Jennifer, Ben y los apellidos: ¿puede una mujer/marca convertirse en la ‘señora Affleck’?

La boda del año deja algunas preguntas en el aire, como la posibilidad de inventar a Ben Lopez o la poco probable idea de que Jennifer Lopez, el producto, se transforme en Jennifer Affleck, la esposa

Ben Affleck y Jennifer Lopez en la 'premiere' de la película 'El último duelo', en 2021 en el Festival de Venecia.
Ben Affleck y Jennifer Lopez en la 'premiere' de la película 'El último duelo', en 2021 en el Festival de Venecia.FILIPPO MONTEFORTE (AFP)

Después de 18 años de espera, sonaron campanas de boda. Jennifer Lopez (52 años) y Ben Affleck (49 años), una de las parejas más fascinantes y mediáticas de principios de los 2000 y una de las parejas sorpresa más esperanzadoras después de los duros años de pandemia, se casaron el pasado fin de semana en Las Vegas. Un final perfecto de comedia romántica sobre reencuentros y segundas oportunidades, de esas que protagoniza, precisamente, alguien como Jennifer Lopez. Tras los pétalos, el champán, y el selfi de J.Lo, tumbada en la cama a la mañana siguiente, luciendo satisfecha y feliz con su nueva vida, llegaron los detalles, compartidos por la propia Jennifer Lopez a través de su boletín On The JLo.

En lugar de la macroboda que la pareja planeó en 2003 y que nunca llegó a celebrarse, esta vez apostaron por algo rápido, sencillo e íntimo: “Quédate el tiempo suficiente y tal vez encuentres el mejor momento de tu vida en Las Vegas, a las doce y media de la mañana, en el túnel del amor, con tus hijos y la persona con la que pasarás el resto de tu vida. El amor es una gran cosa, tal vez la mejor de las cosas, y vale la pena esperar”. Más allá de la lista de invitados o los vestidos que escogió la cantante para la ocasión, la carta terminaba con un último y curioso detalle, una nueva identidad: “Con amor, Mrs. Jennifer Lynn Affleck”.

Según la revista People, que tuvo acceso al registro de la licencia de matrimonio de la oficina del secretario del condado de Clark, en Nevada, aparecen registrados los nombres de Benjamin Geza Affleck como Parte 1 y Jennifer Lopez como Parte 2; sin embargo, en el apartado de Nuevo nombre, la cantante ya aparece como Jennifer Affleck. Esta decisión ha estado sujeta a algunas críticas, especialmente en redes sociales ya que, como han apuntado algunos usuarios, es una decisión extraña para alguien como Jennifer Lopez, cuyo nombre es en sí mismo una marca personal que la artista no ha dudado en declinar en diversas etapas, desde Jenny From The Block al inconfundible J.Lo, y quien en los últimos años ha estado vendiendo el empoderamiento femenino y la individualidad de la mujer a través de canciones como Ain’t your mama.

Pese a las críticas, lo cierto es que Jennifer Lopez ha tomado la decisión más habitual en su país: en Estados Unidos, en torno al 70% de las mujeres continúan escogiendo el apellido del marido tras el matrimonio, según uno de los estudios más amplios realizado en los años recientes por el medio The New York Times. A pesar de que las cifras hayan disminuido en comparación con generaciones anteriores, todavía existe una arraigada tradición cultural en torno al cambio de apellido, pese a encontrarnos en un periodo histórico en el que la mujer no es penalizada ni legal ni económicamente por mantener su apellido.

Tal y como explicaba la periodista Sharon Brandwein en la revista Brides, la biblia de las futuras novias en Estados Unidos, tomar el apellido del marido es una tradición patriarcal: “Según el derecho consuetudinario inglés, la cobertura afirmaba que una vez casada, la identidad de una mujer estaba cubierta por su marido. Desde el momento de su matrimonio, una mujer era conocida como feme covert o mujer cubierta; ella y su esposo esencialmente se convertían en uno. Con su identidad esencialmente borrada, las mujeres no podían poseer propiedades ni firmar contratos por su cuenta. Los esposos tenían control total sobre sus esposas, legal y financieramente”.

