Viento del oeste e inversión térmica: así llega el humo de un incendio en Portugal a Madrid

La columna de humo recorre más de 300 kilómetros por el valle del Tajo hasta llegar al centro de la Península, sin obstáculos ni dispersión

Vista de Madrid desde un parque en Vallecas.
Vista de Madrid desde un parque en Vallecas.Álvaro García

El humo y el olor a quemado de un incendio en Portugal recorrieron este martes más de 300 kilómetros de la Península, según informaba el Centro de Emergencias 112 de la Comunidad de Madrid. Las partículas en combustión pasaron por diferentes provincias españolas, como Ávila y Toledo, hasta llegar a Madrid, en forma de una neblina blanca que cubría el cielo. ¿Cómo sucedió? Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), explica los factores que propiciaron su viaje: “Había un viento muy fuerte que procedía del oeste y llegó de manera directa. El humo se canalizó por el valle del Tajo hasta el centro de la Península, sin apenas obstáculos y sin dispersarse demasiado”.

Desde la AEMET descartan que fuera polvo sahariano. Los valores fueron menores de 50 µg/m3 en toda España, según las predicciones del Barcelona Dust Regional Center, el centro que gestiona y coordina la investigación de la Organización Meteorológica Mundial relacionada con las tormentas de arena y polvo. Tampoco podía ser contaminación atmosférica urbana, porque “no había prevista una mala calidad del aire asociada a la polución por partículas, algo impropio de la meteorología del verano y el poco tráfico de estos días”, explica otro portavoz de la AEMET, Ricardo Torrijo.

Las partículas en suspensión son la acumulación de pequeños elementos, sólidos o líquidos no acuosos, en la atmósfera, generados por alguna actividad antropogénica (combustión de automóviles, industria, agricultura... ) o natural (incendios forestales, emisiones volcánicas...). Los niveles en las 24 estaciones de medición de aire repartidas por la capital registraron durante la mayor parte del día una calidad del aire “buena” o “muy buena”. Aunque, se detectó como “mala” o “regular” solo entre las 15.00 y las 16.00 en varios puntos, como en Castellana, Cuatro Caminos, Méndez Álvaro, Vallecas o Plaza Elíptica, según el Portal de Calidad del Aire del Ayuntamiento de Madrid.

El humo que se extendió por la meseta venía de un incendio en Portugal. Según el mapa de Copernicus, el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, el gran incendio activo el martes fue el del parque natural de Serra da Estrela. A pesar del gran trayecto, la columna permaneció sin dispersarse con una concentración suficiente para notar el olor a quemado y la neblina hasta llegar a la capital.

Otro factor que ayudó en su recorrido fue la inversión térmica. En las capas bajas de la troposfera, desde la superficie hasta los 2.500 metros de altitud, el viento del oeste era muy marcado. Y justo por encima, a partir de los 2.500 metros, la temperatura era un poco más alta que por debajo. “La inversión térmica, que es muy frecuente en invierno, pero también puede suceder en verano, convierte a esa capa en una especie de tapadera”, explica Del Campo.

¿Qué pasó entonces? Que el humo, además de ser transportado hacia el este rápidamente, no asciendó más allá de los 2.500 metros. Por ello, se quedó cerca de la superficie y, por lo tanto, el efecto era más notable. “Lo normal es que cuando se sube en altura, la temperatura baje. Pero, en este caso es un efecto contrario: sube en altura y la temperatura es más alta que por debajo”, explica el meteorólogo. A lo que añade que “es parecido a lo que ocurre en invierno cuando tenemos la boina de contaminación en Madrid”.

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A pesar de que fue algo sorprendente, no es la primera vez que sucede: “Las corrientes atmosféricas son capaces de trasportar partículas en suspensión miles de kilómetros, no solo cientos”. Un episodio similar ocurrió en 2019 en un incendio en la provincia de Tarragona, en la parte baja de la depresión del Ebro. “Como el viento iba del sureste hacia el noroeste, incluso en la Ribera de Navarra del Ebro, a casi 400 kilómetros de distancia, también se notó algo parecido a lo que pasó ayer en Madrid. Tampoco es raro que el polvo en suspensión del desierto del Sáhara se localice en Puerto Rico”, recuerda Del Campo. “Cuando estas corrientes de aire son muy favorables, pueden trasladar miles de kilómetros las partículas de la combustión en forma de humo o polvo en suspensión en cuestión de horas”, admite el meteorólogo.

Pero ¿fue el humo nocivo o perjudicial? Del Campo concluye lo siguiente: “Yo diría que no porque tampoco fue mucho tiempo. Hubo algún pico puntual en el que la calidad del aire por material particulado fue mala o regular, pero no llegó a superar el umbral medio diario recomendado”. Las partículas gruesas con un diámetro de 10 micrones o menos pueden penetrar y alojarse profundamente en los pulmones, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero, según el Portal de la Calidad del aire del Ayuntamiento de Madrid, ninguna de las estaciones superó este martes los valores medios fijados por la OMS: 45 μg/m3.

Aunque sí lo hicieron las partículas finas (15 μg/m3) en todas, menos en una: la de Escuelas Aguirre. Las partículas finas que tienen un diámetro de 2,5 micrones o menos resultan aún más dañinas para la salud porque pueden atravesar la barrera pulmonar y entrar en el sistema sanguíneo, según la OMS. Pero, para Ricardo Torrijo lo que ocurrió el martes fue algo excepcional: “Si es puntual no es lo mismo que una exposición crónica”. Desde el Centro de Emergencias 112 de la Comunidad de Madrid explican que, a partir de primera hora de la tarde, la sensación de humo y olor a quemado que llegó por la mañana, fue disminuyendo, así como las llamadas de los ciudadanos. “No hubo ningún incendio reseñable en Madrid”, confirma este miércoles un portavoz. La columna de humo que venía de Portugal ya había pasado.

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