Arte

Francesca Thyssen, la heredera eternamente enfrentada a Carmen Cervera

La hija del barón Thyssen acaba de divorciarse de su marido tras 17 años de separación cordial y está volcada desde hace 20 en la fundación dedicada al arte contemporáneo que lleva su nombre

Francesca Thyssen-Bornemisza en la inauguración de la exposición 'Western Flag' en el museo Thyssen-Bornemisza de Madrid el 3 de diciembre de 2019.
Francesca Thyssen-Bornemisza en la inauguración de la exposición 'Western Flag' en el museo Thyssen-Bornemisza de Madrid el 3 de diciembre de 2019.NurPhoto / NurPhoto via Getty Images

No hay nada como sentir pasión por algo y tener dinero, mucho dinero, para poder hacer los sueños realidad. En el caso de Francesca Thyssen, la hija del barón Heinrich Thyssen-Bornemisza sus sueños siempre han girado alrededor del mundo del arte y la ingente fortuna que recibió de su padre le ha servido para apoyarlo y aspirar a crear conciencia social a través de él.

Creadora de la Fundación Francesca Thyssen-Bornemisza quien ha sido desde hace años el rostro público del enfrentamiento de los hijos del barón con Carmen Cervera, su última esposa y viuda, ha regresado a las páginas de la prensa española tanto por su actividad profesional como por su vida personal. En septiembre de 2019 fue noticia por la inauguración en el museo que lleva su apellido en Madrid de la exposición Más-que-humanas y ahora ha vuelto a protagonizar algunas informaciones por un hecho mucho más terrenal: la confirmación de su divorcio de Carlos de Habsburgo-Lorena con quien se casó en 1993 y de quien se separó 10 años después.

El enlace entre quien es jefe de la casa imperial de Austria y la hija del empresario que se convirtió en uno de los coleccionistas de arte más importantes del mundo sonó a boda del año y también tuvo muchos ingredientes para llenar las páginas de la crónica rosa: el barón Thyssen ofició de padrino vestido de húsar, Francesca llevaba un vestido de Versace y la madrastra de la novia, Carmen Cervera, era uno de los rostros habituales de la prensa rosa española. Ahora, 17 años después de que el matrimonio se separara, Carlos de Habsburgo-Lorena ha confirmado a un medio austriaco que la expareja firmó el divorcio cuando sus tres hijos ya habían cumplido la mayoría de edad, un hecho que como pronto pudo ocurrir en 2017, cuando la hija menor de los tres que tuvieron juntos cumplió 18 años.

En todos estos años de ruptura efectiva, la expareja siempre ha mantenido una relación cordial, han coincidido en distintos actos y Francesca incluso ha asistido a algunas citas oficiales de los Habsburgo-Lorena después de la separación, ya que oficialmente seguía siendo miembro de la familia imperial de Austria. Su exmarido mantiene una relación, que se dio a conocer en 2017, con la empresaria portuguesa Christian de Reid, y de ella se dice que también está unida sentimentalmente desde hace tiempo a una persona implicada en el mundo del arte y relacionada directamente con su fundación.

Francesca Thyssen y su exmarido Carlos de Habsburgo con sus hijos, Ferdinand, Eleonora y Gloria en la boda civil de la segunda, celebrada el pasado 20 de julio en Mónaco. En la imagen también está el novio, Jerome d'Ambrosio (centro) y Fiona Campbell-Walter, abuela de la novia.
Francesca Thyssen y su exmarido Carlos de Habsburgo con sus hijos, Ferdinand, Eleonora y Gloria en la boda civil de la segunda, celebrada el pasado 20 de julio en Mónaco. En la imagen también está el novio, Jerome d'Ambrosio (centro) y Fiona Campbell-Walter, abuela de la novia. Luc Castel / Getty Images

La última vez que se fotografió a toda la familia junta fue el pasado 20 de julio en la boda de su hija Eleonora, de 26 años, que debido a la pandemia se celebró en Mónaco con pocos invitados y muchas medidas de seguridad. La joven, que se dedica al diseño de joyas y ejerce de modelo, se casó con Jerome d’Ambrosio, un piloto de carreras de Fórmula E de origen belga, en una ceremonia oficiada por el alcalde de Mónaco, George Marsan, y alejada de la boda por todo lo alto que tenían previsto antes de que la covid-19 impusiera nuevas reglas al mundo. Sus otros dos hijos, Ferdinand y Gloria, tampoco se han inclinado por ahora hacia el trabajo de su madre. Ferdinand es piloto de carreras, un deporte que también gustaba mucho a su abuelo Heinrich, de quien no tiene muchos recuerdos porque falleció cuando él era muy pequeño. Y Gloria estudia Derecho en Londres y parece ser la que ha elegido tener, al menos de momento, una vida lo menos expuesta a la curiosidad pública posible.

