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Valeria Vegas: “Cuando una persona sale del armario tiene que hacerlo arrancándose la camisa, como Camarón. Si lo haces, hazlo a por todas”

La escritora estrena en Spotify el podcast ‘Orgullo’, en el que arroja luz sobre todas las letras que conforman el LGTBQI con la ayuda de voces célebres de España

La periodista, escritora y activista Valeria Vegas está a punto de estrenar el programa de audio 'Orgullo' en Spotify.
La periodista, escritora y activista Valeria Vegas está a punto de estrenar el programa de audio 'Orgullo' en Spotify.Spotify

“La historia del mundo se cuenta en los libros, pero la historia LGTBQI no se cuenta en ningún sitio”. La frase se escucha en el primer episodio de Orgullo, el programa de audio producido por Ekos Media para Spotify en el que la periodista, escritora y activista Valeria Vegas (Valencia, 35 años) charla con figuras representativas del colectivo en España. No se dedica un programa a cada entrevistado, sino que todas sus voces se cruzan y encadenan en todos los episodios para crear una amalgama de opiniones y experiencias: el resultado no solo tiene como pretensión explicar conceptos básicos –y algunos más complejos–, sino compartir vivencias personales, ayudar y, por supuesto, entretener. Y no solo al colectivo. Como deja claro Vegas en el primer episodio, sería ideal que este programa lo escuchasen, precisamente, aquellos que consideran que esto no va con ellos.

Tras unos cuantos años ejerciendo de articulista y de archivo viviente del mundo del espectáculo español en las redes sociales, Valeria Vegas saltó a la fama gracias a escribir las memorias de La Veneno, posteriormente una exitosa serie de Javier Ambrossi y Javier Calvo que se ha visto internacionalmente. Desde entonces, Valeria se ha convertido en habitual de medios escritos y tertulias televisivas y ha publicado dos libros más (Vestidas de azul y Libérate, ambos de editorial Dos Bigotes). Ambos son trabajos que arrojan datos, luz y dignidad a unos personajes que habíamos olvidado o ni siquiera habíamos llegado a conocer. “Me ha gustado siempre investigar y rascar, y siendo justos, creo que el bum de Veneno, el libro y la posterior serie, me situó en un momento en el que se me escuchaba y me dio una visibilidad muy positiva”, explica. “Antes estos temas no interesaban. Los medios los veían… es que ni puedo llamarlo contracultura, más bien directamente como algo underground”.

Vegas se muestra satisfecha con el resultado de Orgullo. Entre sus invitados están Samantha Hudson, Amarna Miller, Javier Ambrossi, Javier Calvo, Bob Pop, Mikel López Iturriaga o Carolina Iglesias. ¿Quién no pudo estar? “Me dio rabia no poder coordinar una entrevista, por cuestión de agendas, con Jesús Vázquez”, lamenta. “Me resulta muy interesante como parte de esa generación bisagra entre el gay de los años setenta al gay de la actualidad, capeando buenamente y como pudo los medios de comunicación de esos años noventa, tan feroces”.

De todos los invitados, Vegas habla con especial interés de la presentadora de Mediaset Sandra Barneda (La isla de las tentaciones). “Fue muy generosa. En ella se ve una evolución, desde el momento en que sale del armario de una manera un poco torpe [al principio no salió del armario públicamente, luego dijo que la orientación sexual era privada, luego decidió hablar de la suya ya libremente] porque no sabía hacerlo de mejor manera. Hoy es muy combativa, muy reivindicativa. Ya no se escuda, no tiene miedo a la palabra lesbiana”. El caso de Barneda refleja muy bien que no hay una sola forma de salir del armario y no todo el mundo está preparado para hacerlo.

La presentadora de televisión y escritora, Sandra Barneda, en el plató del programa 'La isla de las tentaciones' en Madrid el pasado en enero.
La presentadora de televisión y escritora, Sandra Barneda, en el plató del programa 'La isla de las tentaciones' en Madrid el pasado en enero.Diego Puerta / Gtres

“Hay muchos casos en los que en el armario te meten, no te metes tú. Sandra no estaba armarizada, pero sí sentía que podía provocar un rechazo social al ser una persona pública el hablar de ello. Quizá de ahí esa forma algo torpe, por así decirlo, pero como lo hizo mucha gente, ojo. Hay que valorar su evolución: ahora habla claro y reflexiona. ¿A cuántas mujeres lesbianas conocemos muy importantes en este país que todavía no se han posicionado? Hay un silencio en torno a ellas. En ese sentido, Sandra ha dado un salto y se ha lanzado a esa carrera”, afirma Vegas.

La conclusión que la escritora ha sacado tras todas estas charlas es que “hay muchos tipos de armarios. Todos conocemos algún caso del tipo ‘mis amigos lo saben, pero mi familia no’. En mis entrevistas descubrí a personajes que me decían: ‘A mis padres se lo dije, pero me pidieron que no se lo dijese a mis abuelos porque a lo mejor les sentaría mal’. Pero ¿qué es esto, un delito? El problema del colectivo LGTBQI sigue siendo que no hay un solo armario. ¿Y esa gente a la que le da miedo decirlo en el trabajo por si los despiden? Cuando una persona sale del armario tiene que hacerlo arrancándose la camisa, como Camarón. Si lo haces, hazlo a por todas”.

Como proclama suena a oro, pero es cierto que todavía vivimos en un mundo en el que las celebridades son medidas tanto por su labor artística como por la imagen que proyectan al mundo. Vegas pone el ejemplo de la actriz Susi Sánchez. “En una entrevista dijo que su madre le pidió que, hasta que ella no muriese, no contase que era lesbiana. De modo que Susi no dejó nunca de vivir su vida, de ir en Nochebuena con su novia a cenar a casa, pero públicamente no hablaba de ello. Hay gente que querría hacerlo, pero aún hay miedo a la industria y a la familia. Pasa que si los personajes públicos no lo hacen, es difícil acabar con la estigmatización. Vamos a seguir todo el tiempo faltos de referentes. Y eso, más que una obligación moral, es responsabilidad de la gente pública”.

Sara Montiel y su marido, Anthony Mann (a la derecha) fotografiados en un estreno en Madrid en la década de los cincuenta.
Sara Montiel y su marido, Anthony Mann (a la derecha) fotografiados en un estreno en Madrid en la década de los cincuenta.Getty Images

Vegas no es solo activista LGTBQI: también una auténtica enciclopedia del entretenimiento español, que hace especial hincapié en aquellas figuras que el público generalista ha olvidado o arrinconado por considerarlas horteras, antiguas o pasadas de moda. “España es muy ingrata con sus artistas”, se queja. “No sé si viene de la moral judeocristiana, pero exigimos a los famosos que sean perfectos. Y si no lo son, a la hoguera. De Sara Montiel, por ejemplo, la gente se ha quedado con los 10 últimos años, que por cierto a mí me parecen de los mejores últimos años que puede tener una persona porque fue libre e hizo lo que le dio la gana. La lectura del público general fue: ‘¡Esta vieja está loca!’. Pues a mí me parece igual de válida que la Sara de El último cuplé. Pero en este país, una sola etapa te anula todo lo que puedas haber hecho anteriormente. En cambio, en Francia a alguien como Brigitte Bardot no la anulan todas las barbaridades que ha dicho en los últimos 35 años porque se siguen valorando todas las películas y canciones que les ha dejado. Pesa más la obra artística que la persona. En España se junta el no saber separar eso, el querer un modelo unidireccional sobre un mismo tipo de artista y luego, además, la eterna idea de que lo nuestro es cutre. Preferimos ver una drag queen haciendo un número de Kylie Minogue a una drag haciendo un número de Juanita Reina. Si hace un numero de Madonna, guay; si lo hace de Marifé de Triana es un cutrerío”.

