La noche (y la mañana y la tarde) es para ellas

La revancha de Chenoa y Soraya contra los que las tacharon de altivas: “Hubo un año en que intenté ser simpática y me salió un eccema”

Salieron de ‘OT’ con tres años de diferencia, pero con similar imagen de mujeres fuertes y con carácter, un encasillamiento que no siempre jugó a su favor. Ahora se han juntado para cantar ‘Rompecabezas’, una balada que tiene tanto de tirita contra el desamor como de discurso sobre la fortaleza femenina

Soraya lleva camisa Dsquared2 y camiseta y ‘short’ Prada. Chenoa viste corbata Prada y chaleco y pantalón Shoop.
Soraya lleva camisa Dsquared2 y camiseta y ‘short’ Prada. Chenoa viste corbata Prada y chaleco y pantalón Shoop.Pablo Zamora

Chenoa caminó para que Soraya pudiera volar. Esa, al menos, es la percepción de muchos seguidores de Operación triunfo: Chenoa quedó cuarta en 2002 porque su imagen de mujer segura de sí misma (que algunos percibieron como arrogancia), madura (soberbia) y profesional (prepotente) la distanció del cariño del público, más ávido de campechanía, tropiezos y humildes relatos de superación. Chenoa, al fin y al cabo, era igual de estrella en la gala 0 que en la gala 14. Pero tres ediciones después, ese mismo público había aprendido la lección y, cuando se topó con otra artista imponente, sí la coronó en segunda posición dejándola a unas décimas del triunfo. Soraya, además, sería la única concursante de su edición con una carrera relevante más allá de OT.

“La gente me decía: ‘qué pena que hayas quedado cuarta’, y yo respondía: ‘Ya, pero es que antes no tenía ningún puesto”, recuerda Chenoa. “Mi lectura es que mi perfil no era del todo aceptado de cara a los medios. Ese tipo de mujeres existíamos desde siempre, pero lo guardábamos un poco entre nosotras. Al exponerlo de una manera tan natural, de repente me di cuenta de que no gustaba. Porque yo me di cuenta, no soy ninguna tonta. Entonces tenía dos opciones y dije: ‘Bueno, pues prefiero un cuarto puesto”.

Vista su edición dos décadas después, Chenoa no era tan altiva como la pintaron. Pero sí se distanciaba de sus compañeros al ser más elocuente (era la única que se comunicaba mediante frases subordinadas), menos insegura y más centrada: se dedicaba a la música porque su madre se había puesto enferma (“a mí nadie me preguntó si me apetecía cantar, tuve que hacerlo por necesidad” confiesa) y en ningún momento explotó esa historia ante las cámaras. “Yo ahora me veo como una niña chiquita de 26 años que estaba ahí intentando arañar como podía, después de 10 años de pelear en el anonimato. Yo no iba ahí a reírme un rato, yo necesitaba trabajar”, aclara.

Esa misma ambición profesional la ha reunido con Soraya en un proyecto al que estaban destinadas: una canción a dúo que, eso sí, desafía las expectativas de su público al no tratarse de la canción de discoteca que muchos esperarían de ellas, sino de una balada clásica: Rompecabezas. “Cuando nació mi hija me inspiró a compartir historias más íntimas”, confiesa Soraya. “Rompecabezas trata sobre una historia de amor pasada, un amor nocivo que quería lanzar al aire para que se fuera lo más lejos posible. Ha sido bonito ponerme frente a esa relación y no sentir rabia, ni miedo, ni ira. La miro como si ya no fuera mía”.

El concepto de Rompecabezas es que las relaciones de mierda, si se atraviesan con una buena amiga cerca, no huelen tan mal. Soraya se la envió a Chenoa y esta aceptó enseguida. “Si una canción no me gusta no la voy a hacer, pero Rompecabezas me pareció perfecta y preciosa. Creo que la manera de seguir adelante en el pop de forma inteligente es estar ubicada, yo estoy en España y me encantaría hacer funk, pero el funk lo toco en mi casa”, explica Chenoa.

