La UE se atasca en el relevo de cargos, cambio climático y reforma del euro

La cumbre europea deja en el aire el relevo de Juncker al frente de la Comisión Europea y rebaja sustancialmente el alcance de sus iniciativas económicas y energéticas

Desde la izquierda, los presidentes de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker; de Rumania, Klaus Iohannis, y del Consejo Europeo, Donald Tusk.
Desde la izquierda, los presidentes de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker; de Rumania, Klaus Iohannis, y del Consejo Europeo, Donald Tusk.Efe (Olivier hoslet)

La creciente fragmentación del Parlamento y del Consejo Europeo, el atrincheramiento de los socios comunitarios en ejes geográficos y los titubeos ante el proceso de integración política se han visualizado este jueves y viernes en una cumbre europea que ha acabado en un triple fiasco con potenciales ramificaciones a largo plazo.

Los 28 países de la UE no han logrado poner en marcha el proceso de renovación de altos cargos comunitarios. Tampoco alcanzaron la unanimidad sobre la reducción de emisiones del 100% en 2050. Y la siempre pendiente reforma y profundización de la zona euro se quedó empantanada y aplazada, por enésima vez, hasta el final del siguiente semestre.

Y mientras la UE se enfrascaba durante horas en sus problemas internos, EE UU e Irán se quedaban a 10 minutos de un choque armado (con el bombardeo de posiciones iraníes cancelado in extremis por el presidente Donald Trump) sin que el club comunitario dedicase ni un minuto a la explosiva situación internacional.

"A veces es mejor no intervenir", justificó la pasividad comunitaria el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. "Los mayores problemas en nuestra historia siempre fueron provocados por políticos demasiado activos, no demasiado pasivos", remató el polaco.

Si el diagnóstico de Tusk es acertado, la cumbre de esta semana no generará mayores problemas porque apenas se ha movido nada. Todos los expedientes sobre la mesa quedaron atascados o aplazados.

El traspié más visible de la cumbre fue el de los nombramientos necesarios para el inicio de la nueva legislatura comunitaria. Casi un mes después de las elecciones al Parlamento Europeo y tras incesantes contactos y negociaciones para repartir los altos cargos, los líderes europeos concluyeron el jueves que deben empezar de cero a buscar un nuevo presidente de la Comisión Europea.

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"Tenemos que volver a empezar", reconoció al término de la cumbre el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, que ha sido el líder de los socialistas europeos en el proceso negociador. "Los primeros ministros más experimentados me dicen que esto acaba de empezar", añadió el presidente.

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Los socialistas, que aspiraban a hacerse con la presidencia de la Comisión por primera vez en 15 años, admiten ya que la pieza puede caer de nuevo del lado de los populares. "Nos habría encantado que fuera [el socialista] Frans Timmermans, pero si finalmente no es el caso, pues es evidente que sí puede haber un presidente del PPE", admitió Sánchez. 

Los sucesivos asaltos han permitido, al menos, iniciar la criba de candidatos. La refriega del jueves en la cumbre dejó casi fuera de combate a dos de los principales contendientes, el conservador alemán, Manfred Weber, y el socialista holandés, Frans Timmermans. Además, la cita hundió aún más las posibilidades de la liberal danesa Margrethe Vestager, ya relegada en anteriores encuentros.

"Ninguno de los tres candidatos principales [Weber, Timmermans y Vestager] tienen una mayoría suficiente en el Consejo y no creo que pueda cambiar eso en estos momentos", señaló la canciller alemana, Angela Merkel.

Fuentes diplomáticas restaron importancia al bloqueo y aseguraron que "hay consenso para alcanzar un acuerdo", a ser posible, en una cumbre extraordinaria el próximo 30 de junio. Las mismas fuentes señalan que el tiempo consumido en las últimas semanas era inevitable "porque ha costado mucho que todos asumieran que sus respectivos candidatos estaban finiquitados".

Merkel se mostró convencida de que todavía es posible alcanzar un acuerdo sobre todos los nombramientos (presidencias de la Comisión, BCE, Consejo Europeo, Alto Representante de Política Exterior de la UE), antes del 2 de julio, fecha en que el Parlamento Europeo elegirá a su propio presidente, el quinto cargo en juego.

La cuenta atrás para los relevos ha empezado a correr y el viernes, los líderes europeos despidieron con aplausos al presidente del BCE, Mario Draghi, que probablemente ya no vuelva a asistir al Consejo Europeo antes de dejar el cargo el 1 de noviembre. Su sucesión puede ser tan polémica como la de Jean-Claude Juncker, cuyo mandato expira el mismo día.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ya aprovechó el viernes para ensalzar la figura de Draghi y zaherir a Jens Weidmann, el presidente del Bundesbank (banco central alemán) que apunta como posible sucesor. "Me alegra ver que quienes se han opuesto a las decisiones de Draghi, incluso jurídicamente (...) se vuelvan conversos, tarde pero con vigor", ironizó Macron sobre las recientes declaraciones de Weidmann apoyando las medidas más expansivas adoptadas bajo el mandato del italiano. La cumbre europea dejó en el aire la duda sobre si tanto el relevo de Draghi como el de Juncker llegarán a tiempo.

