Destituido el ministro del Interior de Túnez tras la muerte de al menos 66 migrantes

Unas horas antes, también fueron relevados diez altos cargos de seguridad por el naufragio

Familiares de un migrante tunecino muerto cargan con su ataúd en la morgue del hospital de Sfax.
Familiares de un migrante tunecino muerto cargan con su ataúd en la morgue del hospital de Sfax.Zoubeir Souissi (REUTERS)

Al primer ministro tunecino, Yusef Chahed, no le ha temblado el pulso después del naufragio de una barca de migrantes la noche del pasado sábado en el que podrían haber muerto más de un centenar de personas. A través de un comunicado hecho público el miércoles al mediodía, Chahed anunció que había destituido al ministro del Interior, Lotfi Brahem. Horas antes, también habían sido relevados de sus funciones diez altos cargos de seguridad, la mayoría desplegados en la provincia de Sfax, donde tuvo lugar el accidente. Las autoridades pudieron rescatar 68 migrantes, mientras que han hallado otros 66 cadáveres. Según los testimonios de los supervivientes, a bordo de la embarcación zarparon más de 180 personas, por lo que la cifra de desaparecidos podría superar el medio centenar.

Si bien el comunicado del Gobierno no ofrece ninguna explicación al despido del ministro del Interior, la vinculación con el naufragio es evidente. El suceso ha conmocionado a la sociedad tunecina y, durante los últimos días, los medios de comunicación han exigido al Gobierno que asuma sus responsabilidades ante un fenómeno que no es nuevo. “Chahed ha cesado al ministro del Interior por no haber evitado [la salida de] la barca y la emigración ilegal en general”, confirmó a la agencia Reuters un alto cargo del Gobierno que prefirió guardar el anonimato. El ministro de Justicia, Gazi Jribi, asumirá las funciones de Brahem de manera provisional.

La mayoría de los migrantes que zarparon en dirección a las costas europeas era de nacionalidad tunecina, y pertenecían a regiones marginalizadas con una alta tasa de paro. Ahora bien, también había decenas de personas originarias de otros países africanos, un hecho poco habitual hasta ahora, que podría ser consecuencia del mayor control policial en las costas libias. Aunque los equipos de salvamento no han dado por finalizadas las labores de rescate, a medida que pasan las horas las posibilidades de encontrar algún superviviente se tornan más remotas. De momento, este ya es el sufragio más mortífero en todo el mar Mediterráneo desde el mes de febrero, y el peor en Túnez desde hace años.

En diversos artículos y programas de radio y televisión se ha especulado sobre una posible connivencia de algunos miembros de las fuerzas de seguridad con las redes que organizan los viajes clandestinos. En una visita hace unos meses a la ciudad de Sfax, de donde salen la mayoría de embarcaciones, una fuente judicial confirmó a EL PAÍS que varios policías corruptos estaban siendo investigados por este delito. Desde el pasado verano, se ha disparado la emigración clandestina hacia eldorado europeo desde las playas tunecinas, y en lo que va de año, unos 2.000 tunecinos han llegado a Italia, según las estimaciones de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Un factor que ha contribuido a este fenómeno es la crisis que vive la industria pesquera en Sfax, segunda ciudad del país, a causa de las restricciones a la pesca establecidas por las autoridades y a la colonización de un cangrejo venido de América Latina que destruye las redes de los pescadores.

La tragedia migratoria ha llegado en plena crisis política en el país magrebí, motivada por las desavenencias entre los diversos partidos que apoyan al Ejecutivo respecto a una hipotética remodelación profunda del Gabinete. Mientras diversas fuerzas, entre ellas Nidá Tunis, vencedora de las últimas elecciones legislativas, apuestan por la sustitución incluso del primer ministro, otros partidos, con los islamistas moderados de Ennahda al frente, prefieren tan solo el relevo del algunos ministros. Curiosamente, Yusef Chahed, es miembro de Nidá Tunis, pero está enfrentado a su secretario general, Hafez Caïd Essebsi, el hijo del presidente. Un auténtico culebrón. Probablemente, la necesidad de Chahed de tomar la iniciativa para consolidar su posición explica la decisión de destituir al ministro del Interior.

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