LA PARADOJA Y EL ESTILO
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El ‘chiqui-show’

Este término se ha acuñado para denominar lo que resulta desconcertante como lo sucedido en el Capitolio o el divorcio de Kim Kardashian

Uno de los simpatizantes de Donald Trump en el asalto al Capitolio de Estados Unidos el pasado miércoles.
Uno de los simpatizantes de Donald Trump en el asalto al Capitolio de Estados Unidos el pasado miércoles.Manuel Balce Ceneta (EL PAÍS)

Mis amigos de Miami mantienen un chat donde han acuñado el término chiqui-show para denominar todo aquello que resulta desconcertante, desordenado, absurdo o aberrante. Un poco como lo sucedido en el Capitolio el 6 de enero, con los trumpistas asaltando el Congreso arengados por las falsas acusaciones de robo de elecciones que propagó machaconamente el propio Trump. Algo similar a lo que ocurrió en un centro comercial de Málaga con la presencia de Kiko Rivera disfrazado de Rey Mago y cientos de kikoriveristas desafiando en tromba cualquier protocolo sanitario. Chiqui-show por todas partes, tantos como para concluir que ya no vivimos ni normalidad ni anormalidad. Solamente encadenamos chiqui-shows.

Mientras observaba las imágenes del asalto al Capitolio, los trumpistas vestidos como para ir al Burning Man (rave alborotada en Arizona) o al festival vikingo de Catoira, intentaba explicar en el chat que lo único a lo que lo podía comparar era al fallido golpe de Estado de febrero del 81 en España, porque los hemiciclos se me hicieron escenarios parecidos. Ambos tienen moqueta y diputados (a los americanos les llaman congresistas) y ese tipo de escenografía en herradura que resiste muy bien los eventos caóticos que pueden propiciarse en su interior. Mis amigos lamentaban lo que proclamaban como la peor imagen para la primera democracia del mundo. Yo percibía algo distinto: Donald Trump representa mucho de lo que su país tiene dentro. Es un embajador de ese populismo que con la ayuda de las redes sociales no necesita ideología, sino un eslogan. Una argucia, un tuit para convencer a muchos a escalar paredes de cemento, desafiar la ley arengando que están para reordenar la ley y el orden.

Las redes sociales dicen no tener ideología pero tejen el nuevo populismo, donde la verdad se deforma, enreda y multiplica hasta convertirse en propaganda que alguien como Trump puede usar como munición. Lo reflejan las imágenes del asalto al Capitolio estadunidense, un edificio que intenta recordar elementos del Foro romano. No hay nada que fascine más a los estadunidenses cultos que la Roma antigua. Trump es bruto pero no es César. Pero mientras pueda propagar su discurso y sus ideas, la vida política será una sucesión continua, nefasta, de chiqui-shows.

Cuando Trump le pidió a sus hooligans que volvieran a casa, mis amigos del chat ya preferían hablar de otro chiqui-show, esta vez el del posible divorcio de Kim Kardashian. Kim es una celebridad mundial por su programa de telerrealidad. Al igual que Trump, tiene el poder de convocar y convencer. Ella lo hace principalmente con el argumento de su físico y su habilidad para hacer dinero rápido. Así como Trump tiene el verbo agresivo y la piel violentamente naranja, Kardashian tiene, entre su culo y su pecho, una vida de opulencia, vulgaridad y drama personal. Ahora podría divorciarse del millonario rapero Kanye West ya que este le habría sido infiel con una persona no binaria, una nueva belleza sin género definido. Ingredientes esenciales para un chiqui-show en toda regla. Las redes compartían imágenes del asalto al Capitolio con las del sobresalto de la nueva relación del marido de Kim. Parece que Kanye puede ser infiel a su esposa pero muy fiel a su gusto estético por personas con físicos propicios al chiqui-show.

Podría decirse que Cantora es un chiqui-show de larga duración. Y la Zarzuela, también. Igual o más jugosos que los de los Trump y Kardashian, porque entran y salen más personajes en situaciones inesperadas. Cuando Paola Dominguín, vestida con un traje de su madre, Lucía Bosé, declaró en Sálvame que su marido Jose Coronado le confirmó que estaba enamorado de Isabel Pantoja, en el año 90, ella le reconfirmó que se fuera entonces con ese nuevo amor. En ese instante pensé: ¡Bueno, el chiqui-show puede tener su punto didáctico! Podemos aprender de ellos y quizás por eso también los necesitamos.

Inicia sesión para seguir leyendo

Sólo con tener una cuenta ya puedes leer este artículo, es gratis

Gracias por leer EL PAÍS
Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS