nueva normalidad | en primera persona
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

No sé si llevaré a mis hijas al colegio

Mi hija mayor quiere unas zapatillas. “¿Me las comprarás si hay cole?”, pregunta. Regresar a las aulas es su manera de resucitar, de ser ante los otros, de tener horizonte, de crecer más allá de sus padres

Juárez Casanova

2 de abril de 2020. Llevamos dieciocho días confinados cuando publico esto en Instagram. “A veces, cuando hace sol, mi hija mayor (diez años) se viste como si fuera a salir a la calle. Entonces se coloca en la ventana, medio cuerpo fuera, y se limita a esperar. Una niña que espera. Una niña triste, además, estos días. Ni una sola vez han preguntado (ni ella ni su hermana) cuándo va a acabar esto. Y eso es porque estamos aún lejos del destino…”

5 de mayo de 2020. Mis hijas fantasean con la idea de salir a la calle, mientras muchos niños en Madrid sueñan con matar el hambre. Entonces Isabel Díaz Ayuso explica que los menores más vulnerables de Madrid recibirán menús de Telepizza, Rodilla y Viena Capellanes “hasta que termine el periodo lectivo”. Mi hija debe de oír campanas porque me pregunta —ilusionada— si a nosotros nos van a mandar pizza por Glovo mientras no haya cole. Le explico que no. Que la comida rápida es solo para las familias con rentas más bajas. Que la educación de calidad intenta atenuar la injusticia social y que esa comida es una humillación para todos los madrileños, no solo para los niños que la reciben.

11 de junio de 2020. Llega a Gmail la carta de evaluación de la mayor. Las maestras explican sus criterios para este curso. “Queremos evaluar dando valor a todo lo que han hecho los niños desde el 11 de marzo. Queremos valorar su esfuerzo por peinarse y vestirse antes de abrir cada videollamada, la paciencia por gestionar conexiones inestables, la sorpresa de encontrar a los maestros en casa, el esfuerzo para aprender a trabajar con la tablet (con la que hasta ahora solían jugar). Queremos dar valor al espíritu de iniciativa que han demostrado para resolver problemas”.

Pienso en evaluar el espíritu y la iniciativa para resolver problemas de nuestros políticos. También en todos los niños que no tienen tablet que aprender a usar ni conexión wifi para hacerlo. Creo que existe una oportunidad. Que digitalizar a todas las familias en 2021 será otra forma de alimento.

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20 de junio de 2020. Reunión en Zoom con los padres del cole antes de las vacaciones. Carlos, uno de los padres, resume nuestro desaliento. “No somos más que un grupo de padres de primaria en un colegio que tiene sus propias dinámicas, en una Comunidad que dictará las suyas, bajo las directrices de un Gobierno que diseñará el regreso en una situación de pandemia global…” Y aunque sentimos que no hay nadie trabajando por la educación de nuestros hijos, aquella tarde asomamos la cabeza por las ventanillas de Zoom y decidimos, una vez más, esperar. Y quizás confiar.

5 de julio de 2020. Estamos en la playa cuando la mayor me comenta, una vez más, la ropa del primer día de colegio. Short blanco, camiseta negra con dos rayas en las mangas también blancas y unas zapatillas Converse negras (si se las compro). Iba a ser el regalo por su décimo cumpleaños, que celebró confinada. Pero se quedó sin ellas porque el pie iba a crecer sin que pudiera gastarlas. ¿Me las comprarás si hay cole? Volver al colegio es su manera de resucitar. De volver a ser ante los otros, de tener horizonte, de crecer más allá de sus padres. En se momento le digo que sí, que habrá Converse.

21 de julio de 2020. El Gobierno de Madrid publica instrucciones para el regreso a las aulas. Los colegios reclaman recursos humanos y materiales.

