‘Lú Belmonte’, costumbrismo en blanco y negro del Madrid cañí

La película, ópera prima de Roberto Fernández, caricaturiza el mundo del espectáculo desde la mirada de una actriz en plena decadencia. Tras empezar como webserie pasó a la plataforma de cine independiente Filmin

El reparto y equipo de la película 'Lú Belmonte' retratados en un bar del centro de Madrid. De izquierda a derecha: el actor Javier Lera, la jefa de producción Andrea González, el director Roberto Fernández, la directora de fotografía Ana García y la actriz Ana del Toro.
El reparto y equipo de la película 'Lú Belmonte' retratados en un bar del centro de Madrid. De izquierda a derecha: el actor Javier Lera, la jefa de producción Andrea González, el director Roberto Fernández, la directora de fotografía Ana García y la actriz Ana del Toro.DAVID EXPOSITO

Bajo las luces de los neones del café Dragón se celebra una extraña reunión. Cinco jóvenes comparten una mesa de aluminio en la esquina, un pincho de tortilla y unas albóndigas mientras recuerdan cómo pasaron de ser amigos de toda una vida a crear una película independiente que les ha devuelto la pasión hacia sus profesiones. Era el verano del 2019 cuando Roberto Fernández, madrileño de 27 años, rodó el primer capítulo de Lú Belmonte, su ópera prima como director. Con el guion de un cortometraje en las manos convenció a una actriz, una montadora, un sonidista, un cámara y un compositor a embarcarse en un proyecto donde no había posibilidad de ganar ni un duro. Hasta la fecha ninguno de ellos había participado en ninguna producción profesional. Ahora, una pandemia después, su película ha aterrizado en Filmin, la plataforma española de cine independiente.

Después de estudiar interpretación, hacer muchos castings y salir frustrado de la mayoría de ellos, Fernández encontró la satisfacción más grande de su vida en la creación y dirección de un proyecto propio. “Con Lú Belmonte he querido caricaturizar un mundo que he visto y vivido. Un mundo que es interesante, muy poderoso, pero también destructivo”, explica el director. Aunque se dio cuenta desde el principio de que su forma de escribir estaba destinada a la gran pantalla, decidió dividir el guion de su proyecto en capítulos y adaptarlo al formato de la miniserie para facilitar la distribución. Tras el estreno en un bar de Malasaña —era un 27 de septiembre, el día en que Fernández cumplía un cuarto de siglo— el proyecto vio la luz como una webserie en YouTube.

Ana del Toro encarna a Lú Belmonte, un juguete roto de la industria cinematográfica que a sus 29 años se encuentra en plena crisis existencial: un tiempo atrás había sido famosa, pero ya nadie en Madrid se acordaba de ella. En uno de estos castings frustrantes que conoce a Hugo (interpretado por el mismo Fernández), un joven que encarna el tópico del actor que se mete en la carrera de comunicación audiovisual pensando que va a hacer cine para no coger una cámara hasta las prácticas de final de carrera. Juntos pasan por las fiestas underground de los suburbios de la capital, que frecuentan productores babosos y artistas dispuestos a todo para un papel principal.

Se mueven en un mundo decadente en blanco y negro, marcado por el costumbrismo español —los bares cañí y la tortilla de patata como religión de vida—, el cine clásico de la Nouvelle vague y el Neorrealismo italiano. “Decidimos rodar la película en blanco y negro para trasladar el espectador al mundo de grandes divas del pasado en el que vive Lú Belmonte, que se siente la Bette Davis de Vallecas”, comenta el director. La Gran Vía, las salas de proyecciones en lengua original y la Plaza del Dos de Mayo sirven de escenario al fracaso emocional y laboral de la actriz en plena decadencia.

— ¿Qué significa fracasar en este mundo?

— Todo depende de las expectativas que tienes y de las metas que quieres conseguir. Mi frustración hubiera sido no acabar este proyecto, pero no te puedes permitir que algo que has querido tanto acabe generándote una pena.

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En una escena del primer capítulo de la película —que en principio funcionó como piloto de la web y sirvió a Fernández para convencer a más gente de que se sumase al proyecto— la protagonista se enfrenta a uno de estos “fracasos” cuando participa en un hilarante casting para interpretar al “personaje de mujer comiendo tortilla con disfrute” en un anuncio. “Hacer tu trabajo y pensar que no te apetece nada, que ya no te gusta y perder las ganas de continuar es lo peor que te pueda ocurrir”, confiesa del Toro, que pasó por decenas de castings surreales a lo largo de su carrera. Comparte sus desilusiones, detrás de la cámara, Javier Lera, quien en la película interpreta a Eloy, un virtuoso de la comedia que devuelve a Lú la capacidad de emocionarse.

Después de las muchas decepciones como actores, la banda de amigos tuvo que hacer frente a la letra pequeña de las productoras, que intentaban aprovecharse de la inexperiencia de los jóvenes. “Ponían condiciones absurdas y totalmente desfavorables para nosotros. Cuando me negué, llegó el chantaje emocional: me dijeron que estaba perdiendo la oportunidad de mi vida”, confiesa Fernández, quien prefirió, sin embargo, renunciar antes que traicionar su trabajo. “Siempre nos quedará YouTube”, decía Ana del Toro a su director de cine enamorado de Casablanca. Pero no fue así y el tiempo al final les dio la razón.

Un grupo de amigos y un presupuesto de 2.800 euros acumulado a través de un financiamiento en línea fueron más que suficientes para alcanzar el objetivo. “Hemos conseguido que la plataforma donde se encuentran todas las películas que han inspirado a Lú Belmonte haya reconocido esta influencia. Para mí esto es lo máximo”, asegura Fernández. Lú Belmonte se estrenó en Filmin un sábado de noviembre de 2021 y el lunes siguiente figuraba en la lista de las películas más vistas de la semana anterior. Desde entonces, Ana del Toro no puede pasear por el centro de Madrid con la gafas negras de sol y el abrigo de Lú sin que alguien la reconozca.

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