El extraño caso de Fergie y el Príncipe Andrés, los divorciados que se protegen frente a los escándalos

A pesar de que su separación se oficializó en 1996, nunca han dejado de compartir techo ni de apoyarse frente a sus mutuos escándalos, ni siquiera ahora que Virginia Giuffre le acusa a él de haber abusado de ella cuando era menor

Sarah Ferguson y Andrés de Inglaterra, en Ascot, en 2019.
Sarah Ferguson y Andrés de Inglaterra, en Ascot, en 2019.

El misterio de la “pareja de divorciados más feliz del mundo” continúa atizando el hechizo de los devotos de la Familia Real británica empeñados en creer en los finales felices, incluso si uno de los miembros de la Casa se enfrenta a una denuncia por abusos sexuales a una menor. La demanda formal presentada esta semana en un tribunal de Nueva York por Virginia Giuffre contra el Príncipe Andrés, el tercer hijo de Isabel II, ha sacudido una vez más los cimientos de la Casa Windsor, pero como lleva ocurriendo desde su separación en 1992, cada vez que el Duque de York afronta un escándalo, Sarah Ferguson aparece en escena para refrendar su papel como principal apoyo de su exmarido.

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Esta semana, los dos llegaban juntos al Castillo de Balmoral, la residencia escocesa en la que la Reina y su círculo suelen pasar los veranos. Era la primera vez que Andrés, considerado popularmente el hijo favorito de la soberana, se veía en persona con su madre desde que Giuffre, una de las víctimas del millonario Jeffrey Epstein, decidiese oficializar su acusación contra el noveno en la línea de sucesión. Junto a él, estaba su más fiel aliada, la mujer que, 25 años después de su divorcio formal, lo sigue describiendo como “el mejor y más grande caballero” que ha conocido nunca.

Ella nunca ha dejado de expresar devoción por él, ni siquiera después de la desastrosa entrevista con la BBC en noviembre de 2019 en la que el Duque de York intentó, infructuosamente, limpiar su nombre. Uno de los grandes reproches al hijo de Isabel II había sido la ausencia total de contrición hacia mujeres como Giuffre, que se han atrevido a denunciar los abusos de Epstein. Ferguson evidenció una postura similar: su angustia no procedía de la implicación de quien había sido su marido en un sórdido caso de violación a menores, sino de “ver a un hombre tan maravilloso pasar este dolor tan enorme”.

Pese a la existencia de una fotografía que muestra al príncipe agarrando por la cintura a Giuffre cuando esta tenía 17 años, supuestamente en la propiedad de Ghislaine Maxwell -pareja y cómplice de Epstein- en el exclusivo barrio londinense de Mayfair, él no solo niega que hubiese mantenido relaciones sexuales con ella sino que rechaza directamente haberla conocido. Su exmujer, conocida coloquialmente como Fergie, ha llegado a tildar de “disparates” las serias alegaciones de la joven que dice haber sido forzada a mantener sexo con él en tres ocasiones (en Londres, en Nueva York y en una propiedad del magnate norteamericano en el Caribe).

La controvertida amistad con Epstein, a quien conoció en 1999 por Maxwell, ha sido fuente constante de controversias. En 2011, Andrés de York se vio forzado a abandonar su rol como embajador comercial británico, un cargo que implicaba constantes viajes y que le había granjeado el sobrenombre de ‘Airmiles Andrew’ (Andrés Millas Aéreas). Su salida, impuesta por Buckingham, se producía, además, tan solo un año después de que el matrimonio se viese envuelto en otro escándalo: a ella la grabaron ofreciendo acceso preferente a su exmarido a cambio de medio millón de libras.

En una trayectoria de meteduras de pata, la propia duquesa tuvo que reconocer las dimensiones de su “grave fallo de juicio”, pero el daño estaba hecho, puesto que menoscababa la imparcialidad de Andrés como mediador para las empresas británicas. Ferguson dijo que él no solo era consciente de la reunión, organizada por periodistas de incógnito para el ya desaparecido dominical News Of The World, sino que había sido precisamente quien le había sugerido qué cantidad demandar, aunque el dinero sería exclusivamente para ella.

La Duquesa nunca ha ocultado sus serios problemas financieros y las deudas la han llevado a embarcarse en dudosas iniciativas como productos televisivos que rozan el reality show, o convertirse en la cara pública de la plataforma para perder peso Weight Watchers. Con su exmarido, tiene en común un aparente magnetismo para generar polémica y es que, por compartir, se reparten hasta la vivienda, puesto que, desde su separación hace casi 30 años, prácticamente no han dejado de vivir bajo el mismo techo.

Es difícil que el espacio sea un problema con las 30 habitaciones que hay en el denominado Royal Lodge (Alojamiento Real) que comparten desde 2008, una de las propiedades en los dominios del Castillo de Windsor, pero ya antes habían habitado en la vivienda oficial de Sunninghill Park, regalo de Isabel II, pese a una ruptura que había sido escandalosa. En el verano de 1992, aunque ya distanciados, se encontraban de vacaciones en Balmoral cuando salieron a la luz unas fotografías en las que el millonario texano John Bryant aparecía chupando los dedos de los pies a una relajada duquesa que se relajaba al sol en top less.

Horrorizada ante la polémica, la Reina la obligó a regresar a Londres y su relación con el Duque Edimburgo nunca se recuperó, pero ni siquiera en su nueva vida Ferguson se llegaría a desvincular de quien ella llama, aún hoy en día, “mi hermoso príncipe”. Como matrimonio, por entonces los Duques de York estaban alejados, si bien ella siempre ha insistido en que la separación no fue por desavenencias, sino por la distancia física impuesta por la carrera de él en la Marina británica, en la que permanecería dos décadas.

Como siempre, la brecha entre el cuento de hadas y la realidad cortesana fue una conmoción, si bien las tribulaciones de Ferguson no son comparables a las de su amiga Diana de Gales, quien había ejercido precisamente de celestina en 1985. Aunque Andrés y Sarah habían coincidido de niños, ya que el padre de ella, un ex capitán militar, era el entrenador de polo del Príncipe Felipe y, posteriormente, del Príncipe Carlos, no se volverían a encontrar hasta que la Princesa de Gales consiguió que invitasen a Ferguson, por entonces de 26 años, a un evento en el Castillo de Windsor durante la temporada de Ascot.

El resto es historia y los Duques de York han reescrito a su manera los votos matrimoniales para extender la promesa de “en la prosperidad y en la adversidad” más allá del contrato nupcial, alimentando con sus constantes muestras de complicidad los rumores sobre una potencial reconciliación.

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