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Columna
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Es verano, no hay hecho alternativo

Pero como dice la sabiduría popular en ese cartel de los bares: “Hoy hace un día maravilloso, verás como viene alguno y lo jode”

Hoguera la noche de San Juan en Lajares, en La Oliva (Fuerteventura).
Hoguera la noche de San Juan en Lajares, en La Oliva (Fuerteventura).Carlos de Saá (EFE)

El mismo día salieron los presos independentistas de la cárcel, se arregló la clasificación de España en la Eurocopa y se abría un horizonte de esperanza. La vida volvía a empezar, era el solsticio de verano, la noche de San Juan; en las playas se celebraban rituales de purificación con las hogueras y el mar, agua y fuego, todo a la vez, que lava más blanco las culpas, los delitos y los malos espíritus. Luego despiertas como nuevo, y son esos días mágicos en que quitas la manta o el edredón porque ya hace calor y duermes solo con una sábana o cubierto por la suavidad de la noche. Pero como dice la sabiduría popular en ese cartel de los bares: “Hoy hace un día maravilloso, verás como viene alguno y lo jode”. Nuestro destino ya está conspirando para que nos vaya mal, no lo duden. La sensación de destino desde luego es poderosa en la Eurocopa, vivimos un regreso a las esencias; cuando sufrías contra equipos malos, los comentaristas de la tele desbordaban optimismo, y cuantas más ilusiones se hacían, más sabías que no ganarías en la vida. En cuanto a los políticos, qué decir, es que viven de eso; si no, qué hacen, volverán todos a la carga. Ya no es cuestión de ideas o qué se les ocurre para mejorar la vida de todos. En Cataluña, en España, es: queremos mandar yo y los nuestros porque solo así nos sentiremos mucho mejor. Lo que sea la libertad o la liberación, personal o nacional, es una moda de cada época. El destape, las películas guarras, eran progresistas. Matarse a pajas siempre fue de pringados, pero ahora el Satisfyer es una cumbre de la liberación femenina, y eso que un sistema es gratis y con el otro te dejas una pasta en pilas o se dispara la factura de la luz.

La gente ya no tiene opiniones distintas sobre un mismo hecho, ya tiene hechos distintos a gusto de cada cual sobre los que opinar lo que le conviene. Pero lo mejor es que ahora es verano, en eso estamos todos de acuerdo, no creo que salga nadie con el hecho alternativo de que es invierno, todo llegará, así que vamos a aprovechar. Entramos en esos días tontos en que hay un acuerdo no escrito, una inercia sobrenatural, una poderosa tradición pagana infiltrada en la maquinaria del Estado y de las fuerzas productivas que susurra en nuestros oídos que no te vuelvas loco, no corras, que total ya todo se va a quedar para septiembre. Si es que cuando queremos relajarnos, podemos. Una de las mejores cosas de los indultos es que una vez resueltos ya no oiremos hablar de ellos. Cioran, filósofo, dijo que cuando alguien está muy seguro de algo se le pone cara de asesino. Pero hasta él sobrevaloraba a las personas, a muchos ya se les pone aunque no tengan mucha idea de nada. Todo el mundo enfadado, todo el año, desde la pandemia, qué agotamiento. Nos merecemos un descanso.

Malraux contaba en sus antimemorias que le preguntó a un cura qué había aprendido de los hombres después de tantos años confesándoles, y le dijo: “Ante todo, la gente es más desdichada de lo que pensamos. Y además… —Levantó sus brazos de leñador en la noche estrellada—. Y además, lo que pasa es que, en el fondo, no hay gente madura…”. Ya, eso lo notamos todos. Esa conversación era en 1940; si ese sacerdote se asomara a este mundo tan poco serio e infantil, tan opulento y tan desgraciado, donde el último gran avance de la especie ha sido especializarnos en posar, se daría a la bebida. En una película de Woody Allen se le aparecía un amigo muerto, él le contaba sus problemas y que no era feliz, y su amigo le responde: “Estar vivo es ser feliz, te lo digo yo, que mira cómo estoy”. Feliz verano.

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Sobre la firma

Iñigo Domínguez

Es periodista en EL PAÍS desde 2015. Antes fue corresponsal en Roma para El Correo y Vocento durante casi 15 años. Es autor de Crónicas de la Mafia; su segunda parte, Paletos Salvajes; y otros dos libros de viajes y reportajes.

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