La punta de la lengua
Columna
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Anglicismos eufemísticos

La comunicación en español de un programa contra el suicidio ha elegido como eje el verbo ‘survive’

Una manifestación pide un aumento en los recursos de prevención de los suicidios, en Madrid, el 11 de septiembre de 2021.
Una manifestación pide un aumento en los recursos de prevención de los suicidios, en Madrid, el 11 de septiembre de 2021.Aldara Zarraoa (Getty Images)

Algunos anglicismos están funcionando en la práctica como eufemismos: edulcoran la percepción que provocarían sus vocablos equivalentes en castellano.

Ese valor atenuante se aprecia por ejemplo en la reciente llegada de escort (literalmente, acompañante), o en el ya tradicional night club, o en esos rótulos de carretera que dicen Show girls, low cost, términos todos ellos que no traducimos aquí a su sentido real porque esta columna se publica en horario infantil.

En las narraciones deportivas se dice muy a menudo que determinado delantero es un killer (porque no perdona en el área y gracias a eso marca muchos goles). O sea, un asesino. Pero si se dijera que ese delantero es un asesino, el futbolista se sentiría incómodo con el supuesto elogio. Sin embargo, killer carece de significado para el altísimo porcentaje de españoles que no saben inglés (sólo un 35,5% dice hablarlo, según datos del INE en 2011; el siguiente paso sería creernos lo que responden los encuestados). Incluso para quienes traducen enseguida esa palabra, no deja de funcionar como término sustitutorio que elude la fuerza, la historia y la crueldad de “asesino”.

Además, killer no desarrolla derivados como “asesinar”, “asesinato” o “asesinado”, pues su progresión en el sistema se termina ahí para el hablante español medio. No tiene familiares en nuestra lengua.

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Ahora ha surgido en la sanidad pública española la iniciativa Proyecto Survive, dentro de ese gusto general por esconder la hispana convicción de inferioridad mediante un término del que se espera que por sí solo encumbre lo que nombra; y que a la vez oculta el vocablo que habría comunicado a las claras el problema. Tanto tiempo se ha estado hablando de que no hay que silenciar los suicidios y resulta que aquí nos andamos con paños calientes al denominar el proyecto.

“Survive” significa “sobrevivir”, y se supone que el nombre del programa alude a quienes superan la tentación de quitarse la vida y que busca reducir los intentos, especialmente entre adolescentes.

Participan en este noble empeño sanitario, emprendido en 2019 y que concluirá en 2024, ocho hospitales públicos, financiados en la iniciativa por el Instituto de Salud Carlos III, con un presupuesto de 800.000 euros. Su objetivo consiste en seguir durante 12 meses a 2.000 españoles que hayan intentado quitarse la vida, a fin de buscar soluciones mediante la observación de sus patrones de conducta. Para ello se solicita la colaboración de quienes se hallen en esa situación de riesgo superado pero no desaparecido.

Sin embargo, el nombre Survive tal vez no logre nunca transmitir a un hispanohablante medio el impacto del verbo “sobrevivir”, no conseguirá comunicar el mensaje de que se trata de salvar vidas frente a un peligro cierto aunque invisible. “Survive” suena a videojuego, a experimento, a un asunto técnico. Se pretendiera o no, con ese anglicismo se le quita importancia al loable propósito; se aleja a millones de hablantes de una identificación emocional con la palabra; se presenta como ajeno y frío un proyecto que pretende ser cercano y cálido.

Sobrevivir a la idea del suicidio, superar la tentación, recuperar el enganche con la vida. He ahí el desafío. Y tenemos palabras en español, por ejemplo esas, que lo nombrarían con la eficacia comunicativa que merece.

Teléfono de atención al suicidio: 024. Teléfono de la Esperanza: 717 003 717. Fundación Anar: 900 20 20 10.

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Sobre la firma

Álex Grijelmo

Doctor en Periodismo, y PADE (dirección de empresas) por el IESE. Estuvo vinculado a los equipos directivos de EL PAÍS y Prisa desde 1983 hasta 2022, excepto cuando presidió Efe (2004-2012), etapa en la que creó la Fundéu. Ha publicado una docena de libros sobre lenguaje y comunicación. En 2019 recibió el premio Castilla y León de Humanidades

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