Los presentadores más recordados de las galas de los premios Goya

De Montserrat Caballé a Dani Rovira, los anfitriones de las galas de los premios del cine español han sido alabados y vilipendiados a partes iguales

Andreu Buenafuente y Sílvia Abril, durante uno de los momentos de la gala que presentaron por segundo año consecutivo.
Andreu Buenafuente y Sílvia Abril, durante uno de los momentos de la gala que presentaron por segundo año consecutivo.Foto: Alejandro Ruesga

El 17 de marzo de 1987, el actor Fernando Rey se subía al escenario del teatro Lope de Vega, en la Gran Vía madrileña, para presentar los que fueron los primeros premios Goya, que premiaban con 15 galardones a distintas categorías de lo mejor del cine español. De aquello hace casi 35 años y ese escenario no volvió a repetirse, aunque Rey como presentador lo hizo una vez más, al año siguiente; además, en diciembre de 1992 se convertiría por unánime votación en presidente de la Academia de Cine.

Desde entonces, son muchos quienes han asumido el reto de ponerse al frente de una gala larga, a veces pesada y poco ágil y donde hay que dar cabida a multitud de momentos estelares que tienden a reducir el protagonismo de quien los presenta. Desde Jorge Sanz y Lydia Bosch como pareja artística a Imanol Arias, Antonia San Juan o El Gran Wyoming, son muchos los que se han atrevido a enfrentarse a los cabezones, sus ganadores y su público.

Rosa María Sardà (1994, 1999 y 2002)

Cuando Rosa María Sardà aceptó presentar la gala de 1994 para una Academia presidida por José Luis Borau sentó, sin ella saberlo, todo un precedente que se repetiría años e incluso décadas después: el de mezclar la interpretación con el humor. Desde entonces, fueron muchos los cómicos que empezaron a asumir el papel de maestro de ceremonias en la llamada fiesta del cine español. Además, la noche le salió redonda: estaba nominada a mejor actriz de reparto por ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? y se llevó el galardón. Sardà repitió en la gala de 1999, donde también estaba nominada por La niña de tus ojos, pero esta vez se quedó sin premio. A la tercera volvió a ir la vencida: su tercera nominación, en 2002, fue por Sin vergüenza. Volvió a presentar la gala (y además a dirigirla). Y se lo volvió a llevar.

La actriz Rosa Maria Sardà abandona el escenario junto al actor Antonio Resines tras entregarle el Goya a la Mejor Interpretación Femenina de Reparto por su interpretación en 'Sin vergüenza'.
La actriz Rosa Maria Sardà abandona el escenario junto al actor Antonio Resines tras entregarle el Goya a la Mejor Interpretación Femenina de Reparto por su interpretación en 'Sin vergüenza'.EFE

Según escribió entonces Maruja Torres en EL PAÍS, la presentadora “no defraudó”. “La Sardá ha conseguido cuajar un personaje que debería valerle, algún día, el Goya a la mejor presentación. Se hace mayor y quisquillosa delante de nosotros, y tiene arranques absolutamente geniales”. Aunque no todo fue fácil, como ella mismo contó para la Academia de cine, siempre con su toque de humor: “Olvídense del glamour y de la alfombra roja y del photoshop del photocall. La realidad cruda y descarnada solo se puede explicar con estas palabras: dirigir los Goya para mí fue sangre, sudor y ­lágrimas”. Sardà falleció el pasado mes de junio, a los 78 años.

Antonio Resines, Maribel Verdú y Montserrat Caballé (2005)

Extraño combo formaban Antonio Resines (que sería 10 años después presidente de la Academia de Cine), Maribel Verdú y la soprano Montserrat Caballé. Sin embargo, lograron conducir una gala ágil y que gustó al público; de hecho, fue la más vista hasta el momento, con más de 3,7 millones de espectadores y un 24,5% de cuota de pantalla. Dirigida por Juan Luis Iborra, él contó que “la idea de que Montserrat Caballé fuera una de las presentadoras fue de Resines”. En cambio, en 2006 con Resines y Concha Velasco la gala, que fue la más larga (hasta las 2.30) perdió un millón de espectadores.