Vegas sostiene que la sociedad tiende a fagocitarse, a anular a la generación anterior. “Las que triunfaron en los setenta ya no estaban de moda en los ochenta, las de los ochenta empezaron a estar mal vistas en los noventa… Las folclóricas dejaron de grabar discos, las del destape dejaron de hacer películas, los de la Movida se juntaron para hacer giras nostálgicas en los noventa… se van devorando unos a otros. Pero ya no es el hecho de lo caduco que sea el mundo del espectáculo, sino también de esta visión degradada de lo nuestro. Es curioso cómo en este país no se puede decir ni que tengamos personajes de culto. En Estados Unidos, por ejemplo, un personaje de culto es mainstream. Me acuerdo de que coincidimos en una charla Samantha Hudson y yo y cuando vino el técnico a ponerme el micro, me preguntó: ‘¿Tú eres Samantha?’. Me dio a mí que la única Samantha a la que conocía era a Samantha Fox (la actriz inglesa que se hizo famosa por sus curvas en los ochenta). Está todo tan fragmentado que voces como las nuestras no llegan a él. Nos creemos ciertas cosas en nuestros entornos, pero tú te vas a un pueblo y no tienen por qué conocernos”.

Samantha Hudson posando para ICON ante el objetivo de Gorka Postigo.
Samantha Hudson posando para ICON ante el objetivo de Gorka Postigo.Foto: Gorka Postigo

Efectivamente, fuera de la burbuja de los barrios céntricos de las grandes ciudades, el mundo del espectáculo o la celebración en redes sociales de los personajes diferentes, disidentes y rompedores, el mundo es hostil para las mujeres transexuales, por ejemplo, que sufren un 80% de paro. ”Hay un espejismo, claro que lo hay, y no solo un espejismo: volvemos a lo de la imagen unidireccional que dicta que la mujer trans debe ser guapa, bella, esbelta… Los medios y el público abrazan lo que les resulta estéticamente bonito. Y yo lo puedo entender, ojo, tengo cien mil musas y todas bellísimas, pero estamos en 2021 y la mujer trans tiene que salir de ese discurso”.

Pese a todo, Vegas también ve con cierta distancia al creciente número de personas que, desde las redes sociales, se definen como activistas de la causa. “Hoy en día tenemos tal cantidad de gente que se ha sacado el carnet de activista que te dan ganas de decir: ‘¡Hostia, es que tenemos más activistas que medallas olímpicas!’. A ver, también hay que tener un poco de respeto al término. El activismo implica muchas cosas. Es verdad que se puede hacer indirectamente porque escribes un libro o haces cierta labor divulgativa, pero aquellas transexuales primigenias como Carmen de Mairena o La Veneno, sin hacer nada de esto, sin saber ellas mismas ni qué era el activismo, también fueron activistas para mí por el mero hecho de caminar por la calle”.

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Actualmente, Valeria ultima los detalles de un documental sobre Susana Estrada. ¿Qué otras figuras cree que deberían ser rescatadas del olvido y reivindicadas por haber entretenido, enseñado y revolucionado a un país que resurgía de las cenizas de la dictadura? “De España tengo muchas divas de las que me gustaría hablar, como Esperanza Roy. Mujeres que estaban por encima del bien y del mal, tal vez lo más cerca que hemos estado de las divas del Hollywood clásico por su modo de vivir, de dar declaraciones… pero me gustaría, más que personajes concretos, hablar de hechos de la historia pop de España. Un documental, por ejemplo, del día en que las hermanas Hurtado se cruzaron con los Beatles. ¿No sería eso un documental maravilloso? Hablar con ellas, que relaten cómo fue ese día, buscar a los que siguen vivos de las bodegas aquellas donde estuvieron con los Beatles, que hable también Marta Fernández-Muro, que acudió como fan al aeropuerto a recibirlos y a gritarles… Me encantaría hacer ese tipo de documentales sobre historias de la España que nos interesa”. Productores que lean esto, recojan el guante. Esta España que es quiere saber sobre aquella otra que fue.

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