Por qué el mundo del diseño está pendiente del Salone del Mobile de Milán

Este domingo comienza la primera edición desde 2019 de la feria de mobiliario más importante del sector. Aquí, las claves para entender por qué es fundamental

Una instantánea de la edición de 2014 del Salone del Mobile de Milán.
Una instantánea de la edición de 2014 del Salone del Mobile de Milán.Pier Marco Tacca (Getty Images)

Cuando este 5 de septiembre abra las puertas la nueva edición de Salone del Mobile.Milano, la feria internacional de mobiliario y diseño más importante del sector, lo hará tras un largo silencio de más de dos años: su última edición tuvo lugar en abril de 2019, la edición presencial de 2020 se aplazó primero y canceló después y la de 2021, inicialmente prevista para abril –mes de celebración del evento desde hace décadas– se pasó finalmente a septiembre, debido a la pandemia. Por tanto, el hecho de que vuelva a celebrarse con público y con un formato que retoma –y, por lo que han anunciado sus organizadores, mejora– el de antaño, es un acontecimiento de importancia notable. Sin embargo, como todo tras la irrupción de la pandemia, nada será igual que antes. A continuación, algunas claves para entender qué se puede esperar de los eventos y presentaciones que tendrán lugar hasta el 10 de septiembre en Milán, la capital mundial del diseño.

Esto es una feria

Las ferias son el corazón comercial de muchos sectores. En ellas, los fabricantes muestran sus novedades a los grandes clientes –propietarios de tiendas, distribuidores, interioristas, estudios, constructores–, que pueden hacer sus pedidos y poner en marcha la rueda de la temporada. Durante el último año, la mayoría de los contratos se han cerrado por otras vías, especialmente a través de internet, videoconferencias y encuentros virtuales. Pocas reuniones, pocos apretones de manos y, por tanto, pocas sinergias. Así que conviene recordar que el centro del Salone es la feria, que se desarrolla tradicionalmente en la Fiera Rho, a las afueras de Milán, y que en esta ocasión tendrá un formato algo más reducido: cuatro pabellones y 423 expositores reunidos en lo que sus responsables han denominado “Supersalone”; no una feria reducida, sino una feria más optimizada que nunca. “Estamos esforzándonos en organizar este Supersalone porque creemos que es fundamental volver a verse, hablar y descubrir en persona los productos que nuestras empresas han seguido creando durante estos 18 meses de pandemia”, ha explicado Maria Porro, presidenta de Salone del Mobile Milano, la plataforma que organiza el evento. Mobiliario, cocinas e iluminación son algunos de los sectores estrella. Y, por supuesto, predominan las firmas italianas, que son las que mandan en este negocio. Lo que está en juego es tanto que, al igual que sucedió en Pitti Uomo este verano, se espera presencia oficial: aquí, nada menos que el presidente de la república italiana, Sergio Mattarella.

La mirada del comisario

Reducir el tamaño de un evento implica un esfuerzo extra de selección. Y, en esta edición del Salone, el encargado de capitanear esa tarea es Stefano Boeri, comisario del evento y uno de los arquitectos que mejor representan el presente del diseño italiano –suyo es el famoso Bosco Verticale de Milán, un edificio que destaca por sus exteriores ajardinados que parecen trepar por los muros–. Boeri ha coordinado la programación del evento, que define como “súper porque es imperdible, e imperdible porque reunirá por primera vez a las grandes marcas del diseño, los jóvenes artesanos, las escuelas internacionales, los grandes iconos del design, los más grandes chefs italianos y muchos protagonistas de la escena del arte y la arquitectura”, ha declarado. Además de la presencia de los gigantes del sector –firmas históricas como Minotti, Molteni&C o PoltronaFrau–, habrá exposiciones, instalaciones específicas y una intensa actividad online para todos los que no puedan desplazarse. El resumen viene a ser: menos volumen, pero más y mejor concentración.

Un visitante pasea ante el espacio de la firma Cassina en el Salone de 2015.
Un visitante pasea ante el espacio de la firma Cassina en el Salone de 2015.OLIVIER MORIN (AFP via Getty Images)

Sostenibilidad

El signo de los tiempos también se advierte en la cantidad de veces que se repite la palabra sostenibilidad en el manifiesto de los organizadores del evento. Una de las cosas que han cambiado radicalmente con la pandemia es que ya no es aceptable no ser sostenible. Y las ferias internacionales de antaño reunían muchos comportamientos que hoy resultan excesivos: dispositivos monumentales y costosos de un solo uso, reuniones presenciales por doquier, vuelos internacionales sin orden ni concierto… En el Supersalone, todo el mobiliario y las piezas diseñadas por Andrea Caputo y Stefano Boeri son reciclables o reutilizables en futuras ediciones. Entre los materiales abunda la madera reciclada. Incluso la entrada de los visitantes se producirá en medio de un bosque plantado para la ocasión cuyos árboles serán trasplantados después en Milán y sus alrededores.

Nuevos Talentos

Todo diseñador de producto europeo puede recordar qué sintió la primera vez que acudió al Salone, un evento donde, además de ver prototipos extraordinarios y exclusivos, se miden los talentos del mañana. El año pasado hubo toda una promoción de estudiantes de diseño que se quedó sin poder presentar sus proyectos finales en la feria, uno de los hitos de la programación. Y en esta ocasión el Supersalone ha organizado The Lost Graduation Show, una exposición con muchos de aquellos proyectos que se quedaron en el limbo. 48 escuelas de 22 países han seleccionado lo mejor de sus promociones.

La ciudad del diseño

Milán es una ciudad que alberga acontecimientos tan importantes como las semanas de la moda que la ponen patas arriba cada seis meses. Sin embargo, ningún desfile tiene la capacidad de transformar sus calles tanto como el Salone. Es un tópico decir que lo mejor del Salone sucede fuera del recinto, pero en cierto modo es verdad. Durante una semana, los barrios de moda de la ciudad lombarda acogen exposiciones, aperturas extraordinarias de edificios, performances, fiestas e instalaciones que abren las puertas del tradicionalmente monacal urbanismo milanés. Las marcas que no participan oficialmente en el Salone idean formatos para presentar sus colecciones. Artistas, galerías y agitadores culturales inventan intervenciones y eventos efímeros –algunos, con nombres de largo alcance– para seducir al público. Este año hay hasta proyectos gastronómicos, además de una muestra en la Triennale que incide precisamente en esto: en el modo en que un evento que comenzó como una simple feria comercial ha evolucionado hasta convertirse en una celebración global.

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