Presidencia rumana

El penoso resultado de la cumbre contrasta con el exitoso balance final de la presidencia de Rumania, que durante sus seis meses al frente del club ha sorprendido a Bruselas con una inesperada habilidad negociadora que ha permitido cerrar más de un centenar de proyectos legislativos pendientes.

La diferencia, más allá de las virtudes de la presidencia rumana, parece estribar en la eficiencia del engranaje comunitario cuando participan las tres instituciones (Comisión, Consejo y Parlamento) y la inoperancia de unas cumbres en las que cada Gobierno llega con una agenda propia y, a menudo, cortoplacista.

El choque de intereses nacionales sin el arbitraje comunitario de por medio obligó el jueves a rebajar las conclusiones sobre cambio climático. El objetivo de alcanzar la neutralidad climática en 2050 se cayó del texto ante la resistencia de Polonia, que exigía garantías sobre la financiación que el próximo marco presupuestario de la UE (para 2021-2027) reservará a los países con mayores dificultades para afrontar la transición energética.

El veto de Polonia arrastró la oposición de otros tres países de Europa central y del Este (Hungría, República Checa y Estonia), síntoma de la recurrente aparición de los ejes geográficos en una UE. La rebaja de las conclusiones se compensó con el apoyo de 24 países, incluidos todos los grandes, al objetivo de 2050.

Aun así, los líderes comunitarios hicieron una lectura positiva de su apuesta climática. "En marzo parecía imposible tener un respaldo tan amplio", recordó la canciller alemana, Angela Merkel. Hace tres meses, solo cuatro países (Francia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo) secundaban la ambiciosa neutralidad en emisiones. La propia Alemania dudaba. Ahora la inmensa mayoría de los socios lo apoyan y no se descarta que Polonia varíe su posición a medida que se concreten las posibles ayudas comunitarias para la descarbonización.

El presupuesto del euro encalla

Lluís Pellicer

Los jefes de Estado y de Gobierno fueron incapaces de ir más allá del acuerdo que sus ministros de Finanzas adoptaron en la última reunión del Eurogrupo sobre la reforma del euro. El pacto contemplaba nuevos instrumentos para seguir con la arquitectura de la Unión Bancaria y fijaba varias directrices para crear un presupuesto del euro. Tras una reunión que varias delegaciones coinciden a calificar como "muy dura", los titulares de Finanzas decidieron trazar los grandes rasgos de ese instrumento, pero dejaron para los líderes los aspectos más controvertidos, como su financiación o su gobernanza. El enfrentamiento, según fuentes diplomáticas, volvió a repetirse este viernes, por lo que los jefes de Estado y de gobierno decidieron "tomar nota" de los acuerdos alcanzados y aparcar el debate hasta el próximo diciembre.

Los mandatarios del euro encallaron en las múltiples aristas del euro, hasta tal punto que España, que en el último Eurogrupo dio la batalla por dar a ese instrumento un carácter anticíclico, ayer se concentró en tratar de salvar a toda costa el acuerdo. Los países se han atascado ahora, sin embargo, en cómo se financia y quién controla ese presupuesto. Alemania y Francia quieren un mecanismo nutrido por fondos comunitarios y nacionales que esté comandado por los socios del euro, puesto que creen que solo así en un futuro puede ir creciendo.

Sin embargo, los países del norte, entre ellos Países Bajos, quieren que esté solo dentro del marco del Presupuesto General de la UE. España está de acuerdo con las contribuciones nacionales, pero ha visto en ese mecanismo la única fórmula para que ese instrumento tenga un carácter anticrisis a corto plazo. Por ello, apoya que los países realicen aportaciones siempre que en periodos de crisis puedan dejar de hacerlas. El presidente del Gobierno español en funciones, Pedro Sánchez, insistió en dar al presupuesto una función “de estabilización”. El abismo que aún existe en el seno de la UE, sin embargo, llevó a los líderes demandaron “al Eurogrupo y a la Comisión” que “sigan trabajando”.

Lo mismo hicieron respecto a la revisión del tratado sobre el fondo de rescate (MEDE), el cortafuegos para afrontar quiebras bancarias o los fondos para prestar a países en apuros puntuales. A pesar de que los ministros creían haber atado ese asunto, Italia ayer se negó a avanzar si en paralelo no se creaba un fondo de garantía de depósitos. Ese mecanismo sigue generando recelos en Berlín, si bien fuentes diplomáticas aseguraron que la canciller Angela Merkel afirmó que lo estudiaría en detalle para discutir si pueden darse más pasos. Ante el desacuerdo, la solución fue la misma: pedir al Eurogrupo que “siga trabajando” de cara al mes de diciembre.

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