Tanto ella como Soraya han visto cómo su imagen pública mejoraba con el paso de los años y gracias a sus apariciones en televisión. Llevan el suficiente tiempo siendo famosas como para que el público haya revisado sus prejuicios contra las mal llamadas “mujeres antipáticas”: ambas cantantes se han beneficiado (y han contribuido) a la reevaluación del término “mujer antipática”. “Yo hubo un año que intenté ser simpática y me salió un eccema” cuenta Chenoa. “Ahora hay una sensibilidad extrema donde todo el mundo quiere ser querido y aceptado, porque es muy de mamífero”.

Soraya opina que, aparte, no se puede controlar la percepción que el público tiene sobre ti. “Aunque tengas la intención de hacerlo, no se puede. Porque pesa mucho más la personalidad y al final a mí me entra un arranque de ira. ¿Por qué tengo que cambiar yo?”. Chenoa ha contado que al principio de su carrera le ofrecían canciones “muy de mala hostia”, acorde con su imagen, pero que en realidad esa dureza era un escudo para protegerse de la fama masiva que se le estaba viniendo encima.

En realidad, claro, el mundo no cambia por arte de magia. La percepción del público hacia Chenoa y Soraya se empezó a suavizar cuando, una vez existieron en el mundo real fuera del concurso, se mostraron por fin vulnerables en términos tradicionales. Chenoa despertó compasión cuando atendió a los medios en el portal de su casa y en chándal tras romper con David Bisbal y a Soraya le aplaudieron su sinceridad cuando regresó de Eurovisión admitiendo su decepción. “Después de Eurovisión aprendí a decir que no. Lo más delirante que me ha pasado en mi carrera fue tener que hacer baile contemporáneo en un escenario de 50x25 metros haciendo acrobacias con una canción como La noche es para mí, que podía haber tenido una puesta en escena más sencilla y más festivalera, respetando más mis gustos. ¿Pero sabes qué? Que había firmado un contrato y fui lo que tenía que ser: una profesional. Y cumplí con todo. Todo el equipo hizo lo que le tocaba. ¿Pero arte contemporáneo? ¿De verdad? Lo único que pude elegir fue el traje”, explica.

Otra cosa que ambas mujeres tienen en común es que se hicieron más fuertes al dejar de tomarse las burlas tan a pecho y animarse a participar de la broma. Soraya ha reconocido que si lo llega a saber registra la palabra “poyeya”, en referencia a aquella actuación en la que cantaba Vivo por ella con una pronunciación tan particular que se viralizó incluso cuando no existían las redes sociales. “A mí me han llamado ‘poyeya’ por la calle, pero no me duele porque no me representa. A mí me duele que me juzguen como madre”, admite.

En 2016 OT: el reencuentro cristalizó definitivamente la popularidad y el carisma de Chenoa al ofrecer por fin un desenlace para la dichosa ruptura mediante una actuación casi catártica para la nación. Y además, ella sentenció: “Yo en chándal no salgo más”. Después lanzó una línea de sudaderas con esa frase. “Eso es una actitud muy americana. Allí si hacen un escándalo nacional aparecen después en Oprah repitiendo lo mismo en clave de parodia”, defiende ella. “¿Que me dicen lo del chándal? Pues me saco unas sudaderas, que las vendí como churros y sigo con la línea, por cierto. En vez de luchar contra los que decían si había cobra o no había cobra, me hice un anuncio de Amena [con el eslogan ‘Tu compañía, ¿te cobra o no te cobra?’]. Pero además, en el momento. No me vas a ver dudar. Mi vida la controlo yo y soy yo quien va a evolucionar. Y me merezco ser feliz. No puedo seguir siendo esa chiquita de 26 años con una historia que no existe”.

