Trabajar cansa
Columna
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¿Qué es un rey para ti?

Cuenta Vilallonga que la gente de derechas no le perdonó a don Juan que tras la guerra dijera que su deseo era ser el rey de todos los españoles, porque pensaron: qué escándalo, este quiere ser el rey de los rojos

El rey Felipe VI recibe la Medalla de Honor de Andalucía, este 14 de junio en Sevilla.
El rey Felipe VI recibe la Medalla de Honor de Andalucía, este 14 de junio en Sevilla.Francisco Gómez (Casa Real) (Junta de Andalucía)

La Eurocopa no es lo mismo y no sé por qué, debe de ser la pandemia, que tiene efectos misteriosos sobre nosotros, no investigados por la ciencia. Y normal, si no saben ni cómo empezó no van a estudiar por qué ya no te emocionas igual con la Eurocopa. Este año no ha habido la expectación infantil de un verano de fútbol. Quizá nuestra capacidad de ilusionarnos está tocada. Nada es lo que era, hasta el equipo de Holanda resulta que ahora es Países Bajos, y a lo mejor les llamarán el cítrico mecánico.

Es muy sorprendente cómo reacciona uno cuando ve la muerte de cerca. El periodista César González Ruano se desplomó un día en la calle en Sitges y le llevaron a casa medio en coma. Dos amigos fueron a verle por la noche, a ver cómo estaba, y su mujer se asomó a la ventana en bata y bigudíes: “Mucho mejor a Dios gracias. Ya se ha masturbado”. Esto lo cuenta uno de esos dos amigos, José Luis de Vilallonga, en sus memorias, un libro fascinante de un buen escritor muy desconocido, de lo conocido que era por su vida social. Es un libro interesantísimo sobre la historia de España en el siglo XX vista desde el lado de los ricos. Tomando gin-tonics con don Juan, el padre de Juan Carlos I, en su exilio en Estoril, el monarca sin trono le hablaba con melancolía de su primo, el infante de Orleans: “Nunca olvidaré el día que dijo que nunca había sido más feliz que en un garaje de Detroit, lavando coches en un garaje de la casa Ford, sin que nadie tuviera ni la menor idea de quién era”. Cuenta Vilallonga que la gente de derechas no le perdonó a don Juan que tras la Guerra Civil dijera que su deseo era ser el rey de todos los españoles, porque pensaron: qué escándalo, este quiere ser el rey de los rojos. Para Vilallonga, que combatió en la guerra con 16 años en el bando fascista, luego fue antifranquista exiliado y era monárquico hasta la médula, los monárquicos españoles de la dictadura eran lo peor dentro de un panorama desolador (“Fui uno de los vencedores de la guerra y toda mi vida ha quedado marcada por la vileza y la maldad de los vencedores”). Todas estas tonterías que se dicen últimamente van por ahí: algunos se siguen creyendo que el rey es suyo.

En los colegios se organiza cada año —acaban de darse los premios— un concurso de redacción y manualidades con el tema “¿Qué es un rey para ti?”. Menos mal que no nos lo preguntan a los adultos, porque ni idea. Son esas cosas que mejor no intentar explicar con palabras, como el fuera de juego, se pierde el encanto. Los niños se las arreglan con banalidades que les meten en la cabeza, es embarazoso verlos en el telediario. De pequeño me tocó y ya te lo tenías que inventar todo. Si se lo preguntaran al rey mismo no sé si sabría responder más allá de los lugares comunes, porque siempre debe moverse en lo impersonal, tiene un oficio inhumano. Pero sin duda lo peor es los que hablan sin tener ni idea, como Isabel Díaz Ayuso. Nunca hablábamos del rey y ahora cada dos por tres, y siempre para mal. Monárquicos y antimonárquicos serán unos cuantos, a la mayoría creo que nos da un poco igual, solo de pensar el lío que sería cambiar eso. En España solo ocurrirá algo cuando haya republicanos de derechas, que cualquier día alguien explota el filón, pero temo que no será una cosa de derecha civilizada europea, qué nostalgia, sino en plan populista: aquí uno es traidor a la mínima y es muy aplicable la teoría del chiringuito inútil. Yo creo que funcionaría, basta azuzarlo y en esta derecha española nihilista que tenemos hay mucho talento para eso.

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Sobre la firma

Iñigo Domínguez

Es periodista en EL PAÍS desde 2015. Antes fue corresponsal en Roma para El Correo y Vocento durante casi 15 años. Es autor de Crónicas de la Mafia; su segunda parte, Paletos Salvajes; y otros dos libros de viajes y reportajes.

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