Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Una respuesta solidaria en Europa

La ayuda no debería tener condiciones que supongan volver a la austeridad

Unos trabajadores descargan de un avión material sanitario chino, el sábado en Budapest.
Unos trabajadores descargan de un avión material sanitario chino, el sábado en Budapest.GERGELY BOTAR (EL PAÍS)

Este virus no respeta fronteras, no distingue entre color de piel ni nacionalidades. Todos compartimos el dolor de los habitantes de Bérgamo, de Madrid, de Estrasburgo y de muchas otras ciudades de Italia, España y Francia. La heroica lucha de las enfermeras y enfermeros, médicas y médicos por salvar a los enfermos nos conmueve profundamente. La pandemia de la Covid-19 sitúa a todos los Estados europeos ante el mayor reto sanitario, social y económico desde la fundación de la Unión Europea. Una de las verdades respecto a esta terrible pandemia es el hecho de que Europa al principio no estaba preparada adecuadamente en todos los aspectos y que inicialmente no para todos los problemas encontró una solución convincente a nivel europeo. Lo importante ahora es que en el espíritu de la solidaridad ofrezcamos una respuesta europea integral. Cada uno de nuestros países saldrá fortalecido de esta crisis solamente si Europa emerge de ella fortalecida y unida.

La protección de las ciudadanas y los ciudadanos es la mayor prioridad para todos nosotros en la Unión Europea. Prestar ayuda es para nosotros algo natural. Por ello aprovechamos las capacidades disponibles con las que cuenta Alemania para tratar aquí a pacientes muy graves que precisan cuidados intensivos provenientes de hospitales italianos y franceses o bien para que médicos alemanes brinden su apoyo en España. Hemos enviado material sanitario y respiradores a Italia. Asimismo, evacuamos a bordo de aviones alemanes a miles de turistas europeos de países en los que la atención sanitaria a menudo es bastante peor que en Europa.

Con el fin de ralentizar la propagación del virus, casi todos los países de la Unión Europea han impuesto fuertes restricciones a sus ciudadanas y ciudadanos. En muchos lugares la vida pública se ha paralizado casi por completo para evitar el contagio. Estas medidas son adecuadas. Sin embargo, implican un fuerte impacto para nuestras economías. A raíz del cierre de almacenes, de la cancelación de eventos y del cese temporal de la producción en algunas fábricas, millones de europeas y europeos temen por su empleo, por su empresa y su existencia. Los Estados miembros tienen distintos márgenes financieros para afrontar esta crisis económica provocada por causas de fuerza mayor.

Prácticamente todos los Estados miembros de la Unión Europea ya han establecido programas de ayuda para proteger a los empleados y a las empresas. En todos los países se pusieron a disposición enormes cantidades en el plazo más breve posible con el fin de proporcionar a las empresas y a los negocios créditos puente urgentes y para apoyar a las ciudadanas y ciudadanos sin muchos trámites burocráticos. No obstante, esto no es suficiente. Los padres y madres fundadores de Europa sabían que la solidaridad no es una calle de un solo sentido, sino que es un seguro de vida para nuestro continente. En esta crisis histórica debemos actuar con este espíritu. Necesitamos dar una señal inequívoca de la solidaridad europea en esta pandemia por coronavirus. Alemania está dispuesta a ello. Ahora, la tarea conjunta de Europa será flanquear los programas existentes, cubrir lagunas y extender una red de seguridad para todos los países de la Unión Europea que requieren más ayuda. En Bruselas ya se han flexibilizado sustancialmente los criterios del Pacto de Estabilidad y las normas sobre ayudas. Con el anuncio de un nuevo programa de compra de bonos públicos y corporativos, el Banco Central Europeo (BCE) logró generar estabilidad en el mercado financiero. Asimismo, los Estados miembros afectados reciben otras ayudas por miles de millones de euros a partir de fondos presupuestarios especiales de la Unión Europea.

Ahora es necesario dar un paso más: los países más afectados por la crisis del coronavirus tienen que ser estabilizados financieramente de manera rápida, ágil y en la medida de lo necesario. Por consiguiente, proponemos que procuremos lograr obtener rápidamente y de forma conjunta la suficiente liquidez en todos los países de la Unión Europea para evitar que el mantenimiento de los puestos de trabajo dependa de los caprichos de especuladores. En este sentido, los fondos financieros no deberán estar supeditados a requisitos innecesarios, que supondrían una recaída en la política de austeridad similar a la que se aplicó después de la crisis financiera implicando que algunos Estados miembros reciban un trato desigual.

Actualmente, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) ya ofrece la posibilidad de que los países de la eurozona obtengan capital conjuntamente y con las mismas condiciones favorables. Para España esto significaría 28.000 millones de euros de nuevos fondos. Estos recursos deberían poder ser utilizados para todas las medidas necesarias destinadas a combatir el coronavirus. No necesitamos ninguna troika ni controladores ni ninguna comisión que elabore programas de reforma para un país determinado, sino ayuda ágil y bien enfocada. Eso es justamente lo que puede ofrecer el Mede si lo seguimos desarrollando con sensatez.

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Asimismo, proponemos un fondo de garantía paneuropeo que pueda asegurar créditos y con el que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) pueda proporcionar liquidez a las pequeñas y medianas empresas en los respectivos países. Con ello se podrían asegurar financiamientos puente, periodos de crédito más prolongados y nuevos créditos a través de bancos comerciales nacionales o de instituciones de fomento. Además, mediante el proyecto SURE (Support Mitigating Unemployment Risks in Emergency), presentado ahora por la Comisión Europea, es posible brindar apoyo financiero a Estados miembros de la Unión Europea que ayudan a las empresas de forma similar a lo previsto en la normativa alemana sobre desempleo parcial, con el objeto de que conserven a sus empleados a pesar de una crisis coyuntural.

Finalmente, una vez superada la crisis habrá que reconducir la economía europea a la senda de la recuperación y el crecimiento. En este contexto, los Estados miembros de la UE habremos de actuar con solidaridad europea y aunando fuerzas para fortalecer a la Unión Europea. Todos nosotros, también Alemania, tendremos en cuenta esto durante las negociaciones del marco financiero plurianual, es decir, el presupuesto de la Unión Europea para los próximos siete años.

Todo lo anterior sin duda supone un enorme esfuerzo financiero para todos nosotros. Sin embargo, estamos seguros de que juntos podremos superar esta crisis histórica. Y más aún: si Europa ahora da los pasos idóneos, la UE, nuestra comunidad de destino, saldrá fortalecida de esta crisis. Unámonos en pro de Europa, en contra del virus.


Heiko Maas es ministro de Exteriores del Gobierno alemán y Olaf Scholz es vicecanciller y titular de Finanzas.

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