a mi bola
Columna
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La amabilidad

Hay un tipo de amabilidad que ahora es palpable y antes brillaba por su ausencia. La amabilidad que veo en los comentarios entre mujeres en los perfiles de Instagram.

Coches aparcados en una calle.
Coches aparcados en una calle.

La amabilidad es un acto íntimo entre dos personas, preferiblemente conocidas o desconocidas. Pues la amabilidad, cuanto más cerca, peor suena. Es curioso cómo la misma palabra puede variar tanto dependiendo a quién te refieras.

Si tu pareja, tu madre, o un hermano es “amable” contigo, sabes que algo pasa. Sabes que está limitando sus emociones para ir contigo al terreno de la mera cortesía. Sin embargo, si un conocido o desconocido es amable, si te brinda su amabilidad, se crea esa intimidad que se contrapone a lo que ocurre cuando lo hace tu pareja, tu hermano o tu madre.

La amabilidad une. Es la falta de ella lo que separa. Y una vez separados, se viste de una “amabilidad” en la que tú eres el desconocido. La amabilidad de verdad no cuesta nada, no hay que esperar turno, enviar una solicitud o pagar una tasa. La amabilidad es lo más fácil del mundo…

Pues flipa con la de gilipollas que te encuentras al cabo del día. ¡Es más!, muchas veces el gilipollas eres tú y no te das ni cuenta. Vamos corriendo a todas partes. Yo siempre me subo al tren como si fuera un tranvía de San Francisco. A veces voy por la vida que no veo a nadie. Creo sinceramente, que la amabilidad es algo inherente a todo ser humano porque es tan fácil que cualquiera puede hacerlo.

Es increíble cuando alguien sonríe sin querer. Sonreír sin querer es lo más maravilloso del mundo y uno de los rasgos que más provoca esa reacción es la amabilidad. Suele ser una sonrisa sincera porque, aunque es algo que deberíamos dar por hecho, la amabilidad siempre sorprende. Y esa sorpresa cargada de esperanza es la que se dibuja en tu cara cuando un desconocido es amable contigo.

La amabilidad es gratis, pero diría también que es el menos gratuito de los halagos. Puedes decir con cierta superficialidad que alguien es simpática o guapo. Pero “amable” es una palabra que solo dedicas si lo crees de verdad.

Hoy he tardado en aparcar. Solo hay un coche detrás esperando y yo comienzo a rayarme porque estoy tardando más de lo aceptable, que son 30 segundos según los conductores que suelo llevar detrás.

El sitio es estrecho, así que tardo lo mío, pero meto el coche porque no me apetece dar más vueltas. Miro por el retrovisor pensando: ¡verás! Pero para mi sorpresa, ¡no me ha pitado ni una sola vez! Y al pasar por mi lado me ha saludado con la mano como celebrando la hazaña conmigo. Mil gracias.

También hay un tipo de amabilidad que ahora es palpable y antes brillaba por su ausencia. La amabilidad que veo en los comentarios entre mujeres en los perfiles de Instagram.

Ruego que sepamos conservar esa amabilidad hasta estar tan cerca, hermanas, que no nos haga falta. Y que en la discrepancia evitemos disfrazarnos de esa “amabilidad”, que es mera cortesía y nos lleva, de nuevo, a tratarnos como desconocidas.

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