El ‘annus horribilis’ de Ellen DeGeneres

La cómica ha dado positivo en coronavirus y cancela su programa hasta enero después de meses convulsos tras verse implicada en varias polémicas

Ellen DeGeneres, en una gala en Beverly Hills, California, en marzo de 2015.
Ellen DeGeneres, en una gala en Beverly Hills, California, en marzo de 2015.Richard Shotwell (AP)

Ellen DeGeneres ha sido una de las últimas personalidades que han hecho público que se ha contagiado de coronavirus. La cómica y presentadora de televisión, de 62 años, anunció hace unos días que había dado positivo en covid y que, aunque se encuentra bien, no retomará su famoso programa hasta después de las fiestas navideñas. “Os quería contar a todos que he dado positivo por covid-19. Afortunadamente, me encuentro bien por ahora. Todos los que han estado en contacto cercano conmigo han sido notificados, y estoy siguiendo todas las directrices apropiadas de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades. Os veré a todos después de las vacaciones. Por favor, manteneos sanos y salvos”, comunicaba la famosa presentadora en sus redes sociales.

Un mensaje con el que se despide de su público y de un annus horribilis en el que la autora de aquel famoso selfi que inmortalizó durante la gala de los premios Oscar de hace seis años —junto a los actores y actrices más cotizados de Hollywood— no solo ha tenido que hacer frente a la pandemia, sino también a varias polémicas en las que se ha visto involucrada y que han afectado a su popularidad. Quien fuera calificada como la mujer más divertida de América vivió durante los meses del confinamiento tiempos convulsos que la han colocado en el centro de la diana de muchas críticas.

La historia de esta cuesta abajo arrancó en marzo, coincidiendo con la obligación de confinamiento en Estados Unidos. El también cómico Kevin Porter invitó a los usuarios de Twitter a que compartieran las historias “más locas” sobre el lado oscuro de la comediante, algo que ha sido uno de esos eternos rumores que circulan sobre el mundo del entretenimiento. El tuit recibió miles y miles de respuestas. El tema se volvió más serio cuando Variety publicó las quejas de más de 30 trabajadores del programa por las condiciones laborales durante el confinamiento por el coronavirus. Denunciaron la mala comunicación interna y que les habían dicho que les reducirían el salario durante el periodo inicial de la pandemia a pesar de que el programa había contratado personal nuevo para poner en marcha la versión confinada del espacio, que se emitía desde la casa de la presentadora en Los Ángeles. Días después llegó el desafortunado comentario de la propia DeGeneres que, desde su mansión en California, afirmaba sentirse “en prisión” durante la cuarentena por la pandemia.

A mediados de julio el asunto dio un paso más allá. El portal BuzzFeed hizo públicas las quejas de 10 extrabajadores y un empleado actual en las que hablaban de un ambiente laboral racista, tóxico e intimidante. Algunos dijeron que los despidieron por tomarse una baja médica o ir a un funeral. Un afroamericano contó que uno de los guionistas del programa le había llegado a decir: “Lo siento, solo sé los nombres de los blancos que trabajan aquí”. WarnerMedia, el conglomerado mediático que produce The Ellen DeGeneres Show, comenzó entonces una investigación interna, a la vez que la propia presentadora —que hasta entonces había guardado silencio—publicó una carta pidiendo perdón a los empleados de su famoso programa en el que poco después se anunció el despido de tres de sus productores.

Aunque la renovación del formato estuvo en entredicho, finalmente el show estrenó en septiembre nueva temporada con DeGeneres entonando el mea culpa. “Como muchos habréis escuchado, este verano se acusó a nuestro programa de ser un lugar donde se alentaba el ambiente tóxico laboral. Nada más saberlo, comenzamos una investigación. Y desde entonces he aprendido que aquí han pasado cosas que nunca deberían haber ocurrido. Me estoy tomando este asunto muy en serio y quiero pedir el perdón más sincero a todas las personas que se han visto afectadas por esto”, dijo, visiblemente consternada.

Pese a todo lo sucedido y al número de detractores que la presentadora cosechó en plena pandemia, el programa de Ellen DeGeneres, en emisión desde 2003 y que acumula 171 nominaciones a los premios Emmy, sigue siendo uno de los espacios más exitosos de la televisión estadounidense. A diario cerca dos millones y medios de personas lo sintonizan, principalmente mujeres entre 25 y 54 años.

Además de ser la reina de la amabilidad en la pequeña pantalla estadounidense por excelencia, Ellen DeGeneres es todo un icono de la comunidad LGTBI. La presentadora, que desde hace dos décadas comparte su vida con la actriz Portia de Rossi, conocida por la serie Ally McBeal, salió del armario hace ya 23 años. Y además por partida doble. Creadora y protagonista entonces de una comedia que llevaba su nombre, Ellen, después de muchas temporadas de éxito decidió revelar a los televidentes que el personaje era una lesbiana. Y lo hizo venciendo las reticencias de los productores de la cadena ABC. La actriz ganó esa guerra porque al mismo tiempo compareció en la portada de la revista Time anunciando: “Sí, soy gay”. Una condición en la que volvió a reafirmarse en el sofá televisivo de su amiga Oprah Winfrey. No había vuelta atrás. Y no le ha ido mal: a lo largo de su carrera, la carismática comediante y presentadora ha amasado una fortuna de 330 millones de dólares (más de 305 millones de euros) y en 2019, la que es la segunda presentadora mejor pagada de la televisión estadounidense firmó un contrato para continuar con el programa hasta 2022.

De momento, se ha despedido de un 2020 del que seguro desearía borrar muchas cosas y mira al 2021 aislada desde su gran mansión en Los Ángeles, intentando pasar estas últimas semanas sin mayores complicaciones por su contagio de covid.

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Sobre la firma

Maite Morate

Es redactora en Última Hora y ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS. Antes trabajó en el diario digital Redacción Médica y en la Cadena SER. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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