Carrera de tacones en Chueca: la ‘gacela del Orgullo’ vuelve a las andadas

La tradicional competición de la calle de Pelayo de Madrid durante las fiestas LGTBI ha vuelto a sus mejores años con decenas de participantes

Dos participantes de la carrera de tacones de esta tarde en Chueca.
Dos participantes de la carrera de tacones de esta tarde en Chueca.DAVID EXPÓSITO (EL PAÍS)

Arriba, en lo alto de un balcón con barrotes negros, un tipo de unos 40 años sale en calzoncillos a ver qué pasa. Falta una hora para la carrera de tacones del Orgullo de este año. La calle de Pelayo en el barrio de Chueca –en teoría dedicada al conquistador, pero hay otras teorías, será por pelayos— está, literalmente, a reventar. La pandemia ha pasado a la historia. Hay besos, abrazos, apretujones, por todos lados. Tres portales más adelante, un grupo de chicos de un tercero pone a Rosalía ―La Rosalía― que acaba de empezar la gira “Motomari” ―según dijo Ana Blanco este miércoles en el informativo y, si lo dice Ana Blanco, va a Chueca y a misa―. Una señora de unos 50 años frena en seco en un cruce de peatones:

―¿Qué sucede acá?―

Una chica que reparte una tarjeta de un laboratorio de análisis contesta:

―Es una carrera de tacones―.

―Ay, no te puedo creer―.

Y se marcha. Hay que verlo, para creerlo. Un segundo después, aparece Chulín con unos tacones. Chulín es José Moriano, un vallecano regordete, con nariz aguileña empapado con gotitas de sudor por brazos y sien.

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―Tengo un 47 de pie. Me ha costado encontrar los tacones―.

Chulín, de 27 años, cree que puede ganar ―en su carrera ha quedado el último— y dice que es su primera vez. Siempre hay una primera vez para taconear… en Madrid. Él, con un bañador de estos estrechos fosforitos que si uno se lo pone pasa desapercibido por una playa nudista, trabaja en una empresa de carga y descarga. Dice que ha estado practicando esta semana en el garaje de su amigo Samu. Unas zancadas por aquí y por allá. Con tiempo y todo: “Hago los 100 metros con tacones en dos minutos”. Los suyos, dicho sea, son rosas. De 12 centímetros. Se dice pronto, se corre lento.

La carrera de tacones empezó como empiezan las grandes citas. Con un y si… El ideólogo es Ricardo Murias, de 54 años, propietario de la tienda XXXMadrid ―“No pongas XX, que es porno. Es como si pones el corte en vez de El Corte Inglés”―. Lo divertido, cuenta, son los minutos previos, cuando los participantes empiezan a acicalarse. En la puerta está Torrija Azúcar, divina, y una de las árbitras de la carrera, con su peluca de rizos rubios, sus labios rojos carnosos y su vestido de lentejuelas: “Me encargo de que no haya trampas”.

—¿Cuánto tienen que medir los tacones?―.

―Siete centímetros―.

―¿Se pueden atar con cinta americana?―.

―Creo que sí―.

Como en las grandes finales, los árbitros fallan. De la nada aparece otra árbitra, también andaluza y de nombre Raquelita Torbellino. Responde a Torrija Azúcar.

―Niña, son 10 centímetros de tacón, no siete―.

El tamaño, obviamente, importa. La cantidad de periodistas y medios de comunicación es gigantesca. De Reuters a canales locales, pasando por la agencia de noticias francesa AFP. Todos los participantes pasan por sus cámaras, elegantes, presumidas, guapos, guapas. Todos buscan los 350 euros de premio. De Brasil ha venido Luciana Negrini, de 33 años. “Soltera, de izquierdas, quiero sumarme a la lucha contra la intolerancia”. Es la más lista, se ha traído como coderas y rodilleras un papel de burbujas.

Dos participantes, probándose los tacones antes de participar en la carrera.
Dos participantes, probándose los tacones antes de participar en la carrera.DAVID EXPÓSITO (EL PAÍS)

Al fin, todo listo. La carrera comienza con retraso. Los 30 portales de la calle están rodeados de gente por todos lados, como si fuera la meta de una etapa del Tour de Francia. Vítores, cánticos. Las árbitras dan el paso:

―Preparados, listos, ya―.

Un chaval delgadísimo corre como un guepardo y se adelanta al resto. No tiene rival. Tiene un piercing enorme que se adentra por los dos agujeros de la nariz. A mitad de una de las carreras, un vecino de un segundo tira un cubo de agua a los corredores. Hace calor, pero no contaban con semejante charco. Chumina Power, presentadora y drag-queen, no se anda con historias desde el escenario:

―No tires agua, eh. Subimos todas al piso y te lo hundimos, puta―.

No hubo más agua en las carreras restantes. “Quiero ver una rotura de tobillo, morbo, morbo”. Quizá un esguince sí que hubo. También una caída. Llega la final. El chaval que parecía una gacela se lleva el botín. Los veteranos cuentan que también fue el último ganador antes de la pandemia. Los perdedores, como el gran Chulín, se llevan a casa una bolsa con la estampa del Satisfyer. Pero sin él, claro.

Un corredor se cae durante la carrera de esta tarde en Chueca.
Un corredor se cae durante la carrera de esta tarde en Chueca.DAVID EXPÓSITO (EL PAÍS)

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