Cuánto tiempo hay que esperar para rehacer la vida tras la muerte de una pareja

Emparejarse tras quedar viudo o viuda en España es todavía poco común y está sujeto a cierta presión social. Los expertos insisten en que no hay tiempos establecidos en el duelo, pues estos son únicos

No hay ni un manual del duelo perfecto ni un tiempo del doliente perfecto, sino que el duelo es algo individual, según explican varios psicólogos.
No hay ni un manual del duelo perfecto ni un tiempo del doliente perfecto, sino que el duelo es algo individual, según explican varios psicólogos.OLIVER ROSSI (Getty Images)

Este verano, se publicaron unas fotografías en las que se veía a la actriz y presentadora Paz Padilla con quien parecía ser su nueva pareja. Como noticia sería en todo caso algo feliz, pero una parte de las personas que la vieron en redes sociales se deshizo en críticas hacia la protagonista. Cómo se atreve, todavía es muy pronto, no lo querría tanto. A lo que estas personas enfurecidas hacían referencia era al hecho de que Padilla se había quedado viuda “solo” dos años antes. Hace unos días, en una entrevista en el programa El Hormiguero —acudió para promocionar la obra de teatro El humor de mi vida—, la gaditana quiso lanzar una reflexión: “¿Qué tiempo hay que esperar para rehacer tu vida?”. Es decir, ¿en qué momento puede una persona que ha perdido a una pareja iniciar una nueva relación amorosa?

Hace unas décadas, cuando las normas no escritas del luto reinaban sobre la vida de, sobre todo, las mujeres, la respuesta era algo más clara: como se explicaba en un artículo en SModa de abril de 2021, por la muerte de un cónyuge podían ser entre dos y cinco años no solo vistiendo de negro, sino renunciando también a los placeres de la vida. Ahora esas costumbres son cosa del pasado, pero algo queda en la percepción social y en cómo se reacciona cuando se ve a una persona viuda iniciar un nuevo capítulo en su historia romántica. Las cencerradas que hace siglos denunciaban a las mujeres viudas que se embarcaban en una relación nueva son ahora comentarios que inundan las redes sociales.

Volver a emparejarse tras quedarse viuda o viudo todavía no es muy común en España, y lo es menos aún entre las mujeres. Según un estudio de 2011, solo el 4,3% de las mujeres viudas volvían a tener pareja. Se sabe también que cuanto más joven es la persona viuda las probabilidades de iniciar otra relación son mayores.

Paz Padilla, a sus 53 años, entra en ese segmento de viudas jóvenes (la edad media de las viudas en España está en los 77 años) más abiertas a nuevas relaciones. En cambio, entre las mujeres mayores de 65 años hay un rechazo generalizado a volver a emparejarse, según explica a EL PAÍS el sociólogo de la Universidad de Granada Juan López Doblas, que ha investigado mucho sobre las personas mayores que viven solas. “Cuando sale el tema, hay discursos diferenciados por género y las mujeres no responden con un ‘no’. Responden con un ‘no, no, no, no, no’. El rechazo es profundo y generalizado, y da igual que tengan 66 que 96″. Lo que rechazan, en realidad, es más la convivencia, y las más jóvenes están algo más abiertas a relaciones en las que no se comparte casa (lo que en inglés llaman living apart together). También son distintas las razones que dan para justificar por qué no quieren volver a convivir con una pareja: entre las mayores hay argumentos más tradicionales, como el no querer sustituir a su esposo o el miedo al qué dirán; en la generación siguiente, que puede ser de 70 o 60 años, se habla más de no perder la libertad o no querer volver a cuidar.

Sobre lo que no hay datos es sobre el tiempo que pasa desde el fallecimiento de la pareja hasta el inicio de una nueva relación entre quien sí lo hace. Sí hay un estudio publicado en 1996 en Annals of Clinical Psychiatry que pinta en San Diego (Estados Unidos) un panorama muy distinto al español: 25 meses después de la muerte del cónyuge, el 61% de los hombres y el 19% de las mujeres estaban inmersos en una nueva relación romántica. La muestra era pequeña y muy concreta, pero el estudio concluyó también que, en general, esas personas solían mostrar mayores índices de bienestar emocional. ¿Son esos dos años (o menos) la respuesta?

No hay tiempos

Decidir si alguien está preparado o no para una nueva relación basándose únicamente en el tiempo carece de sentido, aseguran los expertos consultados.
Decidir si alguien está preparado o no para una nueva relación basándose únicamente en el tiempo carece de sentido, aseguran los expertos consultados.Morsa Images (Getty Images)

“No hay ni un manual del duelo perfecto ni un tiempo del doliente perfecto, sino que el duelo es algo individual”, explica Valeria Moriconi, psicóloga, psicooncóloga y responsable Servicio Apoyo al Duelo Covid-19 del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. “Clínicamente podríamos decir que alrededor del año es cuando debería poder estar aceptada la pérdida y las emociones deberían ser menos intensas, pero sabemos que es un criterio general, hay que adaptarlo a la persona y a sus circunstancias”, asegura.