22 de julio de 2020. Las ayudas europeas se ligarán a la inversión verde y digital. Pedro Sánchez parece contento por primera vez en meses. Habla de “una inyección de 140.000 millones de euros a la economía española, el equivalente al 11% del PIB”. Pienso en cuánto costará diseñar una aplicación para enriquecer la educación pública con la ineludible pata digital.

6 de agosto de 2020. Mi hija de 7 años baila para mí. Observo cómo su espontaneidad se ha ido borrando en este tiempo. Ya no se mueve con el ritmo libre de la infancia. Copia frases y gestos de los dibujos animados. Y de otros espacios que se han colado por las pantallas. Le propongo que leamos juntas. Y compruebo cuánto ha mejorado. Ha aprendido mucho a pesar de no haber ido al cole. Me digo que no ha perdido el año. Lo que quizás sí ha perdido es parte de su identidad. Justo la que se define con la mirada de los otros.

8 de agosto de 2020. El Gobierno ultima el rescate de Air Europa. El fondo de solvencia tendrá que vigilar que el dinero público no va a parar finalmente a la familia Hidalgo si Iberia compra la aerolínea. El plan es declararla estratégica para que pueda acogerse al Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas, creado por el Gobierno para evitar la quiebra de compañías consideradas vitales para la economía española y dotado con 10.000 millones de euros. Me digo que si hay dinero, habrá educación. Que rescatar la base misma de la democracia será un asunto prioritario.

20 de agosto de 2020. De la noche a la mañana, empiezo a tener varias conversaciones abiertas en WhatsApp sobre la educación de nuestros hijos.

—Tengo pavor al año que viene, pero vamos a autogestionarnos unas familias del cole. Igual alquilamos local y contratamos profe.

—¿Y no irán al colegio normal?

—Creemos que el colegio no va a tener espacio ni recursos ni gente.

—Pero lo habrán estado preparando este tiempo.

—¿Qué te hace pensar así?

Los padres seguimos a la espera. No sabemos si hay regreso, desde luego no parece que haya aplicación, o wifi para todos. O equipamiento para un apoyo digital universal.

25 de agosto de 2020. El presidente Sánchez aparece por televisión. Dice: “Vamos a hacer de los centros educativos centros seguros de covid-19, mucho más seguros que lo que pueda ser un parque infantil al lado de nuestra casa”. Mi hija me pregunta: “¿Dice la verdad?” Yo respondo lo único que puedo: “Ojalá crea, al menos, que la está diciendo”.

28 de agosto de 2020. Entrego mi texto para Ideas. Aún no sé si llevaré a mis hijas al colegio o si las dejaré en casa, al menos al principio. Sabemos que la educación pasará por Internet también en 2021, y que no se ha hecho nada para que la brecha digital deje de serlo. También que los niños seguirán bajándose TikTok, Roblox, YouTube o Snapchat. Aún no me imagino la clase de niños que saldrán de todo ello. Tal vez piensen como robots, bailen como tiktokers y lloren lágrimas pixeladas. ¿Se les cerrará el mundo? ¿Están ante una oportunidad? Cuando antes pensaba en la palabra oportunidad me parecía que el horizonte se expandía. Ahora pienso en un cuarto umbrío. No es miedo: solo es incertidumbre. Debemos ser pacientes y no adelantar temores. Volvemos a esperar.

Nuria Labari es periodista y escritora. Su último libro es ‘La mejor madre del mundo’ (Literatura Random House).

‘Nueva normalidad’ es una serie de textos acerca de experiencias personales durante la pandemia.

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Sobre la firma

Nuria Labari

Es periodista y escritora. Ha trabajado en El Mundo, Marie Clarie y el grupo Mediaset. Sus últimos libros son: Cosas que brillan cuando están rotas (Círculo de Tiza) y La mejor madre del mundo (Literatura Random House). Con su libro Los borrachos de mi vida ganó el Premio de Narrativa de Caja Madrid en 2007. En EL PAÍS firma artículos de opinión.

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