Los tiempos han cambiado y la tradición patriarcal se ha convertido en tradición amparada en el romance, que tiene la misma simbología que llevar algo viejo, algo prestado y algo azul, o que sea el padre de la novia quien la entregue al futuro esposo. Según un reportaje del medio británico BBC sobre el asunto, hay dos motivadores principales para mantener viva esta tradición en pleno siglo XXI: “El primero es la persistencia del poder patriarcal (ya sea que este fuera obvio para las parejas o no). El segundo fue el ideal de la buena familia: la sensación de que tener el mismo nombre que su pareja simboliza el compromiso y unidad”.

Compromiso y unidad son precisamente los dos valores que firman el nombre Jennifer Lynn Affleck: una declaración de intenciones que pone punto y final a la narrativa que la propia J.Lo ha controlado desde que regresase con Ben Affleck, al que se refiere como el amor de su vida. En esta segunda ocasión, Jennifer Lopez se ha encargado de transmitir la información antes de que lo hicieran los medios —quienes, según apuntó la pareja en numerosas entrevistas, fueron para ellos los grandes culpables del fin de su relación en el pasado debido a la persecución constante y al escrutinio excesivo al que fueron sometidos—. El apellido Affleck refleja que, para ellos, a la cuarta va la vencida: no hay constancia clara de si cambió su nombre en alguno de sus tres anteriores matrimonios. Sin boletín mediante, se desconoce si en otro momento de su vida fue Jennifer Noa, Jennifer Judd o Jennifer Anthony. Sin embargo, sí existe constancia de un vídeo del año 2003, sacado de una entrevista especial en horario de máxima audiencia con Access Hollywood sobre la mediática pareja y que ha resurgido a través de redes sociales, donde el periodista Pat O’Brien le pregunta, mientras J.Lo cocina una tortilla, cuál será su nombre después de casada: “Jennifer Lopez”, responde sin dudarlo, “pero mi nombre será Jennifer Affleck, obviamente”. Jennifer Lopez separaba de manera contundente la obra de la artista o, mejor dicho, la marca J.Lo (millonaria y superventas, con una línea de belleza facial y una de perfumes, entre otros), de la esposa. Jennifer Lopez seguirá siendo la cantante, actriz y bailarina sobre los escenarios y frente a las cámaras, lo será en las alfombras rojas y en las entregas de premios, pero será Jennifer Affleck en la intimidad, guardando con mimo esa pequeña parte de la relación que, en 2003, casi termina a causa de la sobreexposición.

El propio escrutinio al que se ha sometido su última firma en su boletín deja también un poso un tanto machista: pocos se han planteado la decisión de Ben Affleck de mantener su apellido, como si no se pudiera imaginar la posibilidad de un Ben Lopez o B.Lo. Los hombres que cambian su apellido por el de sus mujeres continúan siendo una rara excepción. Jennifer Lopez y Ben Affleck podrían constituir esa rareza, a fin de cuentas, ya lo están siendo: una pareja que, después de una separación de 18 años y con varios e incluso algunos felices matrimonios de por medio, se juntan, más maduros, más sabios, y lo vuelven a intentar. Y funciona.

La posibilidad de Ben Lopez daría una vuelta de tuerca a la tradición patriarcal. Un excitante giro de acción de película de Ben Affleck. Como apuntaba Álex Grijelmo en un reciente artículo en una columna titulada, precisamente, Mujeres despojadas de su apellido, no porque una tradición esté muy extendida significa que no siga siendo conflictiva: “El machismo no se halla, pues, en el sistema de la lengua, porque la casuística derriba cualquier teoría; sino en las asimetrías con que la usamos. Y una de ellas es esa pérdida del apellido de la mujer a quien se despoja de su identidad para darle la del esposo”. Jennifer Lynn Affleck es libre de escoger su identidad. También lo sería Ben Affleck. La historia ha tenido un final feliz, quizás faltó una última sorpresa.

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