De izquierda a derecha, Monserrat Caballé, Antonio Resines y Maribel Verdú, durante el ensayo de la gala de los Premios Goya.
De izquierda a derecha, Monserrat Caballé, Antonio Resines y Maribel Verdú, durante el ensayo de la gala de los Premios Goya.RICARDO GUTIÉRREZ

Resines recordaba a la Academia, con motivo de los 30º premios, que a él le había tocado presentar la primera gala donde los micrófonos se iban escondiendo cuando los discursos se alargaban. “Hay algo importante que desasosiega, quita el sueño y puede hacer perder los nervios al presentador más templado. El momento de los agradecimientos”, recordaba sobre la medida, que, explicaba “no fue, por decirlo de una forma suave, excesivamente bien acogida”.

José Corbacho (2007 y 2008)

Con José Corbacho llegó a los Goya el humor más irreverente, más rupturista y más ácido de cuantos se habían visto en las galas de entregas de los premios del cine: por hacerlo todo, se disfrazó hasta de Francisco de Goya. Tan bien funcionó el humorista que, después de llenar el escenario de parodias y risas flojas, repitió un año después. “No esperamos que vengan ni Pedro Almodóvar, ni José Luis Garci, ni Woody Allen, que ahora ya es del cine español, pero si hace falta irles a buscar a casa, lo haré”, decía él entonces. Curiosamente, TVE emitió la gala de 2008 con media hora de retardo algo que, 13 años después, no tendría sentido dada la inmediatez de las redes sociales, entonces en pañales.

José Corbacho, en la ceremonia de los premios Goya de 2007.
José Corbacho, en la ceremonia de los premios Goya de 2007.Cordon

Cuando Corbacho recordaba aquello para la Academia, explicaba que muchos le habían contado que era “un marrón”, pero que a él le pareció un momento muy divertido y gratificante. “Estoy muy satisfecho (los cómicos también tenemos nuestro corazoncito) de haber abierto un camino, mejorado por los que vinieron después, que ha demostrado que las galas no tienen por qué ser aburridas”, relató.

Carmen Machi y Muchachada Nui (2009 / 2017)

Carmen Machi todavía era Aída, el personaje que la lanzó a la fama por la serie homónima, cuando presentó los Goya de 2009. Acababa de dejar la ficción de Telecinco, pero su reconocimiento popular venía de ahí. “El objetivo es entretener, pasar una noche de cine y pienso disfrutarlo”, decía poco antes de subirse al escenario. Para disfrutarlo estuvo acompañado de la panda de Muchachada Nui: Ernesto Sevilla, Joaquín Reyes, Julián Gómez, Carlos Areces, Raúl Cimas, Pablo Chiapella, Aníbal Gómez), que dieron el toque de locura e irreverencia a la noche.

Carmen Machi, antes de presentar los Premios Goya.
Carmen Machi, antes de presentar los Premios Goya.CLAUDIO ÁLVAREZ

En el Palacio de Congresos de Madrid se disfrutó de la gala, pero los críticos no dudaron en tacharla de larga, pesada y poco simpática. “Carmen Machi no es —se presumía, ahora se sabe— la persona idónea para conducir un coche así. O igual sí [...] Fue irremediable, a los 10 minutos de empezar la gala de ayer, pensar en Rosa Maria Sardà e incluso en el tal Corbacho. No es posible presentar tres horas de espectáculo bajo el disfraz de lo racial y lo cañí porque sí”, rezaba la crónica de aquella noche. Carlos Boyero afirmaba: “Se me evaporan rápidamente las expectativas de que Aída tenga estilo, agilidad mental y gracia conduciendo gala tan trascendente. El guion que le han colocado es muy malo; el pretendido humor y los chistes son casposos”.

Los “chanantes”, con Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes, repitieron en 2017. Su humor no apto para todos los públicos hizo que las críticas fueran abundantes, en una gala que se calificó como falta de ritmo, con chistes que dejaron más de un silencio en el patio de butacas. Ellos, cómo no, se lo tomaron con humor.

Eva Hache (2012 y 2013)

La humorista Eva Hache presentó sus Goya de 2012 con hasta seis cambios de vestuario; en 2013 subió la apuesta hasta siete. “No es coser y cantar”, decía horas antes de subirse por primera vez al escenario. “Tiene bastante complicación. La Academia de Cine la conforma mucha gente, todos tienen mucha opinión, como es lógico, hay que agradar a muchos, y es algo muy importante: la fiesta anual del cine español”. En 2012, epató con una actuación musical llena de actores como Belén Rueda, Asier Etxeandía o Manuela Velasco. “La chica desinhibida e irónica lo hace bien, tiene ritmo y gracia”, escribía entonces Boyero.

