El Supremo suspende al presidente del Parlamento brasileño, impulsor del juicio político a Rousseff

Eduardo Cunha, investigado en el caso Petrobras, pierde su cargo de diputado

El presidente de la Cámara de Diputados de Brasil, Eduardo Cunha.

La decisión del magistrado del Supremo ha caído como una bomba en Brasil, un país en tensión por la inminente salida del poder de Rousseff, prevista para el próximo miércoles. Todos ya se preparaban para ver a Cunha, tercero en la línea de sucesión, en la vicepresidencia. Tres de cada cuatro brasileños, según una reciente encuesta del instituto Datafolha, del diario Folha de S. Paulo, apoyan la destitución del diputado, cercado por sospechas de enriquecerse gracias a sobornos.

“Más vale tarde que nunca”, declaró Rousseff al conocer la suspensión, que fue confirmada por la tarde en el pleno del Supremo. A Cunha lo había salvado hasta ahora su don para crear alianzas y su conocimiento interno del Parlamento. Se convirtió en la figura más poderosa del Congreso y, en los últimos años se encargó de hacerle la vida imposible al Gobierno, bloqueando leyes y colocando a aliados en puestos estratégicos.

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En febrero de 2015, cuando ascendió a la presidencia del Parlamento, consiguió atizar el mazazo definitivo a Rousseff: dio luz verde al proceso de destitución (impeachment) presidencial. La acusación, que puede acabar políticamente con Rousseff la próxima semana, se basa en maniobras fiscales y presupuestarias. El Gobierno insiste en que se trata de un “golpe de Estado” encubierto porque la ley deja lugar a la interpretación, y las llamadas pedaladas fiscales son maniobras comunes llevadas a cabo por otros presidentes. Los simpatizantes de Rousseff recuerdan que, en este Parlamento liderado por Cunha, más del 50% de los diputados tiene causas pendientes con la justicia.

Dinero de Petrobras

Mientras tanto, el político conseguía ralentizar las investigaciones en su contra hasta el infinito. La Comisión de Ética de la Cámara lo acusa de mentir sobre sus cuentas secretas en Suiza, pero el proceso, entorpecido a base de maniobras dilatorias interpuestas por Cunha o sus aliados, se ha convertido en la Comisión de Ética más larga de la historia de Brasil. De tanto estirarla, Cunha estuvo a punto de lograr derribar a su archienemiga y de convertirse en el segundo hombre más poderoso de Brasil.

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Las polémicas lo persiguen. En marzo, la Fiscalía de Brasil lo denunció a él, a su mujer Cláudia Cruz y a una hija por costearse lujos con dinero desviado de Petrobras. Entre los gastos están un viaje familiar de nueve días a Miami que costó 170.000 reales (48.000 dólares), a pesar de que Cruz, expresentadora de televisión, figuraba oficialmente como “ama de casa” y Cunha, que antes de político fue oficinista, corredor de seguros, economista, agente de bolsa y empresario, ganaba 17.800 reales al mes (5.000 dólares) como diputado.

La Fiscalía también sospecha que Cruz usó las cuentas secretas en Suiza para, entre otras cosas, pagar clases de tenis en una prestigiosa escuela de Florida, y que su hija pagó estudios de posgrado en España y Reino Unido.

Cristiano evangélico, Cunha posee decenas de dominios de Internet relacionados con el nombre Jesús y suele llevar su fe por bandera. El día de la votación del impeachment de Rousseff en el Parlamento, por ejemplo, anunció solemne: “Que Dios tenga misericordia de esta nación. Voto sí”. El año pasado intentó recuperar para votación una idea que presentó en 2011 (cuando era solo un diputado), la creación del "Día del Orgullo Heterosexual" para evitar la "discriminación" por la "ideología gay". También ha intentado endurecer la ley del aborto, que ya es muy restrictiva en Brasil.

Las investigaciones del caso Petrobras revelaron, entre otras cosas, que su empresa Jesus.com tenía entre sus bienes un coche de lujo, un Porsche Cayenne de 400.000 reales (más de 100.000 dólares).

La decisión del juez Teori Zavascki de apartar a Cunha responde a una solicitud de hace cuatro meses del fiscal general de la República, Rodrigo Janot, que alega que Cunha usa su cargo para protegerse de acusaciones de corrupción. El magistrado del Supremo afirma que Cunha “representa un riesgo para las investigaciones del Supremo” porque es capaz de "intimidar a testigos". Subraya que el liderazgo de una de las casas legislativas más importantes de Brasil “exige escrúpulos” y “no es un título vacío que autoriza expectativas de poder ilimitadas, irresponsables o sin sentido”.

El sustituto de Cunha será el actual vicepresidente de la Cámara, el diputado Waldir Maranhão. También es aliado de Cunha y también está siendo investigado en el caso Petrobras.

Sobre la firma

Redactora y editora del suplemento Ideas de EL PAÍS. Dirigió el equipo de redes sociales del diario y trabajó en las delegaciones de Brasil y México, coordinando EL PAÍS Brasil. Antes, pasó por La Voz de Galicia y comunicación corporativa. Es licenciada en Periodismo por la Universidade de Santiago de Compostela y Máster de Periodismo de EL PAÍS

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