no verlo nunca más. Samuel Gómez lo define como un “machirulo”, que rompe sus barreras y pasa de estar sentado en la barra con un botellín de cerveza a bailar en un local de striptease. El personaje tiene un falso ego repleto de clichés que repite a lo largo del guion, como “un tío de verdad no es así” o “el éxito consiste en tener dinero”.

Las historias que se presentan hacen que el público se sienta identificado con los personajes”
Silvia Villaú, actriz

“Bienvenidas al santuario del macho español” apunta Lucy, la mujer de Daniel, en tono de burla. Luego, añade: “Las mujeres que trabajan también necesitan divertirse”. Vicky, Lucy y Ana son mujeres con las ideas claras. La tres cantan mientras chasquean los dedos y bailan sobre el escenario. La música proviene de uno de los palcos del teatro, donde se encuentra la banda, compuesta por una batería y una trompeta que tocan en directo. Silvia Villaú asegura que ellas ponen la guinda al pastel. Su personaje es una mujer guerrera, que luce los labios rojos y viste una chaqueta de cuero negra, en busca de la juerga que no tiene en casa. Su amiga Vicky no sabe que su marido está en paro, porque a él le da miedo decírselo. “Las historias que se presentan hacen que el público se sienta identificado con los personajes”, explica Villaú.

Luka, interpretado por Jorge González, es un hombre macizo que aparece sobre el escenario con un maletín. El artista se quita las prendas de ropa, una por una, mientras las mujeres de los protagonistas gritan eufóricas desde el patio de butacas.

Poco a poco, los personajes vencen el miedo, la timidez y los prejuicios, y acaban por desnudarse casi por completo en el colofón de la obra. “Muéstralo, no te asustes, por favor”, cantan al unísono los protagonistas, al desprenderse de los pantalones, apenas enganchados con un velcro, durante el debut en su espectáculo de striptease. Ahí sí, por fin, consiguen dar la talla.

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