Deslenguada y cazafortunas: reivindicando a la primera Barbie de la historia en tiempos de ‘Barbiecore’

Celebridades como Kim Kardashian o Megan Fox vestidas de rosa chicle, unidas a las imágenes del rodaje de la película de Greta Gerwig, están generando una nueva mirada hacia la figura de la emblemática muñeca que quizás no es más que una vuelta a sus orígenes

De Bild Lilli, la deslenguada muñeca alemana en la que se inspiró la muñeca Barbie, a la Barbie de Greta Gerwig.
De Bild Lilli, la deslenguada muñeca alemana en la que se inspiró la muñeca Barbie, a la Barbie de Greta Gerwig.Getty Images

“Quiero ser como Barbie, esa tía lo tenía todo”, reza un cartel sobreimpreso en rosa chicle en una de las casi 5.000 fotografías que se encuentran en Instagram si se busca el término Barbiecore, una nueva tendencia en moda que invita a vivir la vida en rosa, como predijo Edith Piaf. Celebridades como Megan Fox, Kim y Khloé Kardashian y su hermana Kylie Jenner, Hailey Bieber o Dua Lipa ya han lucido el estilo en distintos formatos, adueñándose del rosa chicle en algunas de sus apariciones públicas. Las firmas Giorgio Armani Privé o Versace apuestan por un invierno de este color, como ya anticipó el diseñador Pierpaolo Piccioli para Valentino en la colección Valentino Pink PP, que mostró en marzo un total de 48 looks en fucsia. Las imágenes del rodaje Barbie, la próxima película de Greta Gerwig, responsable de Lady Bird o Mujercitas, y protagonizada por Margot Robbie y Ryan Gosling, han terminado de elevar a fenómeno viral una tendencia que ya no solo se centra en la moda, sino en todo un estilo de vida que se reapropia de un color cargado de estereotipos de género y reivindica una muñeca que, pese a haber pisado la luna cuatro años antes que Neil Armstrong y tener múltiples y envidiables propiedades, se sigue relegando a arquetipo de la feminidad tradicional y cursi.

Quizás la nueva mirada por la que apuesta Gerwig no es tan novedosa si se atiende a los orígenes de la muñeca más famosa del mundo. La precursora de la muñeca Barbie no era un producto para niñas: era una mujer frívola, deslenguada y cazafortunas. Se llamaba Lilli y era de origen alemán. Su primera aparición fue en el año 1952, en el lanzamiento del diario Bild. Todavía no era una muñeca de plástico, sino un personaje de una tira cómica en blanco y negro firmada por el humorista gráfico Reinhard Beuthien. Allí aparecía Lilli, una impresionante mujer rubia con cintura de avispa y el cabello recogido en una coleta, sentada frente a una tarotista, mostrándole una fotografía. En el texto se podía leer: “¿No puedes conseguirme el nombre y la dirección de este hombre guapo y rico?”. La viñeta fue un éxito inmediato.

Lilli era un producto de la posguerra: una mujer trabajadora e independiente, secretaria en una oficina, pero sin dinero suficiente para sus caprichos y consciente del efecto que causaba en los hombres a su alrededor. Divertida e irreverente. Sexualmente desinhibida. Solía coquetear con quien tuviera delante, siempre volvía o iba hacia una nueva cita y tenía la lengua muy afilada. Vestía faldas de tubo o pantalones ajustados, camisas blancas, medias de rejilla, corsés y altos tacones negros. En ocasiones, aparecía directamente en ropa interior. En una de las viñetas Lilli luce el cabello muy corto frente a un salón de belleza, y el texto reza: “Le prometí a todos mis amantes un trozo de mi cabello como recuerdo... este es el corte que me quedó”. En otra ilustración, un policía la increpa por llevar un biquini, ya que en Alemania por aquel entonces estaban prohibidos los trajes de baño de dos piezas: “Entonces, según usted, ¿qué parte del biquini desea que me quite?”. Otra de las viñetas hacía hincapié en su lado fiestero: “El amanecer es algo tan hermoso que siempre intento quedarme hasta tarde en el club para poder verlo”. En otra de ellas aparece en una cita en el cine con un hombre, frente a ellos, en la pantalla, los actores se están besando de manera apasionada: “¿Y qué te apetece hacer después del cine?”. En 1955, se produjo la primera muñeca Lilli.

Bild Lilli, nombre oficial de la muñeca, venía dentro de un tubo de plástico y llevaba un número del diario Bild bajo el brazo, iba vestida según la moda del momento y, además de la característica versión rubia, se hicieron versiones con cabello moreno o pelirrojo. Tenía dos tamaños, 30 o 19 centímetros, y un precio un tanto elevado para ser un juguete. Y es que no era un juguete para niñas, sino una figura de colección para aquellos adultos que consumían cada semana las viñetas de la descarada Lilli. Bild Lilli nació como broma entre adultos y se vendía en estancos, bares y quioscos. Tal y como contó la periodista Jennifer Latson en un artículo en Time sobre la inspiración de la muñeca más famosa del mundo, en aquella época, los hombres compraban sus muñecas Lilli como regalos de broma en las despedidas de soltero, era habitual encontrarlas sobre el salpicadero de su coche o verlas colgadas del espejo retrovisor, y se las regalaban a sus novias como recuerdo sugerente. Sin embargo, Bild Lilli también fue una sensación entre niñas y preadolescentes y, muy pronto, se abrió todo un mercado de complementos para que las pequeñas de la casa pudiesen cambiar su ropa, subirlas a un coche o meterlas en una casita.

