Andrea Wulf, historiadora: “Viajar en tren debería ser mucho más barato y, en avión, mucho más caro”

La ensayista alemana, conocida por su multipremiado ‘best seller’ sobre el naturalista Alexander von Humboldt, escribe ahora sobre el Círculo de Jena, un grupo de visionarios románticos que a finales del siglo XVIII se preguntaron hasta qué punto somos libres. Sostiene que la lucha contra la crisis climática está siendo un desastre

Andrea Wulf en Berlín este 26 de octubre.
Andrea Wulf en Berlín este 26 de octubre.Patricia Sevilla Ciordia

Andrea Wulf (Nueva De­lhi, India, 1972) le da a cada tema que toca el peso que merece. La historiadora alemana afincada en Londres desmenuza a los personajes hasta que prácticamente les da vida. Hace unos años, durante el proceso de elaboración de su multipremiada biografía sobre el explorador Alexander von Humboldt —La invención de la naturaleza (2016)—, investigando desde la pequeña ciudad alemana de Jena (comparable en población a Jaén), en sus paseos empezó a encontrarse con decenas de carteles conmemorando que en tal o cual edificio vivió un filósofo, un artista, un poeta. Ahora publica Magníficos rebeldes. Los primeros románticos y la invención del yo (Taurus), donde detalla el pensamiento y la vida de un grupo de jóvenes visionarios de finales del siglo XVIII: los filósofos Fichte, Schelling y Hegel, los poetas Goethe o Schiller, o la “fantástica” intelectual rupturista Caroline Michaelis Böhmer Schlegel Schelling (se casó tres veces, tradujo a Shakespeare, fue la guía de varios intelectuales, tuvo un hijo tras un escarceo de una noche...). Wulf, profesora del Royal College of Art londinense, atiende en el restaurante del hotel de Berlín en el que se aloja en una mañana fría pero luminosa y radiantemente otoñal. Cuenta que el Círculo de Jena dio un vuelco al pensamiento europeo y a la comprensión del ‘yo’ y de nuestra libertad.

PREGUNTA. La ciudad de Jena no ocupa el lugar que merece en el pensamiento.

RESPUESTA. A sus intelectuales en Alemania se los conoce como exponentes del romántico temprano. Se ha escrito sobre ellos, pero sin ubicarlos en grupo. No se había contado qué pensaban, sobre qué hablaban, cómo se divertían, cómo amaban. Tras el pensamiento hay seres humanos.

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P. Usted afirma que son el grupo de intelectuales más importante. ¿Sobre qué asuntos profundizaron que sigan vivos hoy en día?

R. Un experto en literatura diría que lanzaron el romanticismo internacionalmente. Eso es relevante, pero hay mucho más: pusieron el énfasis en el “yo” como el centro de su pensamiento, así como en la unión entre el ‘yo’ y la naturaleza. Uno de los filósofos de Jena, Friedrich Schelling, afirmó que todo está interconectado y somos parte de un organismo vivo, la naturaleza. Por eso, dijo, al pasear por un bosque o una montaña hacemos también un autodescubrimiento. Creo que dio una respuesta convincente a algo que todos entendemos: la naturaleza puede curar. Le habla a algo dentro de nosotros que no es la mente ni la razón, le habla a nuestra alma. Es algo emocional, irracional, inexplicable y nos recuerda que somos parte de esta descomunal red que es la vida. Y esto, hoy, está muy relacionado con el clima.

P. El telón de fondo del Círculo de Jena es la Europa absolutista.

R. Es un mundo en el que los monarcas pueden decidir sobre tantos aspectos de las vidas de sus súbditos… Pueden venderlos como mercenarios, decidir sobre su matrimonio. Es la época del despotismo y el control. Cuando Johann Gottlieb Fichte afirma que el ‘yo’ crea su propia existencia, es una idea muy radical. Hasta ese momento se creía que el mundo era dirigido por una mano divina, se decía: ‘”Puede que entendamos cómo funciona el mundo, pero nunca podremos cambiarlo”. Cuando Fichte señala que la única certidumbre que tenemos es que el mundo se experimenta a través del ‘yo’, es muy empoderador. Hoy en día seguimos ocupando el centro de todo. Pero oscilamos entre el libre albedrío y el narcisismo.

