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José Luis Rebordinos, el botones que leía en la sala de cine

Es el director que más años ha estado al frente del Festival de San Sebastián, que mañana inaugura su 70ª edición

José Luis Rebordinos.
José Luis Rebordinos.Luis Grañena

Algunos le recuerdan disfrazado de pollo o de labriego japonés en el escenario de un cine de San Sebastián. Han pasado algunos años, pero José Luis Rebordinos solo ha cambiado de aspecto exterior. De las camisetas negras y la ropa oscura, con un punto desaliñado, ha pasado a los trajes de americana y pantalón y camisas blancas inmaculadas. Se ha vuelto un presumido, pero en todo lo demás sigue siendo ese chico de barrio de Errenteria que descubrió la felicidad en el cine cuando su abuela les llevaba los domingos a él y a sus hermanos a ver las películas de Fu Manchú. Con 60 años, José Luis Rebordinos, Rebor para sus amigos y conocidos, es el director que más años ­—once— ha estado al frente del Festival de Cine de San Sebastián, del que este próximo viernes se inaugura su 70ª edición. “Trata a todo el mundo igual. Tiene un respeto profundo, muy democrático, por todos y cada uno de los que trabajan con él o que conoce por motivos profesionales”, dice Joxean Fernández, miembro del comité de dirección y selección de Zinemaldia. Da igual que enfrente tenga a la estrella más rutilante del planeta, al becario nuevo en la oficina o al espectador que le saluda en un restaurante. “Le importan mucho las personas, es muy generoso. Es un tipo muy vehemente y apasionado, que consigue que la gente le secunde, le acompañe y le quiera, a veces imponiendo ritmos desenfrenados y locos”, asegura Lucía Olaciregi, su colaboradora más cercana desde hace años, su mano derecha en el certamen y la persona que Rebordinos puso como única condición para aceptar la dirección de Zinemaldia en 2011.

De familia emigrante al País Vasco (el padre de Calatayud y la madre de Soria), con 17 años entró a trabajar de botones en la Caja Municipal de Ahorros de San Sebastián, donde llegó a ser oficial primero. Así se pagó los estudios como licenciado en Ciencias de la Educación y tres años de Psicología. Profesiones que nunca ejerció. Junto a un grupo de amigos, lideraba un cineclub en Errenteria, de nombre King Kong, cuando se presentó y ganó un concurso para llevar el departamento de cine en el entonces Patronato de Teatro y Festivales de la ciudad de San Sebastián (hoy Donostia Kultura). La caja de ahorros quedó entonces en el olvido y comenzó su etapa como agitador de la cultura en San Sebastián, con la creación de la revista Nosferatu, la dirección del Festival de Cine y Derechos Humanos y la Semana del Cine Fantástico y de Terror, y desde hace 27 años vinculado al Zinemaldia, primero como miembro del comité de dirección y selección.

Hombre hablador y optimista hasta lo imposible, “a veces en exceso”, apunta Olaciregi, Rebordinos pasa por encima de las malas noticias y las presiones, que en un festival como el de San Sebastián llueven a menudo, con una facilidad absoluta. Contagia a su equipo su enorme capacidad de trabajo, y eso, dicen, genera una gran confianza. “Además, crea un ambiente muy bueno, en el que desempeña una baza especial su sentido del humor, aunque sea malísimo contando chistes”, dice Joxean Fernández. Profesional muy abierto en sus gustos cinéfilos, en las 12 ediciones que lleva como responsable de Zinemaldia ha generado unas dinámicas muy positivas y se ha ganado el respeto de la industria cinematográfica, con una especial atención al cine que viene de Latinoamérica. Ha abierto el certamen a la cocina, a la ciencia, a la Orquesta de Euskadi y a muchas instituciones hasta ahora alejadas del mismo.

Luchador antifranquista, como director del festival le tocaron los últimos coletazos de la violencia de ETA, organización a la que siempre se ha referido como “banda fascista y asesina”, aunque también ha mostrado su indignación ante el terrorismo de Estado y las “torturas sistemáticas durante años” en nuestro país. La memoria histórica estará presente en esta próxima edición con la programación de cuatro títulos en torno a este asunto. “No es revancha, sino dilucidar lo que ha pasado en nuestro país desde la dictadura del asesino de Franco y los asesinos de ETA. Nunca hay que temer analizar la historia”, dice a EL PAÍS.

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Jamás pensó que estaría más de 10 años al frente de Zinemaldia. Se ve como un hombre feliz, aunque quizás añore algo aquellos tiempos gamberros del cineclub, con más libertad, menos presión y mucha menos fatiga. Él se considera una persona con suerte, viniendo de un entorno humilde como era el de su familia, y por ello una de las razones que le llevó a aceptar la dirección del festival fue la responsabilidad de devolver a la sociedad, desde un puesto de servicio público, algo de lo que él ha recibido. “Dudé mucho por motivos personales, pero acabé aceptando por un tema de responsabilidad social”, confiesa.

Aunque hasta hace poco creía que los 60 eran la edad ideal para dejarlo todo, ahora se da de plazo entre tres y cinco años más para jubilarse. Será el momento de retomar el viejo proyecto en el que lleva embarcado mucho tiempo como es el de escribir un diccionario sobre el sadomasoquismo en el cine, desde Buñuel hasta el porno más salvaje. Y también el de coger un libro e ir a una sala de cine a esperar a que se apaguen las luces. “Desde la soledad de la adolescencia, los libros y el cine han sido los grandes compañeros de viaje de mi vida”.

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