De derecha a izquierda: uno de los primeros modelos de la muñeca Barbie, similar a Bild Lilli, la emblemática Barbie Malibú y una de las versiones de la Barbie presidenta de los Estados Unidos.
De derecha a izquierda: uno de los primeros modelos de la muñeca Barbie, similar a Bild Lilli, la emblemática Barbie Malibú y una de las versiones de la Barbie presidenta de los Estados Unidos.Mattel

Una de estas adolescentes era la estadounidense Barbara Handler, que en 1956 se encontraba de vacaciones en Suiza con su madre Ruth cuando Bild Lilli llamó su atención. Ruth Handler, cofundadora de Mattel, ya había notado cómo su hija recortaba figuras de las revistas para jugar con ellas, dejando a un lado los muñecos de trapo o los bebés de plástico que, por aquel entonces, eran los juguetes habituales entre las niñas. Aunque su hija ya fuera un tanto mayor para jugar con muñecas, Ruth Handler atendió a su instinto todavía infantil. Aquel verano compró tres muñecas Lilli y se las llevó a su hogar en California. Tres años más tarde, en 1959, el mundo conoció a la muñeca Barbie. Bild Lilli, su inspiración, dejó de fabricarse en 1963.

Barbie podía parecer una versión edulcorada de Lilli, una chica que podía tenerlo todo: un cuerpo 10, un novio, una casa en Malibú, un descapotable y un currículo de varias páginas en el que ha ejercido más de 120 profesiones, entre las que se encuentran veterinaria, científica, piloto, azafata, editora de moda o presidenta de los Estados Unidos. En Alemania quedaron las larguísimas y tupidas pestañas negras y los labios rojo carmesí, como también las medias de rejilla. El blanco y el negro que había sido el sello de Lilli se volvió rosa Barbie, un color que, hasta los años cincuenta, no estaba asociado a ningún género, pues los bebés solían vestir en un siempre neutral color blanco.

Barbie no inventó el rosa, pero sí se apropió de la moda del momento: la mayoría de los historiadores fechan en 1953 la asociación del rosa con lo femenino. Fue durante la ceremonia inaugural de Dwight Eisenhower como presidente de los Estados Unidos cuando Mamie Eisenhower, la nueva primera dama, llegó al baile con un vestido rosa palo adornado con pedrería. Mamie Eisenhower encarnaba la imagen de la perfecta esposa estadounidense y el rosa era su color fetiche, hasta tal punto que la Casa Blanca fue bautizada durante la presidencia de su marido como el Palacio Rosa, debido a la cantidad de muebles y detalles de este color que abundaban en su hogar. Cuando Barbie nació unos años más tarde, el rosa era el color que encarnaba feminidad y tendencia, y Barbie no podía vestir de otra manera.

La reivindicación de la figura de Barbie y su inevitable asociación al color rosa es cíclica. Hace tres décadas, en 1997, ya hubo un primer atisbo de Barbiecore. Fue cuando el grupo danés Aqua lanzó su primer disco Aquarium y utilizó como primer single el pegadizo Barbie Girl, con el que vendieron más de ocho millones de copias y que se convirtió en uno de los grandes hits de final de siglo XX. En su videoclip, Lene Nystrøm, cantante del grupo, interpretaba una versión en carne y hueso de Barbie en un mundo coloreado de rosa. La pegadiza frase de antes del estribillo: “Venga, Barbie, vamos de fiesta” (C’mon, Barbie, Let’s Go Party) parecía ser una llamada a Lilli más que a su hermana estadounidense. En 2004, con el estreno de Chicas Malas, la comedia de instituto escrita por Tina Fey y protagonizada por Lindsay Lohan, que mostraba un mundo de chicas que se parecía a una jungla, volvió a rescatar la tendencia gracias a frases como “Cuidado con las plásticas” (en referencia al grupo de chicas populares del instituto cuya líder, Regina George, parecía enteramente una muñeca) o “¡Los miércoles vestimos de rosa!”. En el año 2016, tras la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, el rosa —chicle, fucsia y pastel— se puso de nuevo de moda, esta vez en forma de reivindicación, inundando las calles de Washington en una multitudinaria marcha de las mujeres que se replicó en muchas otras ciudades de Estados Unidos. Las responsables de la marea rosa fueron las mujeres de Pussyhat Project, que animaron a las participantes a adueñarse del color como forma de protesta. El rosa ya no era cosa de chicas, sino de mujeres.

El rosa se ha sacudido de encima el polvo de tocador y ñoñería para volverse símbolo de poder femenino y las celebridades que deciden convertirse en muñecas de carne y hueso pueden permitirse ser deslenguadas, coquetas, divertidas, complejas o irreverentes. Parte del éxito de Lilli también venía por sus imperfecciones, que lograban humanizarla pese a ser un ser inanimado de escasos centímetros: se le notaban las grietas, las costuras y los postizos del mismo modo que se le notaban sus faltas y sus ambiciones y, aun así, el público la quería. Puede que las nuevas versiones y revisiones constantes hacia Barbie no sean más que una vuelta a los orígenes, una aceptación de todo lo que estuvo bien desde el principio.

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