MIEDO A LA LIBERTAD
Columna
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OHL, haciendo patria

Las empresas españolas sufrirán un enorme deterioro si se las relaciona con la corrupción en América Latina

El mexicano Gonzalo N. Santos, eterno cacique de San Luis Potosí, aseguraba que la moral era un árbol que daba moras. Sin embargo, la moral es la diferencia entre lo bueno y lo malo. Que una empresa española como la constructora OHL esté envuelta en un escándalo de corrupción perjudica al conjunto de los intereses españoles.

El Estado de México es el más importante de la República Mexicana. El presidente Peña Nieto fue gobernador del Edomex y, desde allí, construyó la plataforma que lo llevó hasta Los Pinos. La filial mexicana de OHL ha hecho grandes obras en ese Estado y en otros, por ejemplo, el proyecto Ciudad Mayakoba, en la Riviera Maya, uno de los desarrollos turísticos más brillantes y sostenibles del país.

Las empresas españolas deben considerar que, una vez agotado el bono democrático de la razón y el respeto, sufrirán un enorme deterioro si se las relaciona con casos de corrupción. No son las primeras ni serán las únicas, pero sí las que más tienen que perder porque España es el segundo socio comercial de México, después de Estados Unidos. Además, los bancos españoles llenan sus cuentas por el solo hecho de dar una tarjeta de crédito. Por poner un ejemplo, BBVA obtuvo en 2014 más de 1.700 millones de euros por sus operaciones en suelo mexicano. Por eso, si OHL participó o no en actos moralmente reprobables no es un caso aislado. Es un acto colectivo que afecta a la percepción general.

Porque México, con sus 3.200 kilómetros de frontera con Estados Unidos —pese al narcotráfico—, es un país que da estabilidad. Se sabe que los estadounidenses dedican grandes cantidades de dinero a investigar por qué sus intereses resultan perjudicados cuando una empresa española o india les quita un contrato, ya que cualquier acto de corrupción que los afecte en todo el mundo puede ser juzgado en sus tribunales por la Securities and Exchange Commission (SEC).

Las empresas españolas sufrirán un enorme deterioro si se las relaciona con casos de corrupción

Pero es que, además, si en el continente americano —sobre todo, en México— la sospecha de la corrupción golpea constantemente a las autoridades, hay que entender que, con independencia de las responsabilidades directas de OHL en este caso, ahora bajo investigación, se abre paso la posibilidad de que paguen justos por pecadores y también la implantación de un código moral que impida pagar las vacaciones a altos funcionarios o aumentar los peajes de las autovías o inflar los sobrecostes de las obras.

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Hay delitos de corrupción que la gente no comprende porque su dimensión es macroeconómica. Hay otros que todos entienden. Todo aquel que haya pagado un peaje para transitar por un paso elevado y sienta que le han robado, no solo dirigirá su furia contra sus gobernantes, sino contra sus socios en el robo, en este caso OHL.

La marca España empezó por el éxito de la Transición, pero no es posible mantenerla si las empresas españolas no hacen dos cosas: primero, ser conscientes de que pagarán más que el resto por cualquier caso irregular o de corrupción y segundo, entender que una de las pocas razones que hay para explicar por qué “se siguen llevando la riqueza nacional” —como se dice en México y en América Latina— es por el compromiso para invertir en desarrollo y educación en los países latinoamericanos.

Hay que reeducar a los ejecutivos españoles: no sólo pierden un contrato o un caso judicial, sino el derecho a seguir siendo multinacionales en países que ya no pueden soportar más grados de corrupción y degradación y encima sufrir “la ayuda”, de las “potencias colonizadoras”. Además, hay que tener en cuenta que todo esto sucede en medio de la macroofensiva de Peña Nieto contra la corrupción. En México, actualmente existe una sensibilidad extrema contra todos aquellos que parezcan, suenen o se relacionen con casos de corrupción, empezando por el propio Gobierno.

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