Primera actuación de la gala de los Goya, con Eva Hache encumbrada por un grupo de bailarines y actores.
Primera actuación de la gala de los Goya, con Eva Hache encumbrada por un grupo de bailarines y actores.SUSANA VERA (REUTERS)

Para 2013, Eva Hache afirmó: “Creo que la gala de 2012 salió bien, aunque las críticas son siempre feroces. No nos queda también más remedio que mejorarla. Soy mejor persona, tengo un año más de experiencia de vida. Si se repite algo es para mejorar. Tengo ganas de que nos riamos más. Este año quiero ser más divertida”. Con José Ignacio Wert como ministro en el patio de butacas, Hache volvió a hacer reír.

Dani Rovira (2015, 2016 y 2017)

El malagueño Dani Rovira es el único presentador que ha conducido la gala de los Goya en tres ocasiones consecutivas. La primera fue en 2015, con una gala ágil, divertida y que gustó a (casi) todos. Fueron casi cuatro horas, pero el actor y cómico las hizo entretenidas. No se cortó a la hora de llamar “Nacho” al ministro Wert, bailando claqué o hasta recogiendo su premio, al más puro estilo Sardà, por Ocho apellidos vascos.

Dani Rovira, en un momento de los Goya 2017.
Dani Rovira, en un momento de los Goya 2017.Jaime Villanueva

La segunda, en cambio, no fue tan bien, o su presentador no lo vivió así. La gala fue ágil y la vieron cuatro millones de espectadores, pero faltó la chispa de la primera. Tan asqueado acabó el presentador que incluso publicó un tuit donde decía: “Tras todas las críticas, desprecios, insultos, acusaciones y decepciones, he de decir que no me ha merecido la pena presentar los Premios Goya”. Las redes sociales se habían cebado con él.

Pero volvió una vez más. Y con humor, sin dejarse tocar por un puñado de críticas anónimas. En 2017 anunció, entre supuestas visitas al psicólogo, que volvía. “¿Vais a tener el valor de criticar a esta criaturita?”, escribía, junto a una foto de él de niño. Ahí, con apariciones más escuetas, se vistió de Superman o se plantó unos tacones en un chiste que no terminó de gustar.

Andreu Buenafuente (2010, 2011) y Silvia Abril (2019, 2020)

El buen hacer de Andreu Buenafuente se demostró en 2010 y en 2011 con dos galas seguidas donde demostró humor y elegancia. “Buenafuente pisó con seguridad el escenario, lanzó chistes impecables y sacó adelante ese caramelo envenenado, más por la inmisericorde mirada de la profesión que por la repercusión mediática, en el que se ha convertido la entrega de los premios del cine español”, rezaban las crónicas de 2010 de aquella noche. Tanto que repitió un año después.

Sílvia Abril y Andre Buenafuente, salen del escenario tras terminar la gala de los Goya.
Sílvia Abril y Andre Buenafuente, salen del escenario tras terminar la gala de los Goya. Alejandro Ruesga

Pero la guinda del pastel la puso casi una década después, cuando en 2019 presentó uno de los Goya más descacharrantes que se recuerdan junto a la también humorista y actriz Silvia Abril, para más señas su esposa. Como ella misma contó, fue la fallecida presidenta de la Academia, Yvonne Blake, quien se lo propuso. Ese año se les consideró como de lo mejor de la gala (solo eclipsados, quizá, por el Me quedo contigo de Rosalía), la más vista de la década, y pocos olvidarán su último número, donde acabaron casi desnudos en el escenario que levantó aplausos.

Algo que les hizo repetir en 2020, en una fiesta prepandémica que también fue de las más vistas de la década. De ella quedaron frases para el recuerdo como la que le dirigieron al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, presente en el patio de butacas de Málaga, donde se celebró la ceremonia: “No sé cómo dirigirme esta noche a usted, porque el presidente es Barroso, Pedro es Almodóvar y el guapo es Banderas”. Málaga repite, pero ellos no. Este año será el turno de María Casado y Antonio Banderas desde el teatro del Soho en una gala telemática y sin público. Pero donde habrá, como siempre, humor. Y críticas.

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