Trabajar cansa
Columna
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La mejor noticia es la que parece mentira

Lo bueno de estos políticos es que nos hacen olvidar hasta la pandemia. A lo mejor lo hacen por eso, y si es así es un esfuerzo que les debemos agradecer, montar este espectáculo

Diaz Ayuso, el 10 de marzo al convocar elecciones adelantadas en la Comunidad de Madrid.
Diaz Ayuso, el 10 de marzo al convocar elecciones adelantadas en la Comunidad de Madrid.Pool Efe (EL PAÍS)

Estoy ansioso por ver la campaña electoral de Díaz Ayuso porque lo mínimo que me espero es que traiga a los Rolling Stones en plena pandemia y con cerveza gratis. Qué no podrá hacer esta mujer con la motivación adecuada, veremos grandes cosas. La mejor noticia es la que parece mentira, dijo una vez Gonzalo Suárez. Que la lees y dices: no puede ser. Y entonces te la devoras buscando el por qué, una explicación, un rayo de luz. De ahí el éxito de las noticias falsas, que además de parecerlo, lo son, pero luego ya da igual. Esto es lo que pasa con la convocatoria de elecciones anticipadas en Madrid. Tan anticipadas que más bien parecen una repetición de las anteriores, porque están más cerca de esas que de las próximas. Pero es que al día siguiente fue aún más inverosímil que la moción de censura en Murcia, el desencadenante de todo, al final tampoco va a ser verdad. Son cosas que no sucederán que desencadenan cosas que no tenían que haber sucedido. Irrealidades que generan realidades increíbles. La verdad, ya te cuesta ubicarte hasta en tu comunidad autónoma, y eso que no nos dejan salir de ella hace meses, y empiezo a pensar que todo esto que nos pasa desde hace un año es un experimento a gran escala para poner a prueba nuestra paciencia. Aunque lo bueno de estos políticos es que nos hacen olvidar hasta la pandemia. A lo mejor lo hacen por eso, y si es así es un esfuerzo que les debemos agradecer, montar este espectáculo, hacer el ridículo para nosotros de esta manera, para distraernos de las cosas importantes.

“Los seres humanos son chimpancés que cuando se emborrachan de poder pierden el control”, dijo en una conferencia a unos estudiantes el escritor Kurt Vonnegut, que sobrevivió al bombardeo de Dresde en un agujero. Aquí estamos nosotros sobreviviendo al terremoto político de una era y la moción de censura del siglo, cuando ya teníamos bastante con la pandemia de nuestra vida y el temporal Filomena. Pero qué estrés. No sé ustedes, pero ya lo vivo como una película de James Bond o de superhéroes donde son todo sobresaltos y el malo siempre vuelve a aparecer cuando lo dabas por acabado, se escapa con una micronave en el último momento. Surge una nueva cepa polinesia o te montan unas elecciones a media mañana. Lo peor de las elecciones es que te obligan a pensar y pagamos a los políticos para que nos eviten esa molestia. Que en algunos casos es más bien un auténtico dolor de cabeza. Por ejemplo, ¿a quién puede votar un señor o una señora de derechas normal en Madrid? Es que les dejan sin referentes, se echan todos al monte. Cualquier día Rocío Monasterio denuncia a Díaz Ayuso por competencia desleal. Socialismo o libertad, susto o muerte, cortado o con leche, un roto o un descosido, todo vale. En cuanto a Ciudadanos, si organizaran una inmolación colectiva acabarían antes, y de forma más memorable.

No sé si han oído hablar de un millonario chino que ha comprado todos los billetes para el primer viaje privado a la Luna en 2023, año de elecciones, y regalará los ocho que le sobran entre quienes se presenten. Debo confesar que he apuntado al sorteo a algunas personalidades de nuestro país sin decírselo, aunque ya hay tantos que se lo merecen que habría que seleccionar. Yo creo que esto sí que lo podríamos someter tranquilamente a referéndum: más que a quién elegir, decidiríamos a quién descartar, unas elecciones al revés para un mundo al revés. Hay viaje de vuelta, nada es perfecto, pero piensen el momentazo de la despedida, verles salir a todos juntos de la estratosfera durante un rato.

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Sobre la firma

Íñigo Domínguez

Es periodista en EL PAÍS desde 2015. Antes fue corresponsal en Roma para El Correo y Vocento durante casi 15 años. Es autor de Crónicas de la Mafia; su segunda parte, Paletos Salvajes; y otros dos libros de viajes y reportajes.

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