Tierra Estella, los 73 pueblos navarros a la vanguardia de la creación de empresas

Con 140 negocios al año, esta merindad se encuentra a la cabeza en la generación de empresas en toda Navarra. Su hoja de ruta: cubrir los servicios básicos para asentar población, impulsar la digitalización para atraer trabajadores, promocionar el emprendimiento entre los jóvenes y potenciar los negocios digitales de sus artesanos y productores

Tierra Estella, los 73 pueblos navarros a la vanguardia de la creación de empresas

La descripción que Andrea Ayucar hace de cualquiera de sus mañanas en Ibiricu de Yerri (Navarra), el pueblo de 55 habitantes en el que vive, dista mucho de la imagen que la mayoría de las personas tiene cuando escucha la palabra rural. Cuando abre las ventanas, ve pasar una bandada de buitres y escucha a los pájaros mientras se conecta a Spotify para despertarse del todo; antes de irse a trabajar, sale a recoger el pan al toque de la bocina del carro del panadero o a atender a un repartidor que le trae cualquier pedido realizado a través de internet; y tarda 35 minutos en recorrer en coche los 45 kilómetros que hay hasta su puesto de trabajo, el hospital de Pamplona, desde una vivienda de su propiedad que, asegura, jamás se hubiera podido comprar en una gran ciudad. “Vivir aquí no es como mucha gente piensa. Las cosas están cambiando [en las zonas rurales]. Están dando más facilidades para ir a vivir a los pueblos y los jóvenes lo estamos haciendo. Puedes hacer trámites con el móvil, las carreteras están mejor y se están llevando a cabo muchos proyectos culturales y de emprendimiento. Ya no estamos aislados ni atrasados”, explica Ayucar, de profesión sanitaria.

El municipio donde reside esta joven es uno de los 73 que conforman Tierra Estella, una de las seis merindades de Navarra (división territorial de carácter histórico) que, desde hace varios años y con la ayuda de la Administración, universidades, empresas privadas y entidades como Correos, lucha para evitar que sus pueblos sigan vaciándose. Su mapa de ruta consiste en impulsar la digitalización rural, promover el emprendimiento entre los jóvenes y, apoyándose en las comunicaciones que vertebran la zona, fortalecer y proteger el modo de vida de sus artesanos y productores, adalides de la identidad cultural estellica. A pesar de que, lentamente, el número de vecinos de la mayoría de los pueblos de este territorio continúa decreciendo, los resultados de estos proyectos de desarrollo son alentadores: Tierra Estella es la única merindad de la región con datos positivos en creación de empresas y el interés de los jóvenes por vivir en estas pequeñas localidades no ha dejado de crecer gracias a la llegada de servicios básicos, como internet de banda ancha para poder teletrabajar.

El primer reto: acercar servicios básicos e infraestructura viaria

Uno de los primeros efectos de la despoblación rural es la lenta y continuada desaparición de servicios básicos: las tiendas de alimentación y las entidades bancarias echan el cierre, el transporte público reduce el horario, el sector primario y la artesanía no encuentra relevo generacional, las oportunidades laborares para los jóvenes se esfuman... Luis María Aramendia lo sabe bien. Durante décadas ha sido cartero rural en la zona y, cada día, recorre (40 kilómetros en coche y ocho a pie) las carreteras y calles de los pueblos de Bearin, Abarzuza, Úgar, Iruñela e Ibiricu de Yerri. “En algunos concejos de Tierra Estella viven únicamente cinco personas. Solo viajamos allá el panadero, un camión de frutas o verduras y el cartero”, explica Aramendia. Para paliar esto, Correos puso en marcha hace unos meses un proyecto en el que sus carteros rurales, armados con una PDA, acercan a estas personas las mismas prestaciones que el operador logístico ofrece habitualmente en muchas de sus oficinas: pago de recibos bancarios, venta de sobres, sellos, entradas de conciertos, billetes de tren, embalajes e incluso entrega de dinero en metálico de las cuentas de ahorro de los clientes.

