El inglés, cuenta pendiente también en la Universidad

El número de grados en inglés aumenta lentamente mientras los alumnos de la enseñanza bilingüe llegan a la Universidad

atakan (Getty Images)

Solo el 7,7% de los grados ofertados en España por todas las universidades son bilingües, según el último informe publicado de La Universidad Española en Cifras 2017-2018. Un dato al que se une el hecho de que, según el EF English Proficiency Index 2021, un ranking que evalúa el nivel de inglés en más de 120 países, España ocupa la posición 25ª de los 35 países europeos evaluados. Y lleva desde 2012 estancada en un nivel medio.

Isabel Gutiérrez Calderón, vicerrectora de estudios de la Universidad Carlos III de Madrid, reconoce que “el punto de partida en las universidades españolas no ha estado a la altura de otros sistemas europeos”. En España, la enseñanza bilingüe no universitaria está a punto de cumplir dos décadas y, según el Ministerio de Educación, cuenta con más de 1,4 millones de alumnos. Sin embargo, el conocimiento de idiomas no termina de despegar; en 2007, un estudio de Eurostat afirmaba que el 46,6% de los españoles de entre 25 y 64 años no conocían ninguna lengua extranjera, y nueve años después, en 2016, ese porcentaje apenas había variado (45,8%).

“Remontar esta trayectoria y atraso histórico ha requerido y va a seguir requiriendo mucho esfuerzo”, afirma Gutiérrez Calderón, que pertenece precisamente a la universidad pública que más destaca en su apuesta por el bilingüismo. “Los recursos —profesorado, materiales de aprendizaje, plataformas— y la transformación —­metodologías didácticas, estrategias, interactividad— que lleva aparejada la enseñanza bilingüe obligan a realizar inversiones que no siempre pueden abordarse con los presupuestos y en los periodos que sería deseable, especialmente en las universidades públicas, donde las limitaciones financieras y normativas son mayores”, justifica.

Lo cierto es que, sin prisa, pero sin pausa, el bilingüismo se va abriendo camino en la Universidad española, consciente de lo atractivo de estos grados para los alumnos. Este sistema se incrementa en los másteres —­al ser más cortos, los recursos necesarios son menores— y en las universidades privadas (un 17,8% frente un 7,7%). Entre las públicas destacan, según ranking de la Fundación CYD (Conocimiento y Desarrollo), el think tank del Banco Santander, la Carlos III (con un 71% de los grados) y la Autónoma de Barcelona, junto con las privadas Ramon Llull, la Universidad de Navarra y la Universidad Pontificia de Comillas.

Otro punto relevante de estos programas es su capacidad para atraer alumnos extranjeros, cuyo número actualmente roza los 160.000, un 27,5% de los estudiantes de doctorado, el 21,3% de los de máster y el 6% de los de grado, según datos del Ministerio de Universidades.

Docentes nativos, ¿sí o no?

Para poder acceder a los grados bilingües es habitual que se exija una prueba o la posesión de certificados oficiales que acrediten un nivel suficiente. Tanto a los alumnos como a los profesores, a los que se suele exigir no solo el dominio del idioma, sino también una alta capacidad de comunicación en él. Gutiérrez Calderón resta importancia al hecho de que sean o no nativos, pero considera que “resulta necesario tener una amplia experiencia docente e investigadora en el ámbito internacional, ya que en él se suele trabajar en inglés”.

Sin embargo, para Xavier Gisbert, de la Asociación Enseñanza Bilingüe, “la formación que se ofrece a los docentes de los programas bilingües es, en opinión de ellos mismos, insuficiente tanto en cantidad como en calidad. La oferta suele centrarse sobre todo en los aspectos lingüísticos y descuida los metodológicos”. La clave está en que no se trata de enseñar otro idioma, sino de enseñar en otro idioma. En este tipo de grados, al menos el 50% de la carga académica es en inglés, implicando, por tanto, que los exámenes, exposiciones, prácticas o interacciones se realizan en ese idioma.

Efectos en el enseñanza

Sobre cómo afecta esto al aprendizaje, el estudio Evaluating a Bilingual Education Program in Spain: The Impact Beyond Foreign Language Learning, realizado a los primeros estudiantes que terminaron la primaria en un sistema bilingüe, mostraba “un claro efecto negativo y cuantitativamente sustancial”, aunque no lograba acertar con los motivos.

Gisbert, por su parte, remite al informe La enseñanza bilingüe en España y sus efectos en los resultados académicos. Una aproximación desde PISA 2018, llevado a cabo por su asociación y centrado en la Comunidad de Madrid. En él se afirma que este tipo de enseñanza no produce ningún efecto negativo en el resto de materias, al tiempo que pide una mayor transparencia en los datos y unos criterios de evaluación claros. La realidad es que la mayoría de los análisis se han llevado a cabo en enseñanzas no universitarias y son poco extrapolables dado además que los sistemas bilingües no son los mismos en todas las comunidades autónomas.

Gutiérrez Calderón explica que en la Carlos III “los resultados académicos de los estudiantes de un mismo grado, en grupo español o inglés son muy similares”, aunque sí matiza que “en asignaturas y carreras menos técnicas y cuantitativas, cuyas pruebas y procesos de evaluación consisten en responder preguntas de desarrollo, solucionar problemas de manera discursiva y argumentar, interpretar, etcétera, el idioma materno permite mayor fluidez y dota de más recursos y giros al estudiante”.

Curiosamente, según el último informe de La Universidad Española en Cifras que trata este asunto, “la rama de Sociales y Jurídicas concentra el mayor porcentaje del total de las titulaciones bilingües en las universidades privadas, en tanto que en las públicas la rama de Artes y Humanidades es la que presenta un mayor porcentaje. Las titulaciones de las ramas de Salud y Ciencias son las menos representadas en el conjunto de las ofertas de grado bilingües de las universidades públicas y privadas presenciales”.

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