De Tamara Falcó a Risto Mejide: por qué es mejor dejar de seguir a tu expareja en redes sociales

Según la teoría de la realidad aumentada, no existe diferencia entre nuestra vida ‘online’ y la ‘offline’ o, dicho de otro modo, el dolor de encontrarse a un antiguo amor en un bar puede ser el mismo que cruzársela en ‘stories’

Tamara Falcó junto a Íñigo Onieva en una escena del 'reality' de Netflix 'La marquesa'.

Durante los últimos tres días, las redes sociales han permitido a miles de usuarios observar la caída en picado de una relación vendida como un cuento de hadas sin tan siquiera levantarse del sofá: apenas 48 horas más tarde de anunciar su boda en Instagram, Tamara Falcó eliminó la fotografía junto a su ya más que probable exprometido, el empresario Íñigo Onieva, donde aparecían fundiéndose en un romántico beso mientras ella mostraba una mano ensortijada con el anillo de pedida. No le faltaban razones a la marquesa de Griñón: un día después de publicar la feliz estampa, salió a la luz un vídeo de Onieva besando a otra mujer durante un festival de música. A pesar del comunicado del empresario pidiendo disculpas (”Quiero a Tamara con locura”, escribía en su cuenta de Instagram), nada ha conseguido evitar la ruptura que todo internet se veía venir. Esta mañana, Tamara Falcó e Íñigo Onieva pusieron el punto final a su relación a la manera más 2.0 posible: la pareja dejó de seguirse en redes sociales.

Otra mediática pareja sorprendía este fin de semana con una ruptura inesperada que, sin embargo, tenía un final similar a la de Falcó y Onieva: Risto Mejide y Laura Escanes anunciaban a través de sendos comunicados también en Instagram que seguirán sus vidas por separado después de siete años juntos y una hija en común. Minutos después del anuncio, cada uno gestionó la situación en redes a su manera. La influencer, por el momento, no ha realizado ningún movimiento más, pero el presentador decidió dejar de seguir la cuenta de Escanes de inmediato. La sutil acción de pulsar el botoncito de ‘dejar de seguir’ se ha convertido para seguidores y medios en uno de los detalles que oficializan el fin de cualquier relación, especialmente, cuando se trata de personajes públicos. Sin embargo, y aunque el hecho de dejar de ver (o querer dejar de ver) a la persona con la que acabas de terminar una relación es algo natural en el proceso de duelo, las personas (ya sean famosas o anónimas) siguen sin saber cómo gestionar sus redes sociales después de una ruptura.

“Cualquiera de estas cuatro personas está entrando en un proceso de duelo”, explica a EL PAÍS Elena Daprá, psicóloga sanitaria experta en bienestar psicológico y vocal de sección del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. “Es decir, dejan una relación y tienen que soltar a la otra persona y soltar la relación”. Tal y como advierte la psicóloga, este proceso es duro, tiene una serie de fases y es importante entrar en ellas de una manera sana para evitar que un duelo natural se convierta en un duelo patológico: “¿Por qué es importante el hecho de dejar de seguirse en las redes? Porque no se trata de dejar de seguirse, se trata de cerrar un círculo, y una persona no puede hacerlo si está en todo momento recibiendo noticias de la otra persona”.

La pregunta “¿Debería eliminar a mi ex de redes sociales?” arroja más de 2,7 millones de respuestas en Google. Según Daprá, en su consulta le hacen esta pregunta prácticamente a diario: “La pregunta siempre es: ‘¿Qué tengo que hacer con mis redes?’. Es decir: ‘¿Qué tengo que hacer con algo que me va a lanzar un estímulo constante de esa otra persona que me ha dejado o a la que he dejado y así poder pasar página?”. Pese a que la mayoría de los seres humanos saben más o menos qué sucede durante el duelo que llega después de una ruptura, resulta más confuso aplicar los mismos protocolos en el universo digital, cuando la incomodidad de encontrarse a un ex ya no disminuye evitando ir los bares y los lugares de siempre, sino que ahora su imagen y todo aquello que está haciendo la otra persona puede cruzarse de manera inesperada cualquier día y a cualquier hora mientras se hace scroll en Instagram.

La confusión en torno a cómo actuar en este tipo de situaciones deriva de la falsa creencia en un dualismo digital, entendido como una forma de ver el mundo en el que la realidad online y la offline se encuentran separadas. El término fue acuñado por Nathan Jurgenson, teórico de redes sociales, autor y fundador del blog Cyborgology, quien, frente a esto, apostaba por el concepto de realidad aumentada: “Nuestra realidad es al mismo tiempo tecnológica y orgánica y de la misma forma física y digital. No entramos y salimos del mundo digital y físico igual que hacen en Matrix; vivimos en una única realidad, una aumentada por átomos y bits”.

Numerosos estudios apoyan la teoría de Jurgenson: encontrarse a una expareja en un bar puede tener el mismo efecto que cruzársela en un stories, el dolor sigue siendo dolor en persona y en redes sociales. En 2012, la psicóloga Tara Marshall llevó a cabo un estudio entre 464 participantes que se encontraban en un proceso de ruptura. El resultado, titulado Facebook surveillance of former romantic partners: Associations with post-breakup recovery and personal growth (Vigilancia en Facebook de exparejas: asociaciones con recuperación posruptura y crecimiento personal), reveló que mirar el perfil de una expareja en Facebook se asociaba con sufrir mayor angustia por la ruptura, aumentaba los sentimientos negativos, de deseo sexual y de añoranza por el antiguo amor, y mostraba un menor y más dilatado desarrollo personal. Estudios más recientes, que contemplan nuevas plataformas sociales más allá de Facebook, revelan resultados similares: mirar el perfil de la persona con la que has roto provoca aumento del estrés y la tristeza, y produce que el avance hacia una recuperación sea más lento.

“La situación es exactamente la misma que cuando no teníamos redes”, explica Elena Daprá a EL PAÍS, que aporta como ejemplo medidas clásicas que la mayoría de las personas ponen en marcha tras una ruptura, como pedir a amigos que no revelen información sobre el otro o evitar determinados lugares donde pueda estar. “Es decir, las personas nos alejamos para tomar perspectiva, que es justo lo que necesitamos en esos momentos, por lo tanto, si yo tengo estimulación constante en redes sobre la otra persona, el duelo resulta más difícil, puesto que no hay verdadera distancia”. La psicóloga recomienda evitar toda estimulación, ya sea esta offline como online: “Si antes le pedíamos al ex que no escribiera o no llamara, ahora somos nosotros los que tenemos que actuar de manera activa. Y lo mejor es el contacto cero. También en redes sociales”.

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