ensayos de persuasión
Columna
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Deshaciendo el daño causado

Vuelve el “dinero helicóptero”: regalar efectivo para que la gente lo tome y lo gaste

La vicepresidenta de EE UU, Kamala Harris, el presidente Joe Biden y la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, en la Casa Blanca el 29 de enero.
La vicepresidenta de EE UU, Kamala Harris, el presidente Joe Biden y la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, en la Casa Blanca el 29 de enero.Shawn Thew/Bloomberg (Bloomberg)

Viniendo de donde venimos, Joe Biden parece Olof Palme; Kamala Harris, Angela Davis; y George Bush, un estadista. Y sin embargo, las primeras medidas, los anuncios de lo que el primero pretende hacer en los cuatro años de legislatura, y el plan de estímulos que ha empezado a negociar con los republicanos, recuerdan sobre todo a Franklin Delano Roosevelt. En muchas circunstancias, la situación actual se compara con la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado, y las medidas de Biden con el new deal de Roosevelt.

La situación viene determinada por los destrozos causados por las políticas regresivas de Donald Trump, acentuadas en el último año por la covid-19, ante la que su Administración, trufada de negacionismo, no tuvo capacidad de reacción. La economía americana sufrió el año pasado la mayor caída (un 3,5% del PIB) desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Tras 128 meses (más de una década) de crecimiento ininterrumpido, éste se suspendió al inicio de la pandemia, se dobló el porcentaje de paro (10 millones más de ciudadanos desempleados) por el cierre masivo de empresas y se multiplicaron los índices de desigualdad en un país que ya estaba a la cabeza de todas las clasificaciones en esas desigualdades. Los datos negativos superaron a los de la Gran Recesión, que en EE UU comenzó en el año 2007 con el desastre de las hipotecas locas.

Para domesticar la recesión, Biden cuenta con una poderosa aliada, Janet Yellen, su secretaria del Tesoro, la primera mujer que ocupa ese cargo en la historia de EE UU y, sobre todo, la primera mujer que ha ocupado la presidencia de los tres cargos económicos más importantes en una Administración americana: el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, la Reserva Federal (de la que la echó Trump) y, ahora, la Secretaría del Tesoro (equivalente a los ministerios de Hacienda europeos). El plan del equipo de Biden tiene dos velocidades: lo que no puede esperar, porque repercute en las infracondiciones de vida de muchos ciudadanos, y lo que ha de aprobarse en el Capitolio, que lleva el ritmo más lento de lo parlamentario, con sus pactos correspondientes. Lo más urgente se está solventando a través de las órdenes ejecutivas, como por ejemplo aumentar la ayuda alimentaria a millones de pobres, doblar el salario mínimo (de 7,5 dólares la hora a 15 dólares) a los funcionarios de la Administración federal, mayor acceso a la sanidad mientras amplía el Obamacare, incrementar las prestaciones por desempleo, etcétera.

Paralelamente, Biden ha comenzado a negociar un plan de estímulo por valor de 1,9 billones de dólares. En términos genéricos, su composición es la siguiente: alrededor de un billón de dólares en cheques directos a cada uno de los ciudadanos (el llamado “dinero helicóptero” de Milton Friedman, quien se preguntaba qué sucedería en una comunidad aislada, quizá en una isla, si un helicóptero tirase dinero en efectivo para que los ciudadanos lo tomasen y gastasen, activando el consumo), en subsidios de paro más generosos, en bajas remuneradas para los trabajadores con enfermedades y en subvenciones más generosas para cuidar a los hijos; 440.000 millones para apoyar a las pequeñas empresas y a las comunidades especialmente afectadas; y 400.000 millones para combatir directamente la emergencia sanitaria, acelerando la vacunación. Este plan se une a los dos que puso en marcha Trump, el primero en marzo de 2020 por valor de 2,2 billones de dólares (“dinero helicóptero” de 600 dólares por ciudadano), y el segundo en diciembre, de 900.000 millones. Si se aprobase el de Biden en la cuantía descrita, EE UU habría utilizado cinco billones de dólares de dinero público en un solo año (lo que equivale a aproximadamente todos los bienes y servicios producidos por un país como España durante cuatro años seguidos) para salir de la postración. A lo que habría que añadir el esfuerzo monetario de la Reserva Federal con tipos de interés cero y compra de deuda.

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Dos elementos van a determinar sobre todo el éxito de Biden: la campaña de vacunaciones y el plan de estímulos que salga del Capitolio.


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