Formaciones para un futuro verde

La transición hacia una economía sostenible traerá consigo nuevos trabajos y la readaptación de los existentes y, por lo tanto, la necesidad de una mano de obra cualificada

Estudiantes de ingeniería en una clase sobre diseño de paneles solares.
Estudiantes de ingeniería en una clase sobre diseño de paneles solares.SolStock (Getty Images)

En los centros de hoy se forma a los profesionales de mañana, un mañana que ya está marcado, entre otros factores, por la emergencia climática y medioambiental, y la necesidad de sistemas y modelos sostenibles. En los últimos años, las formaciones en diferentes ámbitos estructuradas sobre los aspectos mencionados se han ido abriendo paso en la oferta educativa y las empresas buscan cada vez más profesionales enfocados en ello.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) defiende que la juventud, gracias a su formación más contemporánea y su creatividad e ingenio, está en una buena situación para beneficiarse del crecimiento de las economías verde y azul. La institución estima que se crearán 24 millones de empleos —mientras que se perderán 6 millones— como resultado únicamente de la consecución de los Acuerdos de París para la reducción de emisiones, y otros 6 millones más a raíz de la economía circular. Sin olvidar que unos 1.200 millones de trabajos dependen de un medio ambiente sano y estable.

La senda hacia una economía más verde traerá de la mano nuevos trabajos y adaptaciones de los existentes que requieren nuevas capacidades. “Sin mano de obra debidamente preparada, la transición será imposible”, apunta la OIT, que asegura que la falta de trabajadores se está empezando a traducir en un cuello de botella en ciertos sectores, como las energías renovables o la fabricación, entre otros.

Para aquellos que cuando se preguntan qué quieren hacer profesionalmente piensan en estos datos y encuentran que la preocupación medioambiental es una parte importante de la respuesta, hay cada vez más opciones. Desde la formación profesional como técnico en Producción Agroecológica hasta un máster en Diseño Sostenible o en Energías Renovables, pasando por un grado en Gestión de Ciudades Inteligentes y Sostenibles, entre otras titulaciones.

“Son jóvenes muy comprometidos”, dice Álvaro Luna, doctor en Biología y profesor del grado en Medio Ambiente y Sostenibilidad de la Universidad Europea, sobre los alumnos matriculados en el curso inaugural que comienza este mes septiembre. En el grado, cuenta, apuestan por un enfoque moderno y orientado a lo que pide el mercado. “Formamos en nuevas tecnologías, en análisis de datos, en las herramientas más modernas de conservación, en explotación sostenible de los recursos naturales, asesoramiento a empresa y políticos, derecho ambiental…”, relata el docente.

El mercado, cuenta Javier Blasco, director de Adecco Group Institute, demanda cada vez más profesionales relacionados con la sostenibilidad. “Y, además, es algo que se ha diversificado mucho”, asegura. Dos aspectos en los que coincide Óscar Gutiérrez, director de responsabilidad social corporativa de Randstad: “Al final, muchas compañías están metiendo dentro de su propósito todo objetivo de desarrollo sostenible y realmente se buscan profesionales”.

Anteriormente, cuentan los expertos, los perfiles más relacionados con la sostenibilidad se circunscribían principalmente a carreras técnicas. “Lo que está ocurriendo es que hoy el entorno del empleo verde es muy amplio”, comenta Blasco. “Hasta ahora, yo creo, se cogía más un perfil técnico, gente, por ejemplo, de reporte de información no financiera; pero en el ámbito industrial todo está ya relacionado con el medio ambiente, y es algo que está afectando de manera transversal a muchos puestos”, añade Gutiérrez.

En el máster de Economía Circular: Aplicación a la Empresa que imparte la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) coinciden alumnos que acaban de terminar un grado u otro máster con profesionales que buscan formarse o reforzarse en esa área. El programa, relata Rikardo Mínguez Gabiña, director del título, compagina créditos teóricos con una parte importante de prácticos impartidos por empresas. Es multidisciplinar y con ello consiguen un alumnado muy heterogéneo: “Tanto de perfil de ingeniería como de Ciencias Ambientales o de Economía, principalmente”.

Las compañías buscan perfiles que puedan contemplar variables como economía circular, huella hídrica, huella de carbono, gestión de residuos, etcétera. “La empresa quiere un profesional que sea un poco más polivalente, que pueda trabajar tanto en la parte de economía circular del producto como también de la propia empresa”, cuenta Mínguez Gabiña. Una de las principales salidas es la consultoría.

Mayor profundización

Hoy por hoy, los currículos de carreras no obvian la sostenibilidad, pero la suelen abordar de manera tangencial. “Normalmente se da de manera transversal, pero inespecífica”, dice Jon Marín, coordinador, junto a Markel Cormenzana, del máster en Diseño Sostenible e Impacto Social del IED. “Entonces yo creo que muchas diseñadoras, cuando salen de hacer un grado, se ven con la necesidad de profundizar un poco más”.