La madre de la novia, Francesca, ha continuado con la que es su principal ocupación que es la presidencia de la fundación que lleva su nombre. Un cargo que no ejerce de forma honorífica sino que es un trabajo al que se dedica en cuerpo y alma desde que creó su fundación en 2002 en Viena. Se rodea de buenos y competentes colaboradores –como ha ocurrido para su filial española con sede en Madrid, dirigida por Carlos Urroz, quien antes fue director de ARCO– pero todo lo que incumbe a la actividad de la fundación tiene su sello, su supervisión y su exigencia de calidad al máximo nivel.

Acostumbrada al mundo del arte por tradición familiar, ella misma posee una importante colección propia de arte contemporáneo que ha ido adquiriendo a lo largo de los años y precisamente gestionarla, organizar exposiciones con artistas de todo el mundo y apoyar a muchos de ellos, son sus objetivos. Habla italiano, francés, alemán e inglés, su idioma materno porque su madre, la modelo Fiona Campbell-Walter y tercera esposa del barón Thyssen, era británica. Quienes conocen a Francesca Thyssen y se mueven en su círculo laboral, la retratan como una mujer muy culta, inteligente, amable y educada, pero también rodeada de ese aura de poder que emanan los que saben cuál es su sitio y lo que quieren. También afirman que es muy buena comunicadora y astuta si se trata de conseguir sus fines.

Plantar sus reales en España, donde está la sede del museo que lleva sus apellidos, era una de sus ilusiones, y aunque posee una enorme capacidad de convocatoria porque se sabe con poder en el mundillo del arte contemporáneo, la elección de Urroz también demuestra la inteligencia de sus decisiones porque él conoce muy bien la sociedad de Madrid y de España en el mundo del arte, ese ambiente en el que Francesca Thyssen aspira a imponer el peso de su marca y hacerlo con calidad.

Obtener beneficios de su actividad no es su objetivo porque el dinero no es su problema y ella es capaz de saber gastarse el suyo si se trata de establecer mecenazgos con artistas que considera tienen algo que decir. Pero sí tiene una preocupación que la motiva: el medioambiente y en concreto realizar acciones relacionadas con el arte y dirigidas a concienciar de la necesidad de salvar los océanos. Da igual si se instala en sus residencias repartidas por medio mundo, de Madrid a Croacia pasando por Londres o Jamaica, las pasiones que impulsan su vida, ahora menos movida de lo que acostumbra debido a la pandemia, son el arte y su familia.

Francesca Thyssen-Bornemisza con Borja Thyssen y su esposa Blanca Cuesta en septiembre de 2019 en Madrid.
Francesca Thyssen-Bornemisza con Borja Thyssen y su esposa Blanca Cuesta en septiembre de 2019 en Madrid. Pablo Cuadra / Getty Images

Los años incluso han propiciado un acercamiento a su medio hermano, Borja Thyssen, y han atemperado la agria relación que ha mantenido con Carmen Cervera a la que siempre ha hecho responsable de separarla de su padre. Y aunque la tensión se masca cuando están cerca, la fundación que preside Francesca firmó un acuerdo con el museo Thyssen-Bornemisza que compromete a la institución a exponer dos muestras al año de su colección. E incluso ha llegado a dar la razón a su madrastra en algún aspecto, como demuestran las declaraciones que realizó a este periódico en una entrevista realizada a finales de septiembre de 2019: “Llevo años viendo a Tita pelear en las reuniones. Y, sabes que, cada maldita vez, Tita tenía razón. Ella es imposible, las reuniones eran tremendas, pero siempre se mantuvo firme, y somos lo que somos porque Tita lo peleó. Cada vez que había recortes y alguien quería capitalizar prestando grandes bloques de la colección, haciendo exposiciones comerciales, usando truquillos que diluían la esencia del Thyssen, ella siempre defendió la integridad de la colección”. No canten victoria porque la afinidad no llegó a tanto como para que el reconocimiento le llegara a Cervera de su propia boca. “Lo leerá en el periódico”, dijo riendo Francesca Thyssen.

El 13 de abril de 2021 puede ser una fecha clave para la reconciliación familiar porque entonces se cumplirán 100 años del nacimiento del barón Thyssen y habrá celebraciones: “Ya les he dicho a mis hermanos, ‘chicos, esta es nuestra última oportunidad para hacer las paces”, afirmó en la misma entrevista. Y las paces no se refieren a otra que a Tita, la madrastra que según Francesca se sentía amenazada por la relación que tenía con su padre y al que prohibió que viera.


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