Momentos mágicos

Carezco de pruebas pero percibo que Cospedal actuó siguiendo los parámetros de las heroínas de las telenovelas turcas. Por amor, pero no a sí misma, sino a alguien más poderoso. El partido

José Luis Moreno en un estreno en Madrid en octubre de 2020.
José Luis Moreno en un estreno en Madrid en octubre de 2020.711/QUILEZ/CORDONPRESS / Cordon Press

Me hizo sentir un poco culpable escuchar en la radio el sonido de los tacones de María Dolores de Cospedal en una grabación de su encuentro con el excomisario Villarejo, que salió como de una cloaca y sacudió mi desayuno. No, no me gustó escucharlo, por más evidencia que represente para señalarla, tuve la sensación de asistir al martirio de una persona.

Frente a mi desayuno orgánico de avena musité: “Pobre Cospedal”. ¿Cómo pudo enredarse en algo tan dañino y retorcido? Recordé la mañana que nos conocimos en la calle Jorge Juan, el Rodeo Drive madrileño. Ella envuelta en su perfume favorito aquella dulce temporada, Giorgio Beverly Hills. El aire a su alrededor era avainillado y de flores blancas. Seductor, dinámico y californiano. Tiene que haber algo realmente hipnotizante en el poder para que te entregues a él y lo conviertas en el viento, la marea que domina tu vida hasta encallar. Una travesía pública que empezó como maja de Castilla y llego a conferirle unas cuotas de poder altísimas y que la habrían hecho, incluso, referente femenino en el machista entorno del poder. Me cuesta asumir que Cospedal pudiera haber decidido usar las mismas armas zafias del liderazgo masculino. Tuvo que ser algo más lo que la ha acercado a este precipicio. Carezco de pruebas, pero percibo que Cospedal actuó siguiendo los parámetros de las heroínas de las telenovelas turcas. Por amor, pero no a sí misma, sino a alguien más poderoso. El partido. Se arriesgó a todo para defender ese deber, su partido, que hoy la considera pasado y no habla de ella.

Aunque no sorprende, preocupa este modus operandi del PP de negar su pasado. Si llegan a cumplir su centenario como el Partido Comunista Chino, esos años olvidados le restaran brillo y precisión histórica y no conseguirán una celebración tan fastuosa como la que hemos visto esta semana en Pekín. ¡Qué derroche! ¡Qué esplendor! Es que ni la llegada de Cleopatra en la película de Liz Taylor es comparable. Alucina la capacidad gestora que tiene el comunismo para ejecutar fastos de verdad impresionantes. Miles de personas vestidas y peinadas iguales, cantando marchas gloriosas, sus rostros cargados de emoción. Bailarines con rifles y zapatillas de punta e iluminación tecnológica de vanguardia. Una mezcla de orden, propaganda y lujo flipante. Mientras lo veía, pensaba en José Luis Moreno, el exproductor devenido en opaca figura fraudulenta. ¿Lo estaría viendo y pensando que, a su manera, él también tuvo esa visión grandilocuente del espectáculo vinculado a la ideología?

Con todo eso en la cabeza, acudí a la presentación de un libro de autoayuda del emprendedor venezolano Miguel Sierralta. Sierralta fue manager de Bertín Osborne y entre ambos manejan una agenda que convocó a un buen número de estrellas de diverso tamaño. No todos fuimos uniformados como los del centenario del partido comunista chino, pero sí que nos deleitó estar de nuevo en un photocall. Ese emblema de la normalidad precovid regresa. Los vips lo celebran y los periodistas también. Tocó, cómo no, el asunto José Luis Moreno. Ahora que es otro caído, se abre fuego contra él y nadie se pregunta porqué no se actuó antes. Le debemos un aplauso a Yolanda Ramos por haber sido la primera que se atrevió a enfrentarlo públicamente y pedirle que le pagara el dinero, en pesetas, que le debía. Ya no me oían porque estaba entrando Marta Sánchez, que apenas vio el tumulto de periodistas e invitados besándose y abrazándose, sentenció: “Aquí puede haber un brote”. Todo fue a más cuando, poco después, Sánchez decidió marcharse a brote pronto antes de que Vicky Larraz, su histórica predecesora en Olé Olé, hacia su entrada. El “no encuentro” catapultó la presentación a evento de autoayuda de la semana. Regresé a casa sintiendo esa penita porque Cospedal o Moreno no puedan disfrutarlos.

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