Malos tiempos para los pensadores chinos

El control social y el nacionalismo de Xi Jinping suponen un nuevo reto para los intelectuales en China, cuya valía y diversidad de opiniones Occidente desconoce

Manifestantes con pancartas de Liu Xiabo, premio Nobel de la Paz en 2010, en una protesta celebrada en Hong Kong el pasado 13 de julio de 2018.
Manifestantes con pancartas de Liu Xiabo, premio Nobel de la Paz en 2010, en una protesta celebrada en Hong Kong el pasado 13 de julio de 2018.Anthony Kwan (Getty Images)

Existe la creencia en Europa y en Estados Unidos de que, desde la fundación de la China comunista en 1949, la producción intelectual en ese país siempre ha estado sometida —­en menor o mayor grado, según los periodos, pero inexorablemente— al Partido Comunista. La percepción es que el omnipresente control del partido-Estado (autoritario o totalitario, según las opiniones) erosiona sobremanera la independencia intelectual y atrofia la generación de ideas. En ese contexto, solo existen, a ojos de Occidente, dos tipos de pensador chino: los que son meros altavoces de la propaganda y los que se lanzan a la quijotesca tarea de criticar al régimen.

La parafernalia y las aparentes purgas públicas del 20º Congreso del partido, que acaba de aprobar que Xi Jinping goce de plenos poderes de forma vitalicia, si así lo decide, inducen a pensar que los intelectuales chinos son parte de ese pensamiento monolítico. Pero es una visión sesgada: hay muchos matices —muchas Chinas— dentro de China, y sociólogos, economistas, historiadores y escritores sí debaten, y con amplio margen de independencia, sobre los retos sociales, económicos y políticos que el país enfrentará durante las próximas décadas. La discusión, erudita y diversa, trasciende el área académica, pues los intelectuales ocupan en China un lugar que, con algunos matices, se asemeja al reconocimiento público del que disfrutan filósofos y artistas en Francia.

“Hay algunas cosas de las que no pueden hablar, pero una vez respetados esos límites, pueden abordar muchos temas”, explica por teléfono David Ownby, historiador de China en la Universidad de Montreal y coautor del libro Voces del siglo chino. Debate intelectual en la China contemporánea (Columbia University Press, 2019). Ownby lamenta que, en parte por las dificultades inherentes de dominar una lengua tan compleja como el mandarín y en parte por “la prevalente lógica de la Guerra Fría”, a su juicio, todavía estructura la visión que Occidente tiene de China, el conocimiento en Europa y Estados Unidos de la producción intelectual china es superficial y maniqueo. Nada que ver con lo que sucede en los círculos académicos chinos, dice Ownby, donde se conocen las ideas que circulan en Occidente.

Para colmar ese vacío, Ownby creó Reading the China Dream, un blog donde publica traducciones al inglés y español de textos firmados por los llamados intelectuales públicos (pensadores leales al proyecto político del partido, pero no por ello loros de la propaganda). Algunos de los temas tratados de forma crítica son, por ejemplo, el control social por medio del uso de la inteligencia artificial y del reconocimiento facial, el creciente discurso bélico de la diplomacia china, sobre todo en lo referente a Taiwán, y la explotación de los inmigrantes campesinos para seguir sosteniendo un sistema económico que ha beneficiado sobre todo a la China urbana. La decadencia de las democracias liberales y la necesidad de que, en consecuencia, China desarrolle su propio modelo político-económico son otros asuntos que ocupan a la “vibrante”, dice Ownby, clase intelectual.

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Pese a la relativa libertad de creación, la censura —o más bien la autocensura— es el dilema original con el que deben lidiar los pensadores chinos. Tras el proceso de apertura y reforma, iniciado en 1976 y, a pesar de numerosas idas y venidas, siempre mantenido, muchos temas tabúes —­como el nefasto legado del maoísmo o el control de las minorías étnicas— fueron progresivamente incorporados al debate académico. Pero ese proceso aperturista se ha truncado ahora con Xi Jinping. “Antes había mucho pesimismo [sobre la libertad intelectual], pero se avanzaba. Ahora, con Xi, estamos en algo diferente, y una oleada sin precedentes de intelectuales está abandonando China”, explica desde París Sebastian Veg, director de estudios de La Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales y autor de Minjian. El auge de los intelectuales de base en China (Columbia University Press, 2019), un libro sobre los pensadores que estudian, sobre el terreno, la realidad de grupos vulnerables.

