Ensayos de persuasión
Columna
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La vacuna y los ‘animal spirits’

De Europa llegan mensajes para que los países “ceben la bomba” con los Presupuestos

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, con Pablo Echenique, de Unidas Podemos, en el Congreso de los Diputados durante el debate de los Presupuestos Generales para 2021, el pasado 12 de noviembre.
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, con Pablo Echenique, de Unidas Podemos, en el Congreso de los Diputados durante el debate de los Presupuestos Generales para 2021, el pasado 12 de noviembre.EUROPA PRESS/E. Parra. POOL

De Europa llegan advertencias preocupantes sobre el estado de excepción que viven sus ciudadanos a causa de la pandemia, y sobre la hipótesis de que sus efectos duren más de lo previsto. Estos avisos avalan la necesidad urgente de que los Gobiernos nacionales tomen medidas que complementen los esfuerzos que llegan allende sus fronteras, con unas cuentas públicas que vayan en la misma dirección o con planes de estímulo que hagan sobrevivir a los sectores más tocados. Ahora no caben contradicciones ni divisiones.

El responsable de la política fiscal de la Unión Europea, el comisario Paolo Gentiloni, anuncia en una entrevista en el Financial Times que, si la economía continúa al ralentí o deteriorándose más, habrá que mantener las reglas del juego suspendidas más tiempo del que se preveía. Las normas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que limitan el déficit y la deuda pública de los Estados, estaban interrumpidas durante este año y 2021, pero ahora Gentiloni advierte de que los semáforos fiscales pueden seguir apagados un año más, dando barra libre a los Gobiernos para que sigan “cebando la bomba” sin límites. Heterodoxia pura en un organismo, el colegio de comisarios europeos, hasta hace bien poco símbolo de la inflexibilidad fiscal y de la austeridad (recordemos Grecia). Sin duda, las palabras de Gentiloni preparan el terreno para la prórroga.

Por su parte, la vigilante máxima de la política monetaria, Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), aporta al menos dos mensajes complementarios al del comisario de Asuntos Económicos. El primero, que el BCE está dispuesto a mantener, incluso a ampliar, los es­tímulos empleados hasta ahora (liquidez a borbotones, compra masiva de deuda para que no suban las primas de riesgo de los países más comprometidos por la covid-19, como Italia o España, etcétera) durante todo el tiempo que sea necesario, y ello puede ser mucho tiempo (en el reciente sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas, un 85,7% de los españoles encuestados afirman que la pandemia va a durar “mucho más”). El segundo mensaje de Lagarde es coherente con el anterior: los Gobiernos deben seguir apoyando a familias y empresas, y anudar respuestas poderosas para ayudar a los núcleos más afectados (en nuestro caso, comercio, restauración y turismo). Si no es así, las familias serán más precavidas en sus gastos (escaso consumo) y las empresas decidirán que no tiene sentido continuar abiertas (empresas zombis).

Si llegan esos recados de Europa, cómo no va a ser imperioso aprobar unos Presupuestos Generales del Estado (PGE) que las acompañen en el mismo sentido y sustituyan a los de 2018, vigentes hasta ahora y cuyo contenido no tiene nada que ver con la coyuntura agónica que estamos padeciendo, peor que la de la Gran Recesión. Incluso si fuese cierto, como mantiene la oposición montaraz, que estos Presupuestos elaborados por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, son deficientes, son mucho más oportunos que los de Rajoy y Cristóbal Montoro, que se han quedado rancios.

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La principal razón de las críticas que los técnicos han hecho al proyecto de PGE (más allá de las críticas partidistas ideológicas, muy trumpianas) es que sus números son irreales por optimistas. Vamos a ver en este sentido qué efecto produce la anunciada vacuna del coronavirus y el momento en que pasa de ser una expectativa a ser una realidad. Hay que incorporar en los análisis económicos los estados de confianza, los acontecimientos inesperados y las expectativas a los factores meramente numéricos. Lo que Keynes denominó animal spirits; es decir, el hecho de que la economía no está sólo gobernada por actores racionales, sino también por esperanzas, apetencias o caprichos. Jack Welch, el mítico consejero delegado de la multinacional General Electric, declaró una vez que la mayoría de las decisiones importantes de la vida de una persona se toman “directamente con las tripas”. Podría ocurrir, vamos a ser optimistas, que la vacuna de Pfizer y BioNTech mejorase la vida de los ciudadanos y además arreglase las costuras más voluntaristas de los PGE.

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