Luna, de la Universidad Europea, comenta que en muchas disciplinas se da una noción mínima. “Es algo que en gran medida tenemos pendiente, muy pendiente”, dice. “Estos temarios no se ven antes en los grados que hay de ingeniería”, asegura Juan José Coble, director del máster en Energías Renovables y Eficiencia Energética de la Universidad Nebrija, sobre el programa. “Se ve un poquito, pequeñas trazas de renovables aquí y allá, de ahorro y eficiencia, pero no se ve tanto contenido, con tanta intensidad y profundidad”.

El energético es uno de los segmentos en los que más se nota el impulso verde. “Está cambiando el paradigma energético y entonces se nota en las empresas, en los sectores, y cada vez tenemos más alumnos”, cuenta Coble. Los estudiantes del máster suelen ser ingenieros jóvenes, y la empleabilidad, dice, es muy alta. “Al punto de que el máster comienza en octubre, empezamos con las prácticas normalmente a finales de enero y febrero, y para finales de marzo o principios de abril tenemos al 80% u 85% de los alumnos en prácticas o con contratos indefinidos”.

Entre los alumnos del grado en Gestión de Ciudades Inteligentes y Sostenibles de la Universidad Autónoma de Barcelona hay quienes han optado por continuar estudiando y quienes han accedido al mercado laboral. “En general, son empleos siempre vincu­lados a la Administración”, apunta Lluís Ribas Xirgo, su coordinador. “Hay gente en el Centro de Estudios Demográficos, en el Instituto de Estudios Regionales y Metropolitanos, en la Corporación Metropolitana de Barcelona… Algunos se han ido fuera y están trabajando en empresas internacionales”. El grado, que empezó a impartirse el curso 2017-2018, “creo que de momento está funcionando, pero era una apuesta arriesgada”, comenta Ribas Xirgo. Comenzaron con alrededor de una decena de matriculaciones y en la actualidad tienen 60 plazas. La nota de corte ha subido de un cinco a un siete, con la oferta y la demanda bastante ajustadas.

Las solicitudes para acceder al máster en Economía Circular de la UPV/EHU, cuenta su director, triplican las 25 plazas ofertadas. Sin tener en consideración el primer año de la crisis de la covid-19, el interés por el máster en Diseño Sostenible e Impacto Social del IED también es más alto. “Hemos ido creciendo porque el sector también está creciendo”, cuenta Coble, del máster en Renovables.

Ya no hay marcha atrás en el camino hacia modelos más respetuosos con el medio ambiente, pero la aplicación de ciertas medidas traerá consigo, inevitablemente, la destrucción de otros puestos de trabajo. Además, una economía más verde no es socialmente sostenible per se, como expone la Organización Mundial del Trabajo. Las políticas ambientales y económicas deberán complementarse con las sociales y de mercado laboral para que nadie se quede atrás.

Ir a la raíz y más allá del ecopostureo

La concienciación sobre la preservación del medio ambiente es cada vez mayor. Los consumidores ya reclaman que las cosas se hagan de otra manera, y las empresas saben que es un aspecto fundamental de su imagen corporativa. Y ahí es donde entra en juego el ecopostureo (o greenwashing), el lavado de imagen verde. “A veces te encuentras mucha responsabilidad social empresarial no basada en el impacto; no quieren medir el impacto, lo que quieren es ganarse al público”, dice Miguel Ángel Soto, responsable de campañas de Greenpeace. 
Las medidas cosméticas y el marketing crean un espejismo que opaca la falta de ­intervención en la raíz del problema. “La sensación que nosotros tenemos es que se están invirtiendo más recursos en comunicar lo sostenible que es tu producto o tu sistema que realmente en hacerlo sostenible”, dice Jon Marín, ­cocoordinador del máster en Diseño Sostenible e Impacto Social del IED. 
Esto es algo que los profesionales del futuro que busquen realmente un cambio de paradigma han de tener en cuenta. “No es suficiente que, por ejemplo, en los nuevos tetrabrik de leche se comunique que el tapón está hecho con un material procedente del arroz. Lo que intentamos explicar en el máster es que quizá lo que hay que hacer es repensar el sistema de envases de leche”, apunta.
En este contexto, y en un momento en el que hay, en palabras de Marín, una burbuja de sostenibilidad, es necesario separar el grano de la paja. “Creo que ahora es importante, y los diseñadores jóvenes lo reclaman, que se diferencie entre lo que es realmente un proyecto de economía circular, social, de ecodiseño o como lo quieras llamar, de algo que se parece o coge ese nombre, pero no lo es”.

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