P. Parece predominar este último.

R. Sí, todos giramos alrededor de nosotros mismos. El Círculo de Jena liberó al yo con la intención de crear una sociedad mejor. Fichte afirmó que la libertad viene acompañada de obligaciones morales que nos elevan por encima de nuestros instintos. Y esa es la parte que parece haberse olvidado.

“Nuestra libertad peligra, pero estamos demasiado centrados en nosotros mismos para verlo”

P. ¿Qué preguntas se hicieron respecto del yo? ¿Cómo empezó todo?

R. ¿Quién soy yo como individuo? Y ¿qué papel juego en la sociedad? Preguntas que aún subyacen. Durante la pandemia millones de nosotros seguimos las normas, lo hacíamos por el bien colectivo. Por otro lado estaban quienes sostenían que su libertad personal estaba por encima de las restricciones. Vivimos en una sociedad en la que podemos tener opiniones y determinar nuestras vidas, pero no nos percatamos de que nuestra libertad está debilitada. La interferencia de Rusia en varios procesos democráticos, las fake news, la decisión del Tribunal Supremo de EE UU de prohibir a las mujeres tomar decisiones sobre su propio cuerpo… Pasa hasta en las democracias occidentales. Nuestra libertad peligra, pero estamos demasiado centrados en nosotros mismos para verlo.

P. Antes mencionaba la fusión del yo y la naturaleza. Se publican constantemente ensayos sobre este tema.

R. En Occidente, desde la revolución científica, hemos separado a la humanidad de la naturaleza. La hemos considerado como objeto de observación, como si estuviera a nuestro servicio. Incluso la Biblia nos dice que Dios creó el mundo para nosotros. Si un científico nos habla de emociones, lo ridiculizaremos y lo acusaremos de no ser objetivo. Humboldt situó la imaginación en el centro del pensamiento. No le dio la espalda al razonamiento o a la ciencia, era científico, pero añadió la imaginación a la ecuación. Y eso, ahora mismo, no lo veo por ningún lado. En los debates sobre el cambio climático, los políticos se niegan a hablar en estos términos. Miremos ahora cómo tratan el asunto los artistas. En 2018 el escultor danés Olafur Eliasson llevó varios bloques de icebergs obtenidos en Groenlandia a las puertas de la Tate Modern de Londres. El público vio cómo se iban derritiendo. Esa propuesta llega mucho más que proyecciones o cifras. No protegeremos lo que no amemos. Necesitamos que todo el mundo se implique. Esto debería estar en la cima de la agenda política

P. ¿Hay algún político u organización que usted crea que está haciendo una buena labor?

R. Los activistas del clima al menos muestran una compasión por la próxima generación que nadie más parece compartir. Y esa es la compasión definitiva: la que mostramos hacia personas con las que no tenemos una vinculación personal ni conoceremos jamás. Ellos sí parecen haber encontrado el equilibrio, ellos sí se dan cuenta de que el sur es relevante, reconocen una obligación moral, buscan un bien mayor. Todos vamos a tener que cambiar nuestras vidas de manera masiva para que el problema del clima mejore.

P. Hay pensadores que afirman que la manera de afrontar la realidad climática es desde la esperanza, que no desde el optimismo.

R. Sí, el problema es que no veo la forma de conseguirlo. Daremos pasos en la dirección adecuada cuando estemos realmente acojonados. Por eso me gusta la historia, porque aporta consuelo. Podemos ir atrás en el tiempo, a veces ayuda. Y ofrece también una ventana al presente. La historia es más que una pila de ideas polvorientas y ya superadas; puede iluminar el presente.

P. ¿Qué opinión tiene de la situación política del Reino Unido, donde vive desde hace dos décadas?

R. Es un desastre. Los dos últimos primeros ministros no han sido votados, su mandato es incompleto. Y me aterra lo poco que se hace para frenar el cambio climático. Se está planteando permitir de nuevo el fracking [la técnica de extracción de hidrocarburos a partir de la fracturación hidráulica en la roca madre]. Viajar en tren debería ser mucho más barato y en avión mucho más caro. Deberíamos comer menos carne, se debería reducir el extendidísimo uso de plásticos. Es un auténtico desastre. Para que veamos cambios debemos regular desde arriba hacia abajo.

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Sobre la firma

Carmen Pérez-Lanzac

Redactora. Coordina las entrevistas y las prepublicaciones del suplemento 'Ideas', EL PAÍS. Antes ha cubierto temas sociales y entrevistado a personalidades de la cultura. Es licenciada en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo de El País. German Marshall Fellow.

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