Andrea Ayucar posa en la puerta de su casa, en Ibiricu de Yerri (Navarra).
Andrea Ayucar posa en la puerta de su casa, en Ibiricu de Yerri (Navarra).Cedida por Luis Aramendia

José Pérez, agricultor jubilado de 81 años, es uno de los vecinos que cada día sale al encuentro de Aramendia en Úgar, un pueblo de 50 habitantes. “Es muy buena persona, nos trae todo. Eso de que ahora no tengamos que ir a la capital [Pamplona] para hacer los recados me parece muy bien”, cuenta Pérez. A su lado, Aramendia ríe y dice: “Hay servicios básicos que [aquí] no existen, pero ahora Correos se los acerca”, comenta.

La buena comunicación por carretera, dice el cartero, es lo que permite que los efectos de la despoblación, como el aislamiento o el desabastecimiento, azoten menos duramente a la Tierra Estella. “De cualquier pueblo estás cerca de la autovía y, desde allí, a 20 minutos de Pamplona”, dice. El territorio está vertebrado por la A-12 y varias carreteras nacionales (como la NA-120, NA-122, NA-132 o la NA-1110), que conectan la capital de la merindad, Estella, con Pamplona (a 42 kilómetros), con Logroño (48 kilómetros), con Vitoria (69 kilómetros) o con la frontera francesa, a menos de dos horas.

El cartero rural Luis María Aramendia, durante un día de reparto en Ibiricu de Yerri, en Navarra.
El cartero rural Luis María Aramendia, durante un día de reparto en Ibiricu de Yerri, en Navarra.Cedida por Luis María Aramendia

Es esa “inmediatez”, opina Aramendia, lo que hace que algunos jóvenes se estén mudando progresivamente a los pueblos, donde viven más tranquilos y los envíos de paquetería llegan rápido. “La red [de comunicación] ha mejorado mucho. Hay días que vas a uno de estos pueblos a entregar un paquete y la gente se sorprende. El otro día me dijo un cliente: “¿Cómo es posible que haya llegado ya, si lo pedí ayer a la noche y ha llegado hoy a la mañana? Es una barbaridad”.

El pasado julio, el operador logístico también comenzó a digitalizar las 2.295 oficinas y puntos de atención al cliente en localidades rurales (en toda España, esta entidad cuenta con 2.370 oficinas y 8.381 puntos de atención), entre la que se encontraba la de Los Arcos, en Tierra Estella. Eva Cardiel, también cartera rural durante más de 25 años y encargada de la atención al público de esta oficina, habla con satisfacción de que ahora, desde su puesto de trabajo, evitará que sus vecinos tengan que desplazarse a la capital para hacer gestiones y “perder todo un día”. Desde la semana pasada, en su oficina se puede pedir una subvención, digitalizar trámites con la Administración a través del servicio ORVE, solicitar documentos de la Dirección General de Tráfico, pagar una factura de la luz o sacar dinero de un cajero. Prestaciones que mejoran el día a día de la ciudadanía, pero también de los pequeños negocios.

Más de 140 negocios nuevos al año

El potencial comercial de los productos de la zona, muchos con denominación de origen (como el vino, el cava, el aceite, los pimientos del piquillo de Lodosa, el queso del Roncal o el de Idiazábal), es lo que la asociación TEDER (Tierra Estella Desarrollo Rural) ve como una solución para impulsar económicamente la zona. “Nadie es consciente de lo que hay aquí. Lo que queremos es unir a todos los productores, más de 200, y juntarlos en una plataforma virtual común para que, de esa manera, puedan mejorar su producción”, explica Iñigo Nagore, director de esta entidad sin ánimo de lucro. De momento, y sumándose a este objetivo, el ayuntamiento de Estella y la Asociación de Comerciantes de Estella ya han dado un paso y en junio abrieron una tienda web donde dan a conocer a más de medio centenar de establecimientos de la merindad y sus productos, más de 650 que serán distribuidos a través de Correos Express, la filial de paquetería urgentede de Grupo Correos. Un alivio para muchos de los comerciantes, que no disponen de grandes recursos logísticos para enviar su género por toda la Península.