El público gay ha contribuido a mantener sus carreras a flote y, quizá por ello, nunca han tenido que explotar su erotismo. Soraya ni siquiera se besa con los actores de sus videoclips y asegura que al ser rubia y con una 110 de pecho (se sometió a una reducción tras salir de OT) podía haberse construido una imagen más sexy, pero enseguida comprendió que la gente la seguía por su actitud y no por su físico. “Yo me he criado en un show gay, cuando vi Showgirls no me sorprendió porque yo lo viví seis años”, asegura Chenoa. “Vengo de un casino donde los gais me enseñaron a caminar porque yo no sabía andar con tacones. Ellos caminaban muchísimo mejor que yo y con piernas más bonitas, porque como las tienen fuertes pisan muy bien. Yo andaba como un pato. Pero yo sí me considero muy sensual. Vestida también. En el videoclip de En tu cruz me clavaste me marqué un striptease en una cama, con un rapero que me iba desnudando mediante un videojuego. Yo no es que utilice el sex appeal, yo soy sexi”.

Los primeros triunfitos irrumpieron en la industria cuando todavía se vendían CDs y han visto cómo Spotify iba cambiando radicalmente el consumo musical. Ahora los artistas necesitan lanzar canciones constantemente para seguir promediando escuchas mensuales que los mantengan en las playlists. Chenoa, que lleva cuatro años sin publicar un álbum y desde entones solo ha sacado tres singles, admite que estuvo a punto de dejar la música en 2011 y que la televisión cada vez la estimula más. Acaba de firmar un contrato con TVE cuyo primer proyecto fue la presentación del especial de Nochevieja (junto a Florentino Fernández) y que ha desatado rumores de que Chenoa presentará la próxima edición de Operación triunfo. “Si no sale un trabajo, yo lo provoco. Yo necesito comer” aclara.

“Nunca entendí que las discográficas te metan en el congelador, que es una frase que yo he escuchado” lamenta Soraya. “Te meten en el congelador, tu carrera se queda en pausa y tú te preguntas: ¿Y yo de qué vivo el resto del año? ¿Cómo pago mis facturas? Y ahora con una hija. He estado con Sony, con Universal y ahora por mi cuenta. A mí me gusta hacer las cosas en mi casa, tranquila, midiendo yo los tiempos, eligiendo yo los proyectos, con mi equipo y a mi manera”. Ambas cantantes fundaron su propia discográfica (Chenoa, Alias Records; Soraya, Valentia Records) para tener más control sobre sus propias carreras y gestionar sus contratos. Se trató de una apuesta coherente con su trayectoria: haber salido de OT las convirtió en figuras familiares para la audiencia y eso les granjeó ofertas de televisión, publicidad y eventos.

“Es un tipo de artista muy yanqui, un cantante en Estados Unidos puede ganar el Oscar y nadie lo ve raro. Se les permite una mayor flexibilidad” señala Chenoa. “Aquí en España es más complicado, tienes que elegir un único lugar y quedarte ahí. Pero yo también soy indie. Soy más indie que tú. Soy literalmente una artista independiente. Pero hago un tipo de música muy pop, muy dulce y de repente hago tres programas de televisión. Yo hago de todo. Me hago un monólogo, no tengo problemas, si el ridículo tiene un sentido yo me apunto. Me gusta que me desmenucen, tiene que ser muy insultante para que yo diga que no. Si me lo cuentas, igual me gusta. También por eso trabajo mucho, porque yo a nada le digo que no. Yo pregunto cómo va, cuánto vale, cuántos días son. Y me implico en los proyectos, algunos no pagan mucho pero son muy divertidos, pero otros dices: ‘Oye, por esto dame un poquito más, tío’. Al ser una cantante independiente, al final lo hago todo”, concluye Chenoa. “Y aprendes mucho. Aprendes del negocio, nadie te oculta las cosas, aprendes a gestionar la letra pequeña. Te vuelves un poco empresaria y disocias mejor al llegar a casa. Yo me visto para ir a trabajar y voy a trabajar, pero cuando me meto en casa de puertas para dentro, ya sabéis... en chándal”.

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