Durante los mandatos de líderes anteriores, los temas intocables estaban bien definidos: Tíbet, la independencia de Taiwán, la masacre de la plaza de Tiananmén y la hegemonía política del partido. Con Xi, apodado irónicamente El Presidente de Todo por el sinólogo australiano Geremie Barmé, hay que medir muy bien lo que se dice, pues las líneas rojas han proliferado y ahora abarcan incluso la estrategia covid cero, cada vez más cuestionada. Cruzarlas implica grandes riesgos, como demuestra el caso del profesor de Derecho y escritor Xu Zhangrun. En 2019 fue expulsado de la prestigiosa Universidad Tsinghua de Pekín por sus críticas al partido, cuya “obstinada persecución de poder e insaciable apetito por la autoaprobación”, escribió Xu, “han creado un sistema que, en su esencia, es paranoico y frágil”. En julio de 2020, tras publicar textos criticando a Xi Jinping y su administración de la pandemia, fue arrestado y luego puesto en libertad, aunque ha sido desposeído de sus derechos de viajar o publicar. Vive bajo control permanente de la policía y, en sus propias palabras, como un paria.

Peor suerte corrió el crítico literario y pensador Liu Xiaobo, premio Nobel de la Paz en 2010. Falleció en 2017 tras tortuosos y recurrentes periodos de cárcel que se remontan a la revuelta de Tiananmén, de la que fue un líder estudiantil. Tras ganar el Nobel, la represión también se cebó con su pareja, la artista y poeta Liu Xia. El régimen le impuso —de forma discrecional e ilegal, pues nunca fue siquiera imputada— ocho años de arresto domiciliario. En 2018 logró exiliarse a Alemania.

Represaliar a la familia del intelectual rebelde es “tradicional” en China, recuerda por teléfono Taciana Fisac, directora del Centro de Estudios de Asia Oriental de la Universidad Autónoma de Madrid. Con todo, esa práctica tuvo su auge durante el maoísmo, especialmente durante el movimiento de Las Cien Flores (1957) y la Revolución Cultural (1966-1976), periodos de supeditación absoluta al partido que convirtieron la producción intelectual china en un erial. Intelectuales acusados de burgueses fueron entonces purgados y enviados a campos de trabajos forzados, o destinados a tareas miserables como limpiar letrinas de baños públicos, mientras sus familias también padecían humillaciones. Fisac, compiladora del libro Los intelectuales y el poder en China (Trotta, 1997), señala que testimonios de aquella época evocan “suicidios masivos de intelectuales” como consecuencia de la represión, aunque no conocemos cifras al respecto.

Uno de los que fueron purgados fue el padre del artista Ai Weiwei, a su vez exiliado en Alemania desde 2015 y azote del trato que el partido dispensa a los pensadores. “Las mentes chinas nunca han sido realmente libres”, ha escrito Weiwei en The New York Times tras el 20º Congreso del Partido Comunista, que concluyó la semana pasada. La obra de escritores como Yan Lianke (Los cuatro libros, Galaxia Gutenberg, 2016; La muerte del sol, Automàtica, 2020) o Mo Yan (El clan del sorgo rojo, Kailas, 2016; Una carretera en obras, Kailas, 2019), galardonado con el Nobel en 2012 por su dominio del llamado realismo alucinógeno, del que se sirve para criticar, con grandes dosis de ironía y sátira, la realidad social, cuestiona la visión de que el control político anestesia a los intelectuales, incluso si desarrollan sus carreras en China. “Ahora no les publicarán allí, pero pasarán este periodo del modo más tranquilo posible, como hicieron en épocas anteriores, tomarán nota y escribirán en el futuro sobre lo que el país está viviendo”, opina Fisac.

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Heriberto Araújo

Heriberto Araújo (Barcelona, 1983) es periodista. Autor de tres libros sobre China, el último, 'La imparable conquista china' (Crítica), en 2023 publicará 'Masters of the Lost Land' (Dueños de la tierra perdida), sobre la violencia y la deforestación en el Amazonas. Edita una newsletter semanal sobre cambio climático, 'Grado y Medio'.

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