Carmen Cervera o la habilidad para vivir de las rentas

El amor al arte ha sido el negocio en el que mejor se ha desenvuelto la baronesa Thyssen, que trabaja desde hace dos décadas para que su colección sea la mejor herencia de sus tres hijos

Carmen Cervera y su hijo, Borja Thyssen, en el museo Thyssen-Bornemisza de Madrid en 2018.
Carmen Cervera y su hijo, Borja Thyssen, en el museo Thyssen-Bornemisza de Madrid en 2018.NurPhoto via Getty Images

Tita no tiene prisa. Hace dos décadas inició una partida de ajedrez con el Estado, en la que siempre ha llevado la delantera. Sobre el tablero Carmen Cervera tiene un préstamo de 429 obras de arte que ha maniatado a todos los ministros de Cultura que se sentaron frente a ella, y pensaron que lograrían socavar sus intenciones en el tira y afloja del precio del alquiler de su propiedad. Algunos de ellos la califican de “chantajista”, otros de “amante del arte”, pero todos coinciden en su arte para lograr lo que quiere: dejar una paga anual a sus herederos durante muchos años. Es la mejor regateando, porque no deja que su orgullo estropee sus planes. ¿Cuáles? El presente está de su parte, pero el futuro es insaciable, y a Cervera le preocupa el porvenir de sus tres herederos, Borja, María del Carmen y Guadalupe Sabina.

El último movimiento de esta partida, que parece no acabar nunca, sucedió hace unas semanas. Fue jaque de Tita al Gobierno, gracias a una torpeza política. El nuevo ministro de Cultura no se preocupó por saber cuáles eran los acuerdos a los que había llegado el ministro de su mismo partido al que sustituía. Con el cuadro fuera del museo, sus abogados, los exministros Ángel Acebes y José María Michavila, estuvieron a punto de firmar siete millones de euros anuales, durante 15 años. Ahora el precio podría crecer cuando vuelva a sentarse para cerrarlo antes del 30 de septiembre. Un golpe maestro para sus intereses, ejecutado en pleno estado de alarma. Tita dio el paso con el que amenazaba desde hace años y se llevó el cuadro.

El cuadro fue una de las últimas adquisiciones de su marido —quien aseguraba que si no compraba un cuadro a la semana entristecía— y forma parte de las 125 pinturas que el matrimonio apartó de la colección que vendió en 1993 al Estado español por 350 millones de dólares. El acuerdo de Basilea de 2002 repartió todas las propiedades del barón entre la familia, una fortuna valorada en unos 3.100 millones de euros, y su viuda se quedó con la colección. Es su herencia y quiere que sea también la de sus herederos. “Le angustia el futuro”, comentaba a este periódico uno de los ministros que regateó con ella y perdió. La situación de su familia se ha convertido en un asunto de Estado, porque su sustento es esta colección y su situación personal influye en las negociaciones con los responsables culturales del país, poco acostumbrados a este tipo de tratos.

El cuadro 'Mata Mua' durante la exposición de 2012 'Gauguin, viaje a lo exótico' en el museo Thyssen.
El cuadro 'Mata Mua' durante la exposición de 2012 'Gauguin, viaje a lo exótico' en el museo Thyssen.Bernardo Pérez

Carmen Cervera madruga porque le gusta el amanecer, pero todos estos asuntos de cultura, hacienda y patrimonio le quitan tiempo de sus tareas favoritas. Ella quiere leer, pintar, dar paseos y cuidar de sus jardines. Una vida cómoda, la misma que desea para sus tres hijos. Borja, de 40 años, que vive 184 días en Andorra junto a su madre y hermanas, recibe una paga de 300.000 euros al año, además de los 15 millones de dólares que su madre fraccionó en tres partes (cinco millones cuando cumplió los 25 años, otros cinco a los 30 y los últimos cuando cumplió los 35). La viuda del barón Thyssen, una vez superadas las turbulencias familiares que los enfrentaron, va a defender la honorabilidad de su hijo y a garantizarle su puesto como vicepresidente vitalicio del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Y esto a pesar de que fue suspendido del patronato del Museo Carmen Thyssen de Málaga mientras duren los procedimientos judiciales por presunto fraude fiscal. Su madre suma en su currículo de tres décadas cumpliendo sus deseos. Nada parece frenar a Tita, ni un presente sin dinero en efectivo, ni un futuro sin ella.

Y todo pasa por Mata Mua. Aunque pintado por Paul Gauguin en 1892, fruto de sus experiencias en Tahití, Mata Mua es la mejor obra de la colección de Carmen Cervera. Ella le ha dado brillo pop a una obra tasada en 40 millones de euros, que podría duplicar ese valor en una subasta. Aunque para los historiadores era más valiosa La esclusa, de John Constable, que vendió en 2012 por 28 millones de euros, Carmen ha disparado el precio emocional del lienzo. Con él ha decorado su intimidad en cada reportaje que ha retratado la vida de la millonaria, cuya fortuna —según la revista Forbes— podría acercarse a los 600 millones de euros. El cuadro es el fondo de su paraíso y la única relación sentimental de la que habla. “Es el amor de mi vida”, suele repetir. Le encanta “el aire colonial que respira” en el cuadro, la presencia de la naturaleza, los colores y la luz. Le puso a su casa de Marbella el nombre del lienzo, y repitió la operación con su velero de 38 metros de eslora, dos salones, cuatro camarotes dobles y una réplica de la obra de Gauguin. En realidad, Mata Mua había trascendido las fronteras del museo antes de que lo sacara de sus instalaciones.

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