Esto mismo es lo que recalca la también psicooncóloga y psicóloga especialista en duelo Paloma Romero: todos los duelos son únicos, por lo que no tiene mucho sentido hablar de tiempos. “El duelo va a estar condicionado por el presente y pasado de las personas, por las circunstancias de la muerte, por sus fortalezas, debilidades, fragilidades… Todo eso lo que va a hacer es dar forma a ese duelo, una forma única que no se parece a la de nadie más”, detalla. Decidir si alguien está preparado o no para una nueva relación basándose únicamente en el tiempo carece de sentido, asegura.

Como ejemplo de esas circunstancias y ese contexto necesario, Romero indica que, en el caso de Paz Padilla y su marido Antonio Juan Vidal —fallecido en julio de 2020 por un cáncer de cerebro—, posiblemente se diera también un duelo anticipado. “La gente entiende que lleva dos años en duelo porque, desde que falleció su marido, lleva dos años viuda. Pero el duelo, cuando hablamos de enfermedades degenerativas con mal pronóstico como pueden ser enfermedades oncológicas, en muchas ocasiones empieza antes. Es una enfermedad que deteriora a la persona progresivamente, son pequeñas pérdidas que suceden delante de tus ojos”, explica la experta. Si has estado viviendo ese duelo anticipado y siendo consciente de él, no bloqueándolo, has estado acompañado de profesionales y trabajándolo, a lo mejor ese momento de “rehacer tu vida” llega antes, indica. “O a lo mejor no, es muy difícil hablar en general”, insiste.

Más que de tiempos, ambas especialistas en duelo hablan de una adaptación emocional. “El duelo no es una patología, algo que se cura o recupera, es un proceso. Y no es lineal, es más como un viaje en montaña rusa, en el que hay subidas y bajadas”, explica Paloma Romero. “El proceso consiste en que si al principio hay más dolor que amor y tú vas por la vida con la imagen de la persona delante, es difícil ver por dónde vas, cuesta avanzar. Cuando vas integrando el duelo, todas estas cositas particulares que te daba esta relación, lo que pasa es que la proporción de dolor y amor tiende a invertirse. Dolor va a haber siempre, pero sobre todo existe el amor de lo que esa relación te ha dado, y en vez de estar delante lo tienes al lado. Es algo que no entorpece, que te acompaña, que hincha velas y que no es incompatible con otras cosas. A lo mejor hay quien quiere rehacer su vida en términos de encontrar otra pareja y fundar otra familia, o hay quien lo hace retomando una profesión o haciendo cosas que no ha podido hacer antes, por la razón que sea”, ejemplifica.

En el duelo hay también una recolocación de amor y asunción de nuevos roles. “El duelo no se concluye”, apunta Valeria Moriconi, “hay una adaptación emocional a la pérdida, un recolocar al ser querido en tu vida. Aunque no esté físicamente contigo, el amor no se acaba. Pero se redistribuye y es el eje que te empuja a reengancharte en la vida”.

La persona que ha sufrido la pérdida, el doliente, debe aprender a vivir en esa nueva realidad. “Uno de los trabajos más difíciles es volver a encontrar el rol dentro del día a día, tareas que antes estaban compartidas y ahora hay que asumirlas sola o compartirlas con otra persona. Dejo de ser esposa y empiezo a ser viuda. Con ese nuevo rol es cuando puedo enfrentarme a la sociedad con otros pilares y puedo dar espacio a los demás”, elabora.

La presión social

En ese proceso tan personal y único, la presión social suele aparecer siempre llegado un momento, en un sentido o en el otro. “La sensación que tienen los dolientes es que hagan lo que hagan hay quien tiene que decir algo al respecto”, asegura Moriconi. Así, igual que a Paz Padilla se la critica por haber iniciado una relación, existe también quien siente la presión inversa, la de tener que haberlo superado ya, como le pasaba a Hamlet cuando lo criticaban por seguir llorando a su padre cuando ya había pasado un tiempo. “A partir de cierto momento en el duelo, entre los seis y los ocho meses, es habitual que los pacientes empiecen a recibir mensajes de su entorno animándoles a hacer cosas y ellos pueden tener problemas para gestionar esta presión”, explica Paloma Romero.

“Sostener el dolor ajeno es muy difícil. Una parte de la presión social quizá pretende animar a los dolientes a estar mejor de como están, con indicadores a lo mejor muy tontos como salir o qué se ponen. Porque verles así les duele y entienden que lo están haciendo por su bien. O simplemente está la falta de contexto que impide empatizar”, añade.

Esta presión, externa e interna, puede hacer que haya también quien se embarque en una nueva relación cuando aún no está preparado. “Si me meto dentro de cualquier tipo de relación como forma de evitar lo que estoy sintiendo por la falta de la persona que ya no está, eso es un tapón. Y no hay tapones herméticos. El peligro de ir evitando ese duelo es que antes o después igual se me vuelve a presentar de bruces en la cara”, advierte Valeria Moriconi.

Por otra parte, rehacer la vida no significa necesariamente encontrar una nueva pareja. Moriconi prefiere la expresión “reengancharse a la vida”, una nueva etapa que puede tomar muchas formas y que puede ser distinta a la anterior. “La pareja no significa que el duelo esté más o menos superado. No es un índice. Se trata de volver a abrirse al mundo y tener esas raíces de amor con una persona que ha fallecido. Se pueden crear nuevos lazos, sean de amistad, amor, profesionales, personales… Si quieres incorporar una nueva pareja, fenomenal, pero a veces eso no quiere decir absolutamente nada”, añade.

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