TEDER también gestiona las ayudas europeas LEADER, cedidas por el de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Gobierno de Navarra, y, además, asesora, apoya y fomenta la apertura de nuevos negocios en los pueblos de la merindad. “Muchas veces estudiamos qué servicios se necesitan en cada municipio y lanzamos la posibilidad para que alguien emprenda en esa línea. También evaluamos las ideas que vecinos nos hacen llegar, si son viables o no. Les orientamos y les ayudamos a acceder a las ayudas. Estamos muy satisfechos porque, en un año normal emprenden unos 140 negocios nuevos”, explica Nagore. Afirmación que concuerda con los datos ofrecidos por el Instituto de Estadística de Navarra, que indican que el número de empresas en la merindad ha crecido un 0,7%, desde 2016. Un aumento ligero pero que es un logro si se analizan los datos generales en toda Navarra, donde el número de empresas durante ese mismo periodo bajó un 1,3%.

La alta conectividad a internet en esta zona ha sido crucial para su crecimiento empresarial y social

Guzmán Garmendia, director general de Telecomunicaciones y Digitalización de Navarra, apunta que la digitalización y la mejora de la conectividad a internet“ ha sido ha sido absolutamente crucial para el crecimiento empresarial y social de la zona”, comenta Garmendia. Un cambio que para el alcalde de Arróniz (localidad de 1.047 habitantes), Ángel Moleón, está siendo “como vivir una nueva era” en la que sus vecinos ya pueden vivir “con los mismos servicios que una gran ciudad como Pamplona”. Una transformación, añade Moleón, que ha mejorado la calidad educativa, sanitaria, farmacéutica y laboral, especialmente para aquellos que necesitaban teletrabajar. “Desde la llegada de la pandemia, muchos de nuestros vecinos se han quedado en el pueblo trabajando. Eso ha abierto la posibilidad de que se asienten en él”, apunta el alcalde.

Innovación para hacer más sostenible la industria agroalimentaria

Impulsar a través de la innovación la industria agroalimentaria (sector que más empleo genera en la Tierra Estella, más de la mitad, según datos oficiales) es otra de las vías que la Dirección General de Desarrollo Rural del Gobierno de Navarra está llevando a cabo para atraer población. Este año, de hecho, la partida para fomentar los trabajos colaborativos entre agricultores y centros de innovación universitarios aumentó un 3,5%, de 1,45 millones de euros a 1,50 millones. Planes que, además de impulsar la rentabilidad del sector, generarán nuevos puestos de empleos.

Un tractor cruza una de las calles de Sartaguda, en Navarra.
Un tractor cruza una de las calles de Sartaguda, en Navarra.L. Rico

Uno de los proyectos más destacados en este sentido es el que está desarrollando la Asociación Allotarra de Agricultura y Ganadería Ecológica, la Fundación L’Urederra, el Centro de Interpretación de la Apicultura y la empresa aceitera Biosasun sobre el estudio y valorización de subproductos agrícolas del olivo para comercializarlos como materia prima en la industria alimentaria y nutracéutica (elaboración de productos medicinales fabricados con ingredientes naturales).

Otra iniciativa interesante es la de la empresa Granja Legaria, dedicada a la producción de huevos en el municipio que lleva su nombre (de 110 habitantes), de compostar la gallinaza (excrementos de las aves) y comercializarla como una alternativa a los abonos minerales tradicionales utilizados en el sector agropecuario, mucho más contaminantes. La inversión es de 1,5 millones de euros y espera alcanzar, cuando ponga en marcha el sistema de transformación (aún sin fecha), 25.000 kilos de compost al día. También en el ámbito de la sostenibilidad sobresale el proyecto Buruxa, impulsado por el Ayuntamiento de Valle de Yerri, la Universidad Pública de Navarra y el Instituto Navarro de Tecnologías e Infraestructuras Agroalimentarias, que estudia la recuperación y comercialización del espigamiento, es decir, aquellos alimentos que quedan en el campo tras la cosecha y no se venden (un tercio del total de la producción agrícola, según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).

Créditos

Redacción y guion: Julio Núñez
Fotografía: L. Rico
Coordinación editorial: Francis Pachá
Diseño y maquetación: Juan Sánchez y Rodolfo Mata
Coordinador de diseño: Adolfo Doménech

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